EN EL DIARIO IDEAL, DOMINGO 4-12-2011, INFORMACIÓN SOBRE LA CENA BENÉFICA DE SAN JUAN DE DIOS Y DE LA 15ª CEREMONIA DE INVESTIDURAS DE LA ORDEN

Domingo, 4 diciembre 2011, 17:42 | Categoría : Blog, Información, Opinión, Portada, Uncategorized

Estas Investiduras, celebradas el pasado 5 de noviembre, fueron presididas por el Gran Maestre de la Orden Fray Juan José Hernández, OH, y constituyeron la 15ª solemne ceremonia de Investiduras desde la fundación de la Asociación-Orden en octubre de 2005, haciendo que el número de miembros en la actualidad supere ya los 250.

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Por Antonio Manuel Alaminos López | Comentarios desactivados


Limpieza de la fachada inferior de la Basílica de San Juan de Dios

Martes, 29 noviembre 2011, 3:19 | Categoría : Blog, Información, Opinión

Ahora le ha tocado el turno a una limpieza de la fachada inferior de la Basílica de San Juan de Dios.

Aquí están dos fotos, enviadas por los Decuriones a instancias del Gran Maestre, que nos dan cuenta de esta actividad de necesria conservación que contribuye a la salvaguarda del explendor del templo que custodia los sagrados restos del “padre de la caridad y los enfermos”.

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Por Antonio Manuel Alaminos López | Comentarios desactivados


Viernes 16 de Diciembre, a las 21,30 horas, en el Carmen de los Mártires, de la ciudad de Granada, “Cena Benéfica” en favor de la Obra Social de San Juan de Dios

Miércoles, 23 noviembre 2011, 5:53 | Categoría : Blog, Información, Opinión, Portada, Uncategorized

Fray Juan José Hernández, Orden Hospitalaria, Gran Maestre de la Orden del Santo Sepulcro y Basílica de San Juan de Dios da a conocer a todos los Caballeros, Damas, Decuriones y Escuderos de la Orden que (Dm) el próximo viernes 16 de Diciembre, a las 21,30 horas, en el Carmen de los Mártires, de la ciudad de Granada, tendrá lugar una “Cena Benéfica” en favor de la Obra Social de San Juan de Dios.

Son tantas las nuevas obras que la Orden de San Juan de Dios está realizando para ampliar la asistencia a numerosos ancianos, enfermos, niños con atenciones especializadas y personas necesitadas que acuden al comedor y a los servicios sociales, que esta cena solidaria tratará de hacer llegar a la sociedad las mencionadas necesidades y aportar fondos necesarios.

(Leer las seis Cartas de San Juan de Dios puestas por el Gran Maestre en el Blog de la Orden el pasado 14 de noviembre)

La cena estará servida por el acreditado Catering Velázquez, amenizada con música y baile.

El precio de la invitación será de 35€ por persona.

Información y reservas en el Centro San Rafael, telefóno 958275700, preguntando por las Áreas de Voluntariado (Pilar Montilla) y Pastoral (Víctor Carmona)

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Por Antonio Manuel Alaminos López | Comentarios desactivados


Cartas de San Juan de Dios

Lunes, 14 noviembre 2011, 3:01 | Categoría : Información

CARTA A LUIS BAUTISTA

Destinatario:
El joven Luis Bautista.

Motivo:
Aconsejarle respecto a la toma de estado de vida en el servicio de los pobres

Contenido:
Le aconseja la vida de penitencia corporal y sufrir por amor de Dios, a fin de ser fuerte en la guarda de la castidad, para despojarse del amor propio y obedecer con diligencia.
Y en especial, amar a Dios sobre todas las cosas del mundo.

CARTA A LUIS BAUTISTA

En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María.

Sea Dios preferido a todas las cosas del mundo.

Recibí la carta que me escribisteis desde Jaén, de cuyo recibo me alegré muy mucho, aunque disminuyó un poco mi contento el saber el dolor de muelas que habéis padecido, porque todo vuestro mal me hace sufrir y vuestro bien me alegra.

Me decís que no habéis hallado ninguna solución ahí para lo que buscábais y que deseáis ir a Valencia. Vos veréis lo que hacéis. Por la prisa que tengo para que salga esta carta, no me queda tiempo de encomendarlo a Dios, pues es preciso encomendarlo a nuestro Señor Jesucristo con tiempo, para poder daros algún consejo. Pues sé lo flaco que sois muchas veces, en especial lo que respecta al trato con las mujeres, no sé si será bueno el traeros aquí, pues Pedro no se ha ido, ni sé cuando se irá, por más que dice que se quiere ir. Si estuviese seguro que aquí hallariais provecho para vuestra alma y para la de todos, os mandaría venir en seguida, pero me da miedo, no ocurra lo contrario. Por lo cual, creo que será mejor pasar algunos días estrechez hasta que vengáis decidido a sujetaros a trabajos y días de mucho padecer, empleados en hacer todo el bien que se pueda. Mas, por otro lado, me parece que si os habéis de perder, es mejor que no vengáis. Pero en esto, Dios sabe lo mejor y la verdad.

