Basílica de San Juan de Dios

Basílica de la Inmaculada y San Juan de Dios

Es toda ella un completo ejemplar de estilo barroco churrigueresco. Erigida, cual merecido monumento, en honor del humilde San Juan de Dios, cuyos sagrados huesos son guardados, como preciada herencia de la ciudad de Granada que siempre supo venerar agradecida la memoria de su insigne bienhechor y Copatrón.

Fue construida por iniciativa de Fray Alonso de Jesús y Ortega, que fue superior general de la Orden Hospitalaria por espacio de treinta y tres años consecutivos, con residencia en esta ciudad en el Hospital de San Juan de Dios, anexo a la Basílica y cuna de la Orden y su propiedad hasta la Desamortización de Mendizábal. Dirigió la obra el Maestro José de Bada.

Comenzaron las obras del templo en el año 1734, para terminar sin interrupción en el 1757, celebrándose la dedicación del templo el día 27 de octubre, prolongándose las fiestas durante ocho días, con toda solemnidad, en la que tomaron parte activa todas las Ordenes Religiosas de la ciudad y el Cabildo, presidido por su Prelado .

Elevada a la categoría de Basílica por Benedicto XV, mediante la Bula: Extrat. Granatae en 1916 - 20 de diciembre.


Fachada

Ofrece la fachada un conjunto armónico en sus dos cuerpos de orden corintio y compuesto con un bello contraste de mármoles de Sierra Elvira y jaspes verdes de Sierra Nevada sobre los que destaca el blanco de Macael de las imágenes de los arcángeles S. Rafael y S. Gabriel, columnas estriadas de una pieza de mármol de Sierra Elvira, realizadas por D. José Ramiro Ponce de León, autor asimismo de la paternal estatua de San Juan de Dios que preside el segundo cuerpo; en el que se pueden admirar a derecha e izquierda los altorrelieves en mármol blanco de San Ildefonso y Santa Bárbara, obra de Agustín de Vera Moreno. Tiene como coronamiento otro altorrelieve que representa al Padre Celestial acariciando al mundo en bendición paternal, labrado por Miguel de Pereda.


Torres

Aunque no son muy altas, son lo suficiente airosas y esbeltas para mejor enmarcar la fachada.

En su primera parte es la fábrica de piedra de Alfacar y en la segunda piedra de Santa Paula, en la que existen dos grandes balcones sobre sendos repisones en volada repisa, coronado por mármoles de Sierra Elvira y jaspes de Cabra, en orden compuesto.

El cuerpo principal de cada una de las torres es un artístico cuerpo de arquitectura que consta de zócalo, pedestal, pilastra, arquitrabe, friso y cornisa y el campanario con cuatro frentes y otros tantos huecos para campanas, en el que se conjugan armónicamente volutas, arbotantes, destacándose en cada uno de los ocho ángulos un ángel que descansa sobre una nube. Están cubiertas de pizarras, obra de un Maestro traído de la Corte. La altura de las torres es de cuarenta y siete varas y cuatro dedos.


Atrio o Cancel

Todo él bellamente tallado en pino, nogal, caoba y cedro. Adornado de pedestal, bajas, pilastras y capiteles que sostienen el arquitrabe y friso coronados por la cornisa que recibe el techo en el que campea el escudo de la Orden en bajorrelieve de cedro y caoba. Es de notar entrando a la izquierda un entrepaño con un mural al óleo que representa al anacoreta S. Antonio.


Interior del Templo

Es el templo de solamente una nave en forma de cruz latina sobre la que se levanta una grandiosa linterna o cópula.

Los zócalos son una magnífica combinación de mármoles prevaleciendo el pardo de Sierra Elvira labrado con bajorrelieves y adornado con incrustaciones de mármoles blanco de Macael, negro de Sierra Nevada y jaspes de Lanjarón y Cabra.

