Libro: Basílica de San Juan de Dios

Basílica de San Juan de Dios.

El libro de Fray Juan José Hernández O.H. LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE DIOS es una obra con multitud de fotografías, que intenta y consigue explicar la Basílica de San Juan de Dios, siguiendo un recorrido armónico y lógico a través de la imagen.


En una época que no pretende abstraer la imagen o hacer de ella un concepto, sino dar la representación intelectual hecha imagen, nos encontramos con un lenguaje que intenta, dentro de sus complicadas formas, dar expresión a esta idea: el Barroco.


Theatrum mundi: La existencia como obra de arte total. Nadie ha caracterizado con mas acierto el sentimiento vital de barroco que el dramaturgo español Calderón de la Barca, en su obra El gran teatro del mundo. La vida un teatro donde cada uno representa su propio papel.


Esta época que se extiende desde finales de siglo XVI hasta muy avanzado el XVIII es una época marcada por fuertes contradicciones, que se manifiestan delante y detrás del telón, ser y parecer, ostentación u ascetismo, poder y debilidad, he aquí las constantes antagonistas del periodo.


Las artes tanto las plásticas como las representativas, desempeñaban una doble función; servían para impresionar e incluso "ofuscar" a los súbditos y al mismo tiempo para transmitir contenidos ideológicos. Frente a la ostentación material desbordante esta la seriedad profunda de la fe.


El barroco se dirige siempre a los sentidos del espectador. Su teatralidad, su ilusionismo y el dinamismo de sus formas, pretenden impresionar, convencer, provocar un movimiento interior. Así se explica que se perciba como algo exaltado, efectista y hasta ampuloso. Pero dentro de toda esta abigarrada realidad, existe una idea rectora, un orden lógico, que la Basílica de san Juan de Dios, como el mejor exponente del barroco andaluz, nos transmite con toda claridad. El templo tiene una unidad ideada por D. José de Bada y Navajas, que se ve acrecentada por los retablos de también lucentino José Francisco Guerrero, cuya carrera se desarrolló casi por entero en su pueblo natal Lucena (Córdoba), bajo la estela de Hurtado. Con el acabado esquema, poco frecuente en Andalucía, de una fachada entre dos torres de un solo cuerpo de campanas, Bada supo crear un frontispicio que se inserta muy bien en el contexto urbano de una calle, la de San Juan de Dios, de gran tráfico ya en la época. Con sus eje de dos pisos de columnas corintias y sus hornacinas para santos, que tiene una conmensuración que enlaza con la tradición renacentista a la vez que con las obras de madrileño Pedro de Rivera.


Muy apropiado su interior, que a manera de salón en forma de cruz latina, es muy apto para las celebraciones religiosas y para expresar la idea teológica del otro lucentino e ideólogo fundamental de la obra: el Rvdmo. P. Alonso de Jesús y Ortega, General perpetuo de la Congregación española de la Orden de San Juan de Dios, durante treinta y tres años consecutivos, con residencia en esta ciudad de Granada en el Hospital de San Juan de Dios, anexo a la Basílica y sin el cual no se puede entender la Basílica ya que forma un todo con el.


La idea rectora fue la de construir un panteón glorioso que guardara los restos del padre de los pobres y Patriarca de la Caridad San Juan de Dios, hoy conmpatrón de la Ciudad, en recuerdo de aquel humilde siervo de la caridad que se desvencijó por hacer el bien a sus hermanos y prójimos. En realidad se quiso hacer un monumento a la Caridad, al Amor de Dios y para ello y utilizando el lenguaje barroco se usaron las palabras del Dogma, la Sagrada Escritura y la Hagiografía cristiana.


La Basílica de San Juan de Dios alcanza el significado de su ejecución en el retablo mayor, que ocupa todo el testero del presbiterio de estilo barroco, que no deja de ser atrevido y de singular inspiración, obra del tallista lucentino José Francisco Guerrero. Realizada en madera dorada se estructura según una idea central marcada por las estípites que custodian la arcada del camarín y que dan lugar a la imagen de una vela o cirio ardiendo que servirá de soporte a la idea teológica que prevalece en la Iglesia:El triunfo del Amor o de la Caridad.


En la base de la vela, y formando el primer cuerpo de ésta, el Sacramento del amor representado por el magnífico Sagrario de plata, obra del orfebre Granadino. D. Miguel. Moreno del año 1947 que sustituyó al anterior de madera, y el manifestador, oculto normalmente por el lienzo de Sarabia que representa el Buen Pastor, y que es el sitio donde se expone la Eucaristía.


En el centro de esta simbólica vela, formando el segundo cuerpo, se abren las puertas del camarín donde esta la urna del que hizo presente el amor entre los hombres: San Juan de Dios. Y en la llama de la vela , formando el tercer cuerpo , quien dio a luz al Amor, la Inmaculada Concepción, también de Sarabia, sobre peana de nubes y ángeles, como iluminando toda la Iglesia con la obra de sus entrañas, la Palabra encarnada, El Amor de Dios. Y sobre ella el Espíritu Santo fecundándola.


El título con el que fue dedicada en 1756; Fray Alonso Parra y Cote, cronista oficial de la Orden, en el libro que publicó con motivo de estas fiestas lo llama : «TEMPLO DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÚN DE NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO ORDEN DE LA HOSPITALIDAD DE NUSTRO PADRE SAN JUAN DE DIOS».


Y aquí tenemos ya la idea completa; puesto que el templo estaba bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, su intención no era otra que la de cobijar las sagradas reliquias del santo fundador de la caridad, bajo la protección de la que iba a ser la Madre del Amor, exaltando su pureza virginal. O sea la practica de la caridad a través de una vida pura y sin mancilla, a imitación de la Madre de Dios.


Una idea clara dentro de una confusa maraña. Esto es el Barroco. La práctica de la Caridad ideal de siempre en la vida cristiana representada de manera apabulladora, para impresionar, ofuscar pero sobre todo, para convencer y provocar su ejercicio. Esta es la bella contradicción del barroco, representada en la Basílica de san Juan de Dios de manera armónica pero teatral, clara pero efectista, llena de sublime ostentación y a un tiempo desbordante de humilde fe.


Comenzaron la obra del Templo en el año 1734, para terminar sin interrupción en el 1757, éste es el tema que Fray Juan José Hernández ha desarrollado con imágenes en su obra. En un viaje a través de la Basílica mas emblemática de Andalucía.