Por eso, me parece que lo más conveniente es que, antes de salir de esa ciudad, lo encomendéis mucho a nuestro Señor Jesucristo, y yo haga aquí lo mismo, pues ambos nos encontramos dudosos de lo que debemos hacer, para que Dios, que es la Sabiduría y el Remedio, nos dé remedio y consejo a todos para distinguir el mal y el bien. Para más seguridad, escribidme a menudo. Mientras, informaros ahí de los peregrinos que pasan de un lado para otro y os dirán cómo está Valencia, pues a mí muchas veces me hacen dudar, como a hombre sin luces. Pero, si después de informaros bien, conocéis que os habéis de perder, lo mejor es que volváis aquí o a Sevilla, donde nuestro Señor más os inclinare. Si vais a Valencia, visitad el cuerpo de San Vicente Ferrer.

Y, pues, me parece que andáis como piedra movediza y como barca sin remo, será conveniente que comencéis a rasgar un poco vuestras carnes y a sufrir un poco, pasando hambre, sed, deshonras, cansancios, angustias, trabajos y sinsabores por amor de Dios, dándole gracias por el bien y por el mal.

Acordáos de nuestro Señor Jesucristo y de su bendita Pasión, que volvió, por el mal que le hacían, bien. Así habéis de hacer vos, hijo mío Bautista, cuando vengáis a la casa de Dios. Que si acá venís, habéis de sufrir todo esto por amor de Dios, y habéis de obedecer mucho, y padecer mucho más de lo que habéis trabajado y desvelaros en curar a los pobres y enfermos, y todo por amor de Dios.

Pensad que ya va siendo hora de que os decidáis a tomar estado. Ya sabéis que aquí tenéis la puerta abierta, y me agradaría veros venir muy mejorado, como a hijo y hermano. Mas acordáos que si venís, habéis de venir de veras y os habéis de guardar mucho de las mujeres, como del diablo, y debéis de ofrecer algún fruto a Dios, abandonando las malas costumbres. Acordáos de San Bartolomé: que lo desollaron y llevó la piel a cuestas. Si venís, ha de ser para trabajar de verdad, no para pasar el tiempo, pues al hijo más querido se le dan mayores trabajos. Todos los días de vuestra vida vivid con Dios; oid misa entera siempre, confesáos a menudo, si es posible, y no durmáis en pecado mortal ninguna noche. Amad a nuestro Señor Jesucristo sobre todas las cosas del mundo, que por mucho que vos le améis, mucho más os ama Él. Tened siempre caridad, que donde no hay caridad no hay Dios, aunque Dios en todo lugar está.

No me critiquéis por esta carta, pues no tengo tiempo para escribiros despacio.

De la venida, haced lo que mejor os parezca. No sé si el Señor será servido que vengáis a esta casa tan pronto como deseamos, o si quiere que sufráis por ahí. Si preferís ahora correr un poco de mundo buscando aventuras, lo mismo que los que marchan a las Indias, haced lo que Dios os inspire y veáis que ha de ser mejor servido. Pero no dejéis de escribirme desde donde estéis.

En cuanto pueda iré a dar vuestros saludos a Lebrija. Vuestra carta ya se la llevé a Bautista a la cárcel, y se alegró mucho con ella. Le dije que contestara en seguida para enviar la carta; ahora iré a ver si ha escrito, para enviarla. Recibid saludos de todos. Ya di los vuestros a chicos y a grandes, y a la Ortiza, y a Miguel. Dice Pedro que si venís, viviréis con él hasta que se vaya. Y si se queda, lo mismo. Por ésta ya no me queda más que deciros, sino que Dios os salve y guarde, y os encamine en su santo servicio, lo mismo que a todos los hombres.

Ceso, y no de rogar por vos y por todos. Como última observación os digo que me ha ido muy bien con el rezo del rosario, y, si Dios quiere, lo rezaré siempre que pueda. Os repito que si veis que en ese viaje os habéis de perder, haced lo que os parezca más conveniente. Antes de salir de esa ciudad, manda decir algunas misas al Espíritu Santo y a los Reyes, si tenéis con qué. Y si no, basta con la buena voluntad. Y si esto no es suficiente, baste la gracia de Dios.