En la nave hay que admirar, a la derecha, la capilla dedicada a San José, talla de Diego Sánchez Sarabia. Su bóveda está pintada al temple por Tomás Ferrer. Los lados del fondo están adornados con dos lienzos de Conrado Guiaquinto (académico romano de la Real de S. Lucas y Director General de la Real de S. Fernando de la Corte de Madrid) y representan a Santa Teresa y San Benito.

La capilla de Ntra. Sra. de Belén. Su bóveda está pintada por el mismo Sr. Ferrer y los lienzos de los lados del fondo: San Agustín y San Romualdo Abad, son del pincel de Guiaquinto.

El púlpito es todo él un verdadero encaje en el que resaltan los dorados de su talla con gran cantidad de espejos incrustados. Es obra, como los siete retablos, de Francisco José Guerrero.

A la izquierda: es la primera capilla dedicada a S. Miguel Arcángel que bien pudiera atribuirse a los Hnos. Mora. Su bóveda está decorada al temple por el ya citado Sr. Ferrer. Y en los lados del fondo hay dos lienzos de S. Pedro y S. Felipe Neri del también citado Guiaquinto.

Capilla del Cristo de las Penas, talla muy bien conseguida y devota de autor anónimo de mediados del XVIII. Debajo del Crucificado y guarnecido con cristales venera una Dolorosa, obra de Diego Sánchez de Sarabia. Al igual que las anteriores capillas, su bóveda es obra del Sr. Ferrer y los lienzos de S, Pablo y S. Antonio del Sr. Guiaquinto.


Crucero

Destacan sobremanera, los dos retablos de los altares dedicados a S. Rafael y S. Juan de Dios, protector de la Orden Hospitalaria, el primero, y fundador de la misma, el segundo, cuyas imágenes se deben a la gubia de Bernardo de Mora.

Ambos retablos son gemelos en su forma de dos cuerpos, terminados en una gran corona imperial terminada en la cruz.

En el de la derecha, ocupa el lugar principal la imagen de S. Rafael, por bajo de la cual está la graciosa imagen de la Virgen Niña, obra de Bernardo de Mora. Y el cuerpo superior, está presidido por un lienzo de Sánchez Sarabia que representa a María con el Niño Jesús sobre sus regazos. Completan el adorno sobre esbeltos recibimientos las esculturas de San Jerónimo y San Ambrosio.

En los fondos del muro van dos bien conseguidos lienzos con hermosos bastidores ricamente tallados: uno representa a San Ildefonso recibiendo la casulla de la Señora que se debe al pincel de Sánchez Sarabia y el otro, indica la apoteosis de San Juan de Dios de Cámara, Carlos Maroto es su pintor.

En el de la izquierda, está presidido por la imagen del Niño Jesús de Granada mostrando en su diestra la granada de plata, coronada con la cruz, en torno a la cual se lee: ~Juan de Dios, Granada será tu cruz~. Es talla de Navas Parejo, granadino.

El cuerpo superior muestra un lienzo de la Virgen María con el Niño en la misma forma que el del retablo de San Rafael.

En los extremos sobre bellos adorno y de pie están las imágenes de San Gregorio y San Agustín.

En idéntica simetría con los fondos de enfrente se halla encuadrados en ricos dorados marcos, el lienzo de S. Carlos Borromeo, obra de Sánchez Sarabia y otro que representa la aparición de la Virgen María a S. Juan de Dios en Guadalupe de Carlos Maroto.


Retablo del Altar Mayor

Ocupa todo el testero del presbiterio y dentro del estilo churrigueresco no deja de ser atrevido y de singular inspiración. Arranca de un sólido zócalo de mármol de Sierra Elvira con incrustaciones de otros negros y blancos para terminar en forma de cascarón en la misma bóveda del templo. Podemos advertir en él, dos bien definidos cuerpos. El primero de mayores proporciones, dividido asimismo en tres entre cuatro grandes columnas orden, aunque no bien definido, compuesto. Lugar preferente es el centro en el que queda enmarcado el Camarín-Relicario con sus dos grandes puertas de hechura bastante posterior, teniendo a ambos lados las policromas y bien talladas imágenes de S. Joaquín y Sta. Ana, obra de Sánchez Sarabia.

En el cuerpo superior destácase esbelta y airosa, la escultura de la Inmaculada Concepción sobre peana de nubes y ángeles, realizada por el escultor enumerado o mencionado, así como las estatuas de S. Ildefonso y S. Carlos Borromeo, situadas a su derecha e izquierda.

Por todo el retablo y en armónica combinación con sus filigranadas tallas hay gran profusión de ángeles con la que quizá se intentó argumentar la existencia de tales criaturas del Señor.

Rompe la monotonía y llama poderosamente la atención, el frontal del altar en el que sobre fondo de mármol serpentina de Sierra Nevada campea en el centro los escudos de la Orden Hospitalaria, de la ciudad de Granada y de la Basílica entrelazados. Y en torno suyo, tantos escudos como provincias y vice-provincias tenía la Orden el año 1965 con la imagen del titular de cada una de ellas más el de la Congregación de Hermanas Hospitalarias. Resaltan entre todos la imagen de la Inmaculada y la de San Juan de Dios, con un pobre en brazos así como el escudo de España y Portugal. Todo ello es obra de plata repujada por el cincel del Sr. Simón.

Y sobre el altar, descansa un no menos magnífico sagrario y candelería, también de plata repujada, del orfebre granadino Sr. Moreno; costeado por las tres provincias españolas con motivo del IV Centenario de la muerte de San Juan de Dios.

En los muros del presbiterio se destacan dos magníficos lienzos del pincel del ya mencionado Conrado Guiaquinto de los que no desmerecen los ricos tallados de sus marcos. Son de notar los murales al óleo que reproducen pasajes históricos del antiguo Testamento: la salida de Abraham de su país hacia Canaán en el lado del Evangelio, y la venta de José a los Ismaelitas, en el de la Epístola. Por encima de los lienzos, hay dos salientes tribunas que tienen a sus lados pintados los cuatro Profetas mayores.


Bóvedas

Decoradas todas ellas al óleo por el Sr. Sánchez Sarabia y representan las del presbiterio: la Asunción de la Virgen María; la del altar de S. Juan de Dios: el nacimiento del Santo; la del altar de S. Rafael: un pasaje de la vida de S. Juan de Dios auxiliado por la Stma. Virgen la del cuerpo del templo: el Triunfo de la Virginidad, en el que el coro de vírgenes presidida por su Reina siguen al Cordero.


Cúpula

Elévase majestuosa y atrevida sobre ocho arcos que arrancan de otros tantos machones, entre los cuales y hacia media altura, hay ocho ángeles tallados que sostienen cada uno una lámpara ricamente repujada.

Podemos distinguir el anillo, el cuerpo de luces y la cúpula propiamente dicha.

El anillo que descansa sobre los arcos consta de arquitrabe, friso y cornisa con un diámetro de doce varas y media y luce en sus cuatro medios puntos otros tantos escudos con el emblema de la Orden. Son de notar las pinturas de los cuatro Evangelistas cada uno con su símbolo ejecutados por el Sr. Sánchez Sarabia.

El cuerpo de luces es de orden corintio y en sus 16 nichos ocupan su lugar ocho apóstoles que completan el Colegio con los cuatro situados en las boquillas de los machones y son obra del Sr. Vera Moreno; más cuatro simuladas ventanas y cuatro reales con artísticos cristales que ostentan la Purísima Concepción, imitación de la de Alonso Cano, y los escudos de la Basílica, de la Orden Hospitalaria y de la Provincia de Castilla que las donó. Fueron fabricadas de la misma forma que las once que dan luz a las distintas naves de la Iglesia de la Casa de Maumejean.