Contadme todo lo que pasa por ahí. Con ésta os envío una carta cerrada, que me pidieron que os la entregara. No la he abierto para seros leal, ni estoy seguro si es para vos o para Bautista el de la cárcel. Si es para el de la cárcel, en cuanto la hayàis leído, me la devolvéis, para dársela. Si Bautista ha escrito su carta, os la mandaré con estas dos. Ahora, quedáos con Dios, y andad con Él.

El hermano menor de todos, Juan de Dios, si Dios quisiere muriendo, mas empero callando y en Dios esperando, esclavo de nuestro Señor Jesucristo, deseoso de servirle. Amén Jesús. Aunque no soy tan buen servidor como otros, pues muchas veces le ofendo y le soy traidor, me pesa muchísimo por ello, aunque mucho más me había de pesar.

Dios me quiera perdonar a mí, y a todo el mundo quiera salvar.

Por Juan José Hernández Torres | Comentarios desactivados


Cartas de San Juan de Dios

Lunes, 14 noviembre 2011, 3:00 | Categoría : Información

CARTA 3ª A LA DUQUESA DE SESSA.

DESTINATARIO:
Dª María de los Cobos y Mendoza, Duquesa de Sessa.

MOTIVACIÓN:
Agradecimiento y despedida de los Duques, previendo no poder hacerlo en persona por su grave enfermedad.

CONTENIDO:
-Motivo de estarles agradecido: Sus limosnas.
-Bendición para los buenos Duques:
- Jesucristo les recompense en el cielo.
- Dios les bendiga y a su generación.
- La bendición del Padre, el amor del Hijo y la gracia del Espíritu Santo, siempre con ellos.
- Recomendación para Angulo que queda en la miseria.
- Les deja sus armas o testamento espiritual.
- Recuerden la Sangre de Jesucristo y su Sacratísima Pasión.
- Virtudes teologales.
- Virtudes cardinales.
- La Cruz, necesaria en cualquier estado para el que quisiera salvarse.
- Cosas que debemos a Dios: Amor, servicio, reverencia.
- Distribución del día en: oración, trabajo y mantenimiento corporal.
- Acordarse: de la hora de la muerte, del infierno y de la gloria.
- Esfuerzo para no sucumbir ante el mundo, demonio y carne.

CARTA 3ª A LA DUQUESA DE SESA

Sea entregada esta carta a la humilde y generosa doña María de los Cobos y Mendoza, esposa del noble y virtuoso señor don Gonzalo Fernández de Córdoba, Duque de Sesa, hermanos míos en Nuestro Señor Jesucristo.

En el nombre de Nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María.

Sea Dios preferido a todas las cosas del mundo. Amén Jesús.

Dios os salve, hermana mía en Jesucristo, la buena Duquesa de Sesa, y a todos los que con vos están y cuantos Dios quiera y mande. Amén, Jesús.

El gran amor que siempre os he tenido, tanto a vos como a vuestro humilde esposo el buen Duque, me obliga a no olvidaros, por lo mucho que os debo y obligado que os estoy por haberme ayudado y socorrido siempre con vuestra bendita limosna y caridad, en mis trabajos y necesidades, para sustentar y vestir a los pobres de esta Santa Casa de Dios y de otras muchas además de ésta. Muy bien lo habéis hecho siempre como buenos defensores y caballeros de Jesucristo.

Todo esto me obliga a escribiros esta carta, buena Duquesa, porque no sé si podré veros y hablaros más veces; en mi lugar, sea Jesucristo quien os vea y hable con vos.

Es tan grande el dolor que me causa mi enfermedad, que no puedo hablar, y no sé si podré terminar de escribiros esta carta.

Mucho desearía veros, por tanto, rogad a Jesucristo, siempre que en ello sea El servido, para que me dé salud que El sabe necesito para salvarme y hacer penitencia de mis pecados. Si dándome la salud es El servido, luego en poniéndome bueno, quiero ir a visitaros y llevaros las niñas que me habéis pedido.

Hermana mía en Jesucristo, había pensado estar ahí la Pascua de Navidad, mas Jesucristo lo ordenó mucho mejor de lo que yo merecía.

¡Oh buena Duquesa! Jesucristo os pague en el Cielo la limosna y santa caridad que siempre me hicisteis y os traiga con bien al buen Duque, vuestro muy generoso y humilde marido, y os dé hijos de bendición, que yo espero en Jesucristo, que así lo hará. Y acordaos bien de lo que os dije un día en Cabra (Córdoba): “Tened esperanza en Jesucristo sólo, que de Él seréis consolada aunque al presente paséis trabajos, porque al fin todos ellos han de ser para mayor consolación y gloria vuestra si por Jesucristo los padecéis”.

¡Oh buenos Duques! De Dios seáis benditos y toda vuestra generación. Como no puedo veros, desde aquí os bendigo, aunque indigno pecador:

Dios que os hizo y os crió, os dé también la gracia con que os salvéis. Amén Jesús:

La bendición de Dios Padre, el amor del Hijo y la gracia del Espíritu Santo sea siempre con vosotros, con todos y conmigo. Amén, Jesús.

De Jesucristo seáis consolados y socorridos, pues por Jesucristo me ayudasteis y socorristeis, hermana mía en Jesucristo, la buena y humilde Duquesa.

Si Jesucristo es servido llevándome de esta vida presente, aquí dejo ordenado que cuando venga mi compañero Angulo, que ha ido a la Corte, y al cual os encomiendo, porque él y su mujer quedan muy pobres, os lleve mis armas, que consisten en tres letras de hilo de oro, las cuales están en raso colorado. Las tengo guardadas desde que entré en batalla con el mundo. Guardadlas muy bien con esta cruz, para darlas al buen Duque cuando Dios le traiga con bien.

Están en raso colorado para que tengáis siempre en vuestra memoria la preciosa sangre que nuestro Señor Jesucristo derramó por todo el género humano, y su Sacratísima Pasión, porque no hay más alta conteplación que en la Pasión de Jesucristo, y cualquiera que sea devoto de ella no se perderá con la ayuda de Jesucristo.

Tres son las letras porque tres son las virtudes que nos encaminan al Cielo: la primera es la fe, por la que creemos todo lo que cree y tiene la Santa Madre Iglesia, guardando sus mandamientos y poniéndolos por obra; la segunda es la caridad, teniendo caridad primero de nuestras almas, limpiándolas con la confesión y penitencia, después caridad con nuestros prójimos y hermanos, queriendo para ellos lo que queremos para nosotros; la tercera es la esperanza en sólo Jesucristo, pues por los trabajos y enfermedades que por Él pasáramos en esta vida miserable, nos dará la gloria eterna por los méritos de su Sagrada Pasión y su gran misericordia.

Son de oro las letras, porque así como el oro es tan preciado metal y para ser preciado ha de resplandecer y tener el color que exige, lo cual requiere primero ser apartado de la tierra e inmundicia en que se da y después purgado por el fuego para quedar limpio y apurado, así también conviene que el alma, que es joya tan preciada, sea apartada de los deleites y carnalidades de la tierra, y de esta manera quede sola con Jesucristo, para ser después purgada en el fuego de la caridad con trabajos, ayunos y disciplinas y áspera penitencia, y así sea preciada de Jesucristo y resplandezca delante del acatamiento divino.

El paño tiene también cuatro esquinas que representan las cuatro virtudes que acompañan a las tres que hemos dicho primero, y son éstas: Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza.

La Prudencia nos muestra cuán prudentes y sabios nos hemos de mostrar en todas las cosas que hagamos o pensemos, tomando consejo de los más viejos y que saben más.

La Justicia quiere decir que seamos justos, dando a cada uno lo que es suyo; a Dios lo que es de Dios y al mundo lo que es del mundo.

La Templanza nos enseña que templadamente y con regla: comamos, bebamos, nos vistamos y todas las demás cosas que son menester para servicio de los cuerpos humanos.

La Fortaleza nos dice que seamos fuertes y constantes en el servicio de Dios, mostrando alegre el rostro en los trabajos, fatigas y enfermedades, así como en la prosperidad y consuelo, dando gracias a Jesucristo por lo uno y por lo otro.

Tiene el paño por el reverso una cruz a manera de aspa; todo el que desea salvarse ha de llevarla conforme Dios quiera y con la gracia que El le dé, si bien todos persiguen un mismo fin, cada uno va por el camino que Dios le traza; así, unos son frailes, otros clérigos, otros ermitaños y otros son casados, de tal manera que en cualquier estado se puede uno salvar si quiere.

Todo esto, buena Duquesa, lo sabéis vos mucho mejor que yo, y, por lo tanto, huelgo de hablar a quien me entiende.

Tres cosas debemos a Dios: amor, servicio y reverencia.

Amor porque como a Padre Celestial hemos de amarle sobre todas las cosas del mundo.

Servicio, sirviéndole como a Señor, por sola bondad y no por el interés de la gracia que ha de dar a los que le sirvieron.

Reverencia como a Creador, no trayendo a la boca su Santo nombre, no siendo para darle gracias y bendecir su Santo Nombre.

En tres cosas, buena Duquesa, habéis de emplear el tiempo de cada día: en oración, en el trabajo y en el mantenimiento para el cuerpo.

En oración, dando gracias a Jesucristo, luego que os levantéis por la mañana, por los bienes y mercedes que siempre os hace, por haberos criado a su imagen y semejanza y porque nos dio la gracia de ser cristianos; pidiendo después misericordia a Jesucristo para que nos perdone y rogando, en fin, a Dios por todo el mundo.