La cúpula o media naranja que se asienta sobre el cuerpo de luces descrito está compartida en 16 cinchos que arrancan de los vivos de las pilastras, en cuyos intermedios se destacan otras tantas figuras al óleo de santos fundadores de Úrdenes Religiosas.

Todo ello coronado por la cupulita que remata con una talla en yeso. La altura desde el plano del templo hasta el florón de la cupulita es de 49 varas, es decir, 40,96 metros.

Los muros del templo, están profusamente adornados de decorados, espejos, jaspes y pequeños lienzos con ricos marcos dorados, debiéndose destacar las ágatas de las pechinas del coro que llaman la atención por su tamaño y forma cóncava, poco corriente. Son en total: 157.


Sacristía

Por ambos lados del altar mayor y formando armonía con el resto del retablo, hay dos puertas graciosamente talladas y doradas que dan acceso a la Sacristía, descendiendo por otras dos escaleras de 4 gradas cada una que tienen enchapadura con plintos y cornisa de mármol pardo y entrepaños simulando barandilla de cerámica sevillana.

Dividida en 3 cuerpos y coronadas por otras tantas bóvedas decoradas al óleo por el Sr. Sánchez Sarabia, siendo el motivo la creación de la primera pareja humana, obra de amor el Eterno Padre que aparece en figura de venerable señor entre gran profusión de ángeles, uno de los cuales sostiene esta frase: Dios es caridad, la caridad borra la multitud de los pecados.

Entre los lienzos resalta en el testero del cuerpo central: La Inmaculada con San Joaquín y Santa Ana; más dos láminas ovaladas de la Virgen de Belén y San Juan de Dios, de Pedro Atanasio Bocanegra; debajo de las cuales hay otras dos con Santa Teresa y San Juan Nepomuceno, de Conrado Guiaquinto. Sobre un basamento que descansa sobre la cajonera hay 3 espejos con sus marcos tallados y dorados con terminaciones originales, entre los cuales, en sus repisas, descansan las imágenes en talla de San Agustín y San Ambrosio. Es la cajonera de este testero de 6 varas de largo con la tapadera de caoba y de una sola pieza; los cajones son de nogal, tallados con bajorrelieves y tiradores de bronce.

En el cuerpo de la derecha del testero hay dos cajoneras en forma de escuadra de la misma calidad que la anterior. Y, entre ambas, una puerta de pino, nogal y caoba que da acceso al Colegio-Clínica. Sobre la puerta un magnífico lienzo del martirio de San Bartolomé, copia del Españoleto, y, sobre las cajoneras, coronadas por unas bien conseguidas tallas de cedro, caoba y nogal, descuellan un lienzo con la Huida a Egipto de la Sagrada Familia y otro de Nuestra Señora del Rosario con San José y Santo Domingo de Guzmán, pinturas del señor Bocanegra.

En el cuerpo de la izquierda se advierte la misma distribución de cajoneras con sus coronamientos y lienzos; si bien, los motivos son: Sobre la puerta del armario donde se guardan los vasos sagrados uno de grandes proporciones que representa la Coronación de espinas de San Juan por la Reina del Cielo y San Juan Evangelista, del pincel de Juan Francisco Vargas; y sobre las cómodas, uno que representa la Adoración de los pastores y otro el Nacimiento de la Virgen, ejecutados por el tantas veces citado señor Bocanegra.

En el centro de este recinto existe una mesa formada por dos columnas de mármol de Sierra Elvira que reciben un gran tablero de mármol de Macael y sirve para preparar los cálices y los útiles de la santa misa.

Frente al testero principal y en el hueco de la ventana principal hay, bien dispuestos y artísticos, dos lavabos de grandes proporciones de jaspe de Lanjarón con ligeras aplicaciones de mármol negro y blanco, coronados por el escudo de la Orden Hospitalaria.