En el trabajo, trabajando corporalmente, ocupándonos en algún ejercicio que sea virtuoso, para que merezcamos lo que comemos, a ejemplo de Jesucristo, que trabajó hasta la muerte, y porque no hay cosa que engendre más pecados que la ociosidad.

En mantenimiento para nuestro cuerpo, porque así como un arriero cura y mantiene un animal para servirse de él, así conviene que le demos a nuestro cuerpo lo que necesita y de esta manera tengamos fuerzas para servir a Jesucristo.

Hermana mía muy amada y muy querida, por amor a Jesucristo os ruego que tengáis tres cosas en la memoria, que son: la hora de la muerte, de la cual ninguno puede escaparse; las penas del infierno; la gloria y bienaventuranza del Paraíso.

En la primera, pensad cómo la muerte consume y acaba todo lo que este miserable mundo nos da, y no nos deja llevar con nosotros sino un pedazo de lienzo roto y mal cosido.

Lo segundo, pensad cómo por tan leves deleites y pasatiempos que presto se pasan, hemos de ir a pagarlos, si morimos en pecado mortal, al fuego del infierno, que siempre dura.

En tercer lugar, considerad la gloria y bienaventuranza que Jesucristo tiene guardada para los que le sirven, las cuales nunca ojo vió, ni oído oyó, ni corazón alguno pudo pensar.

Así, pues, hermana mía en Jesucristo, esforcémonos todos por amor de Jesucristo, y no nos dejemos vencer de nuestros enemigos : el mundo, el diablo y la carne.

Sobre todo, hermana mía, tened siempre caridad, que es la madre de todas las virtudes.

Hermana mía, mucho me atormenta el dolor y no me deja escribir; quiero descansar un poco, ya que os quiero escribir largamente porque no sé si nos veremos más.

Jesucristo sea con vos y con toda vuestra compañía, etc.

Por Juan José Hernández Torres | Comentarios desactivados


Cartas de San Juan de Dios

Lunes, 14 noviembre 2011, 3:00 | Categoría : Información

CARTA 2ª A LA DUQUESA DE SESA

Destinatario:
Dª María de los Cobos y Mendoza, Duquesa de Sesa.

Motivación:
Pedir ayuda a la virtuosa Duquesa con la que pueda pagar sus deudas y asistir a los pobres.

Contenido:
Trabajos y angustias que le causan las necesidades de los pobres.

Exalta las virtudes de una joven muerta en olor de santidad.

Exhortación a la paciencia contemplando a Cristo Crucificado.

Para vencer al mundo, demonio y carne:
Confianza en Cristo.
Desprecio propio.
Caridad con el prójimo.
Sacramento de la penitencia.

Vida de trabajo a imitación de Nuestra Señora, la Virgen María.

Intención de visitar varios puntos de Andalucía para conseguir limosnas para la renovación del hospital.

Petición a la Duquesa, señoras y doncellas de algunas cosas de su uso personal para empeñarlo en favor de los pobres.

CARTA 2ª A LA DUQUESA DE SESA

En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María.

Sea Dios preferido a todas las cosas del mundo. Amén Jesús.

Hermana mía muy amada en Jesucristo, muy noble, virtuosa, generosa y humilde Duquesa de Sesa, Dios os salve y guarde a vos y a todos cuantos El quisiere y fuere servido. Amén Jesús.

Esta es para haceros saber cómo estoy, y daros parte de todos mis trabajos, necesidades y angustias, que son cada día mayores, pero sobre todo ahora. Cada día aumentan sobre manera las deudas y los pobres, los cuales muchos vienen desnudos, descalzos, llagados y llenos de miserias, lo cual hace necesario uno o dos hombres para su limpieza y aseo, trabajo que durará todo el invierno hasta el próximo mes de mayo. Así que, hermana mía en Jesucristo, mis trabajos crecen cada día mucho más.

Nuestro Señor Jesucristo quiso llevarse para sí a su muy querida y amada doña Francisca, hija de don Bernardino, sobrino del Marqués de Mondéjar; la cual mientras vivió acá en la tierra, con la ayuda de nuestro Señor Jesucristo, siempre hizo mucho bien a los pobres, de modo que a todas las personas que por amor de Dios le pedían, nunca le faltaba la bendita limosna que darles; de esta forma nadie marchaba desconsolado de su posada.
Por otra parte, esta bienaventurada doncella decía tan buenas palabras y daba tan buen ejemplo y buena doctrina, es decir, eran tantas las cosas que hacía, que para escribirlas era preciso un gran libro. No obstante, algún día escribiré más ampliamente las cosas de esta bienaventurada doncella doña Francisca, que nuestro Señor la quiso llevar ahora para sí, donde está viva y sana, con mucho placer y descanso, según creemos por lo que hemos visto todos los que la conocíamos. Mirando el amor de Dios, sus buenas obras y la gracia de Jesucristo que obraba en ella, a todos hacía bien, tanto con el consejo como con la limosna, ya que para todo y para todos le daba gracia Jesucristo.

Por tanto, según nuestro parecer, y por lo que acá en la tierra la vimos hacer todos los que la conocíamos, no podemos sino juzgar que está ahora descansando con nuestro Señor Jesucristo y con todos los ángeles de la corte del cielo. Mucho han sentido su muerte todos los que la conocían, así pobres como ricos; y con mucha más razón lo había yo de sentir que ningún otro, por el consuelo y buen consejo que siempre me daba; que por más desconsolado que a su casa iba, no salía sin consolación y buen ejemplo; y pues nuestro Señor fué servido de llevarnos tanto bien, bendito sea El por siempre, pues mejor sabe El lo que hace y nosotros necesitamos, que nosotros podemos pensarlo.

Hermana mía muy amada en Cristo Jesús. Os he querido dar cuenta de mis trabajos, angustias y necesidades porque se que os doléis de mí, como yo haría de vuestras cosas. Mucho os debo, buena Duquesa, y nunca olvidaré el buen tratamiento que me hicisteis; más de lo que yo merecía; nuestro Señor Jesucristo os lo pague en el cielo y os traiga con bien al buen Duque de Sesa, vuestro muy humilde marido, y os dé hijos de bendición, con que le sirváis y améis sobre todas las cosas del mundo. Confía sólo en Jesucristo que vendrá muy pronto y con salud del cuerpo y del alma, y no estéis apasionada ni desconsolada, que de aquí en adelante os sentiréis más alegre que hasta aquí habéis estado; y hallaréis que es verdad lo que os dije, confiando sólo en Jesucristo; Dios ante todas las cosas del mundo, pues yo no sé nada, Jesucristo lo sabe todo, y con su ayuda habéis de ser consolada muy pronto con la vista de vuestro humilde marido, al cual yo tanto quiero y amo y tanto me debo a él y a todas sus cosas, por cuantas veces me ha sacado del apuro, me ha desempeñado y me ha consolado con su bendita limosna, la cual tienen los ángeles consignada en el Cielo en el libro de la vida, donde tiene acumulado un gran tesoro para cuando vayáis allá, buena Duquesa de modo que gocéis de él para siempre vos y vuestro humilde marido, el buen Duque de Sesa.

Quiera nuestro Señor Jesucristo traerosle pronto ante vuestros ojos y os dé hijos de bendición, para que deis gracias, como siempre se las dais a nuestro Señor Jesucristo por todo lo que El hace y nos da, pues si algunas veces nos da trabajos y angustias, es para nuestro provecho y para que merezcamos más.

No hallo mejor remedio ni consuelo para cuando me encuentro apasionado que el mirar y contemplar a Jesucristo crucificado; y pensar en su Pasión santísima, con los trabajos y angustias que padeció en esta vida; y todo por nosotros, pecadores, malos, ingratos y desconocidos; y mirando al Cordero sin mancilla padecer tantos trabajos sin merecerlo. ¿Por qué queremos y buscamos descanso y placer en la tierra donde tantos males y penas dieron a Jesucristo, que nos crió y nos redimió? ¿Qué esperamos nosotros tener?

Y así, si bien lo miramos, buena Duquesa, esta vida no es otra cosa sino una guerra continua, sufrida mientras estamos en este destierro y valle de lágrimas, combatidos siempre de tres enemigos mortales, que son: el mundo, el diablo y la carne. El mundo nos llama con vicios y riquezas, prometiéndonos larga vida, diciendo: anda, que joven eres; date a buen placer, que a la vejez te enmendarás. El diablo, echándonos siempre lazos, redes en que caigamos y tropecemos y no hagamos bien ni caridad; metiéndonos en cuidados de los bienes temporales para que no nos acordemos de Dios ni de poner el cuidado que habíamos de tener en nuestra alma en limpiarla y vestirla de buenas obras. Así, salidos de un cuidado nos encontramos metidos en otro; o, que ahora en acabando este negocio quiero enmendar mi vida y así una y otra vez, nunca acabaos de salir de los embaucamientos del demonio, hasta que viene la hora de la muerte y resulta falso todo lo que el mundo y el diablo prometen. Y si tal cual nos hallará el Señor, tal nos juzgará, bueno será enmendarnos con el tiempo, y no hacer como aquellos que dicen mañana, más mañana, y así nunca comienzan. El otro enemigo, el mayor, que como ladrón de casa y doméstico, bajo buenas palabras y buen parecer, procura siempre perdernos, es la carne o nuestro cuerpo, que no quiere sino buen comer, buen beber, buen vestir y dormir, poco trabajo, lujuriar y vanagloriarse.