Los espacios libres están adornados con un friso con su plinto y remate de mármol pardo, dividido por 26 pilastras en las que se reciben incrustaciones de mármol blanco y negro, siendo de notar los encapachados de cerámica sevillana por sus motivos de cacería, paisajes campestres y figuras guerreras, así como el escudo de la Orden Hospitalaria, leyéndose esta inscripción: El que costeó esta obra, pide le encomienden a Dios.


Camarín

Del lado de la epístola del presbiterio del altar mayor y cerrada por una puerta de doble hoja de pino y cedro tallados, arranca una escalera de cuatro tramos que conduce a la tribuna del presbiterio en su parte derecha. En el primer y segundo tramo está adornada a ambos lados de un friso con plinto y remate de mármol pardo de Sierra Elvira con entrepaños de cerámica sevillana en los que abundan motivos de montería y paisajes de cacerías andaluzas, divididos por pilastras de jaspe rosa de la Sierra de Cabra con embutidos de mármol negro de Sierra Nevada; el mismo adorno continúa en el tercer y cuarto tramo en su parte izquierda, pues, en la derecha, está separado por un bien tallado pasamanos de nogal, cedro y caoba; las pilastras terminan en esferas de jaspe de Lanjarón y pirámide de bronce.

Los decorados del techo, bovedillas y cenefas de estos cuerpos de escaleras son pinturas al fresco del italiano Tomás Ferrer.

En el testero principal al terminar el tercer tramo de escalera son pinturas del retrato del Rvdmo. Padre Alonso de Jesús y Ortega, obra de Sánchez Sarabia, guarnecido en rico y bien tallado marco dorado.

Y, en los entrepaños murales del último tramo, se pueden contemplar dos lienzos del autor anónimo que reproducen la imagen de Cristo crucificado; el de la izquierda, se diferencia en que tiene al pie de la cruz, la Virgen María, San Juan y la Magdalena en aptitud de piadosa adoración. A la derecha e izquierda del que está enfrente, hay cuatro láminas: una de la Inmaculada, otra de San Juan de Dios, la tercera, San Juan Bautista, que es de Tiziano, y la cuarta, el Descendimiento del Señor; todas guarnecidas con sus marcos; la última adornada con unas pequeñas ágatas.

Termina la escalera en tribuna, de la que se desciende por doce gradas de mármol pardo al Antecamarín, con un zócalo dotado de plinto y cornisa, dividido en varios entrepaños de jaspes de la Sierra de Cabra y de Nápoles con aplicaciones de mármol blanco de Macael, siendo las pilastras de jaspe pardo. En los paños de los muros hay dos lienzos de autor anónimo que representan los arcángeles: S. Rafael y S. Miguel. Así como un San Jerónimo sobre el dintel de entrada al Antecamarín.


Antecamarín

Es un recinto rectangular de siete varas de largo por cinco de ancho. De los cuatro ángulos y a una altura de cinco varas arrancan cuatro pechinas en las que resalta el escudo de la Orden Hospitalaria, para formar el anillo de la bóveda en forma circular rebajada, adornada con varios colgantes tallados y dorados que parten del florón de en medio.

Es el pavimento de jaspe de Lanjarón combinado con mármol blanco de Macael y negro de Sierra Nevada.

Todo el recinto está adornado de un zócalo con plinto y cornisa de mármol pardo, dividido en varios entrepaños por pilastras de jaspe rosa y pardo, con mármol blanco. Los enchapados son asimismo, de jaspe de Lanjarón en los que resaltan aplicaciones de mármol negro y relieves de bronce, dorado que representan efigies de los reyes, escudos de la Orden y guerreros, en relieve. Los muros están pintados al fresco de cornisa a cornisa por el italiano Tomás Ferrer. En los extremos de esta sala, sobre doradas y talladas repisas, hay cuatro urnas guarnecidas con tres cristales que contienen diversas frutas, realizadas en Nápoles, en las que resaltan cuatro pinturas en cobre bajo cristal; con las imágenes del Señor de la Humildad, el Salvador del mundo, la Virgen Dolorosa y Nto. Padre San Juan de Dios con un pobre al hombro.

A derecha e izquierda de la puerta que entra al Camarín, en dos pequeñas urnitas talladas y doradas se exhiben dos perritos confeccionados en su totalidad con conchas y caracolillos de mar. Y, en los dos ángulos, sobre airosos pies de talla, dos tibores de China.

Los lienzos que completan el adorno de este lugar son: El Nacimiento del Señor y Adoración de los Reyes, del señor Sánchez Sarabia; La última enfermedad de San Juan de Dios asistido por la Virgen María, de Juan Francisco Vargas, y una reciente copia en sustitución de un Calvario de Landines, que debió desaparecer en tiempos pasados.

Es de particular admiración, la Cabeza del Bautista, sostenida por un águila en una bandeja en forma de disco; se guarda en una airosa urna y es de la Escuela Italiana, sin poderse precisar su autor. Sí es cierto que la obsequió el cardenal Molina y primitivamente estaba en la iglesia, en el altar de San Juan de Dios, donde hoy se venera la imagen del Niño Jesús de Granada.


Postcamarín

Es una sala de iguales proporciones y formas que la anterior y sus muros se deben al pincel de Tomás Ferrer. No abundan los jaspes ni en zócalos ni en piso.

Los lienzos que cuelgan de sus muros son: La Visitación y Anunciación de Nuestra Señora, de Sánchez Sarabia; La Piedad, de Francisco Lendines, y La Aparición de María a San Juan de Dios, entregándole al Niño Jesús en Guadalupe, de Juan Francisco Vargas.

Es de notar la cómoda de singular hechura, charolada su superficie con relieves chinescos; en ella se conservan ornamentos del siglo XVIII de ricos bordados de oro sobre tisú de plata, confeccionados en Génova expresamente para esta Iglesia.

Sobre esta cómoda se venera una carta de San Juan de Dios, dirigida a la Duquesa de Sassa, un bastón, atribuido al Santo, una imagen del mismo, de Bernardo de Mora, un Crucificado de marfil del siglo XVII -anónimo- y, en sendos cuadros con cristales, objetos que pertenecieron a S. Pío X y a Benedicto XV.

También se conserva en este recinto, en una urna dorada con cristales, la capacha o espuerta que utilizó San Juan de Dios para recoger limosnas.

Es de admirar un juego de tres sillones con otras tantas sillas del estilo del templo, talladas y doradas, con asiento de terciopelo, que sirven para las grandes solemnidades.


Camarín

De forma rectangular, son las dimensiones de este Camarín siete varas de largo por seis de ancho y cinco de altura, hasta la cornisa del cuerpo de arquitectura de madera que recibe los arcos y pechinas del anillo del cuerpo de luces.

En medio del pavimento de jaspes de Lanjarón, mármol blanco de Macael y negro de Sierra Nevada, álzase el trono de siete varas de altura elaborado en madera tallada y finalmente dorada, con su base en la que resaltan, en cada una de sus cuatro caras, tres hermosos jaspes de Málaga y media naranja sostenida por ocho columnas de dos en dos que tienen capiteles de orden corintio. Cada una de las cuales recibe, en su correspondiente pedestal, una estatua de plata repujada que, con otras cuatro que se asientan en otras tantas repisas salientes en la parte de donde arranca las ocho columnas, representan los doce apóstoles, presididos por la imagen del Maestro que, de pie y enarbolando la cruz, descansa sobre la cupulilla de este trono. Fueron realizados por el italiano Bartolomé Baroni. En el espacio formado por las ocho columnas, se veneran las reliquias de San Juan de Dios, guardadas en preciosa urna de plata repujada, que consta de base, cuerpo central y cubierta, sobre la que resalta de pie, en actitud de peregrino, el Arcángel San Rafael.