Para estos tres enemigos precisamos mucho el favor, ayuda y gracia de Jesucristo; despreciarnos a nosotros mismos del todo, por el todo, que es Jesucristo, confiando sólo en El, confesando la verdad y todos los pecados al pie del confesor, cumpliendo la penitencia que nos mandare, y proponiendo nunca más pecar por sólo Jesucristo; y si pecáremos, confesar a menudo. De esta manera podremos vencer a estos enemigos que he dicho, no confiando en sí mismo porque caeríamos mil veces al día en pecado, sino confiando sólo en Jesucristo; y por sólo su amor y bondad, no murmurar ni hacer mal ni daño al prójimo, sino querer para el prójimo aquello que querríamos que nos hiciesen a nosotros; desear que todos se salven y amar y servir a sólo Jesucristo por ser El quien es. Y no por temor del infierno. Y en cuanto sea posible que el confesor sea bueno, docto y de buena fama y vida. Todo esto, hermana mía en Jesucristo, lo sabéis vos mejor que yo, y cuando vos quisierais enviarme algún buen consejo, lo recibiré de muy buen agrado, como de hermana mía en Jesucristo.

Y, ahora, hermana mía muy amada y querida, quisiera preguntarnos cómo estáis, o cómo os va después que se fueran D. Álvaro y D. Bernardino, vuestros muy nobles, virtuosos y humildes tíos y hermanos míos en Jesucristo, a quienes quiero mucho. Dios les pague la buena acogida que, donde quiera que me hallan, siempre me hacen o me han hecho. Nuestro Señor reciba en el cielo sus almas y los lleve en buen estado a la presencia de vuestra muy humilde, noble, virtuosa y generosa madre, doña María de Mendoza, quien siempre desea agradar y servir a nuestro Señor Jesucristo. Envíame a decir cómo llegaron y cómo les va, así como de las buenas nuevas del buen Duque, vuestro muy humilde marido, que de todo su bien me holgaré mucho, de cómo le va y cómo está y en qué parte. Plazca a nuestro Señor Jesucristo traerle pronto y con salud del cuerpo y del alma a él, a toda su compañía y a todos cuantos Dios quisiere. Amén Jesús.

¡Oh, hermana mía muy amada, buena y humilde Duquesa! Cómo estáis sola y apartada en ese castillo de Baena (Córdoba), rodeada de vuestras muy virtuosas doncellas y muy honradas y honestas señoras, trabajando y tejiendo noche y día por no estar ociosa ni gastar el tiempo en vano; queréis tomar ejemplo de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María, la cual siendo Madre de Dios, Reina de los Ángeles y Señora del mundo, tejía y trabajaba todo el día para su sustento; y de noche y parte del día oraba en su retiro, para darnos a entender que, después del trabajo hemos de dar gracias a nuestro Señor Jesucristo, porque usa con nosotros de tanta misericordia en darnos de comer, beber, vestir y todas las demás cosas sin merecerlo; que si El no lo bendijera ¿qué valdría nuestro trabajo, astucia y diligencia? Así, pues, continuad siempre trabajando e interesándoos en las obras de misericordia; haciendo recitar a todos y a todas la doctrina cristiana, las cuatro oraciones que manda la Santa Madre Iglesia; haciendo enseñar al que no sabe. Continuad pensando siempre en la Pasión de nuestro Señor Jesucristo y en sus llagas preciosas, y decidle que queréis más a El solo que a todas las cosas del mundo, y que queréis y amáis lo que El quiere y ama, y aborrecéis lo que El aborrece, y que por su amor y bondad, no por otro interés, queréis hacer bien y caridad a los pobres y personas necesitadas.