En medallones de plata, sobredorada y en altorrelieve, está sintetizada toda la vida de San Juan de Dios, en sus hechos más sobresalientes, desde su nacimiento hasta su muerte.

En la misma forma están presentes los venerables varones de la Orden Hospitalaria, Antón Martín, Melchor de los Reyes, Pedro de Ugarte y Pedro Velasco en el basamento del cuerpo principal y San Juan Grande, Francisco Camacho, Simón de Ávila y Pedro Soriano en la cornisa.

En las cuatro ochavas y en graciosa repisa descansan los obispos: San Ildefonso, San Ambrosio, San Agustín y San Cecilio. Ideó y realizó esta historiada obra de arte D. Miguel de Guzmán, vecino y natural de la ciudad de Jaén, a quien se le deben asimismo los cuatro relicarios que hay en cada uno de los huecos del templete y que contienen: El de enfrente, la cruz que San Juan de Dios tuvo en sus manos a la hora de morir arrodillado; el de la parte posterior, un Lignum Crucis; el de la puerta del Antecamarín, una espina del Señor y, el del otro lado, un diente de San Lorenzo mártir.

Sería demasiado prolijo describir minuciosamente los muchos detalles de este lugar. Baste decir que, como puede apreciar el visitante, es todo él un verdadero alarde del barroco churrigueresco que en nada desmerece del resto del templo, sino que lo completa con su exuberante ornamentación en madera tallada y dorada que recubre todos sus muros desde el pavimento hasta el anillo en el que asienta la cúpula. Es todo ello un deslumbrante conjunto en el que armónicamente se conjugan los tallados con multitud de espejos y artísticas miniaturas y relicarios con sus reliquias, que suman un total de ciento noventa, todas ellas con sus auténticas, entre las que cabe destacar, por ser insignes, las que se contienen en 16 urnas de cristales y bronce dorado, hechas en Roma, que descansan en airosa repisa, en algunas de las cuales son de admirar las láminas pintadas en cobre: La Inmaculada, San José, Ecce Homo, Santa Teresa, San Pedro y San Pablo. Lástima que con el correr de los tiempos y las vicisitudes de la historia desaparecieran otras muchas de la misma calidad. En el luneto del medio punto del testero principal ocupa el centro un lienzo que representa, en tamaño natural de medio cuerpo, el momento de la muerte de San Juan de Dios; el cuadro está enmarcado entre espejos, tallados bien dorados y otras reliquias sobre fondo rojo.

En el luneto de entrada del Antecamarín y en iguales proporciones aparece otro lienzo similar en sus dimensiones que representa a la virgen y mártir Santa Catalina.

Enfrente y con la misma magnificencia, destaca la pintura de Santa Bárbara, virgen y mártir también. Las tres pinturas se deben al pincel de Sánchez Sarabia, de quien son asimismo los bustos de reyes, santos y pontífices que en recuadros adornan el interior de la puerta que cierra el hueco que da del Camarín a la Basílica, representando en su interior o exterior, en altorrelieve, un símil del trono o templete interior.

Está coronado este recinto por una media naranja con su cupulín que descansa sobre cuerpo de luces, compartido en 8 ochavas, en cuyos compartimentos se divisan dos artísticas vidrieras de posterior fábrica, cuatro ventanales circulares con cristales labrados. En los dos huecos restantes se representan al óleo las virtudes de la Caridad y la Esperanza, obras de Sánchez Sarabia, a quien se debe la pintura de la media naranja que es una feliz ficción pictórica de la celestial Jerusalén, en la que es recibido, al terminar su vida terrenal, el fundador de la Orden Hospitalaria: San Juan de Dios, quien, cual siervo bueno, fiel y prudente, recibe el premio de sus virtudes, que le hicieron pasar por el mundo haciendo el bien.


Para saber más de la Basílica de San Juan de Dios puede consultar el libro Basílica de San Juan de Dios por Fray Juan José Hernández Torres.