Ahora, pues, hermana mía, perdonadme por lo prolijo que siempre soy en escribir, aunque no os escribo todo lo que yo quisiera, ya que estoy muy apasionado y aún malo de los ojos, y con mucha necesidad, lo cual os haga comprender nuestro Señor Jesucristo. Con esta obra que he comenzado estoy muy preocupado porque estoy renovando todo el hospital y son muchos los pobres, y grande el gasto que aquí se hace, y todo se provee sin renta, aunque Jesucristo lo provee todo, pues yo no hago nada. Querría ir pronto por esa parte de Andalucía hasta Zafra (Badajoz) y Sevilla, mas no puedo hasta acabar esta obra con el fin de que no se pierda. Y, por otra parte, estoy tan empeñado y con tanta necesidad, que no sé qué hacerme. Así, pues, hermana mía muy amada en Jesucristo, allá envío a Angulo para que venda el trigo o lo traiga, según os pareciere mejor; ya que, en fin, tengo gran necesidad de dinero para esta obra, y para pagar algunas deudas que me cuestan los ojos. Como no tengo tampoco con qué pagar a los que lo vengan a traer, siendo mucho el coste, me parece, por tanto, mucho mejor venderlo. Ved vos, hermana mía, lo que os parece y mejor fuere. Angulo lleva la cédula del trigo y mi poder, que hice hacer a un escribano. Por amor de nuestro Señor Jesucristo, que no venga sin algún socorro de una manera o de otra, pues en cuanto vuelva Angulo, nos partiremos para Sevilla y Zafra para ver al Conde de Feria y al Duque de Arcos, ahora que se encuentra allí el maestro Ávila, que ha ido a verlos. Por ventura agradará a nuestro Señor Jesucristo, y me desempeñarán de alguna cosa. Mejor es ir yo mismo que no enviar cartas, porque tienen tantos negocios y pobres a quien dar limosna, que si no está uno delante luego se les pasa de la memoria aquello que les envían a decir, lo cual no me maravilla, porque los señores son muy combatidos de los pobres y les dan mucho fastidio. El maestro Ávila, además, me envía a decir por medio de Angulo que me llegue allá.

Hermana mía en Jesucristo. El os pague en el Cielo la limosna que disteis a Angulo para aquellos pobres y para su camino, que fué de cuatro ducados El ya lo contó todo, y cómo os dolíais de mis trabajos. Perdonadme el no poder pasar por ahí, a causa de unas cartas.

Por tanto, hermana mía muy amada en Jesucristo, ruegoos, por amor de nuestro Señor Jesucristo, que os doláis de mis trabajos, angustias y necesidades, para que Dios tenga misericordia de vos y de todas vuestras cosas y de cuanto Dios quisiere y fuere servido. Amén Jesús.

Hermana mía, buena Duquesa: dad mis saludos a vuestra muy virtuosa ama, que ruegue a Dios por mí, que así haré yo por ella, y a todas las muy humildes y virtuosas señoras y doncellas de vuestra noble casa, que todas rueguen a Dios por mí, porque estoy envuelto en gran guerra y batalla. Asimismo dad mis saludos a mi hermano muy querido mosén Juan; que me escriba cómo está y cómo le va, y a todos los caballeros y criados de vuestra muy noble casa; que todos rueguen a nuestro Señor Jesucristo que me dé gracia y favor para vencer al mundo, al diablo y a la carne; para guardar sus Santos Mandamientos, y me conceda tener y creer todo lo que tiene y cree la Santa Madre Iglesia; confesando con verdad y contrición todos mis pecados; cumplir la penitencia que me fuere mandada hacer por el confesor, y amar y servir a sólo Jesucristo, que así lo haré yo por ellos. A doña Isabel, la música, dadle también mis saludos, decidle que nuestro Señor Jesucristo la conceda crecer en virtudes de bien en mejor.

Allá va Juan de Ávila, que es mi compañero, aunque siempre le llamo yo Angulo, mas su propio nombre es Juan de Ávila.

Hermana mía muy amada, buena Duquesa de Sessa, enviadme otro anillo, o cualquier cosa que sea de vuestro uso, para tener algo que empeñar, que el otro bien empleado está, pues ya lo tenéis en el Cielo. Decidle a la muy humilde ama, a todas las señoras y doncellas, que si tienen alguna cosita de oro y plata que enviar para los pobres y, por consiguiente para el cielo, que me lo envíen para que me acuerde de ellas. Nuestro Señor Jesucristo os salve y guarde, buena Duquesa, tanto a vos como a toda vuestra compañía, y a cuantos Dios quisiere y fuere servido. Amén Jesús. Y sin ello y con ello, quedo en gran obligación de rogar a Dios por todos y por todas las de vuestra noble casa.

Vuestro desobediente y menor hermano Juan de Dios, si Dios quisiere muriendo, mas mientras tanto, callando y en Dios esperando, quien desea la salvación de todos como la suya propia. Amén, Jesús.

Buena Duquesa, muchas veces me acuerdo de los regalos que me haciais en Cabra (Córdoba) y Baena (Córdoba), así como de aquellos pedazos de pan que me entregabais para repartirlos. Dios os dé el Cielo y os haga partícipe de sus bienes. Amén Jesús.

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Cartas de San Juan de Dios

Lunes, 14 noviembre 2011, 2:59 | Categoría : Información

Carta 2ª a Gutierre Lasso.

DESTINATARIO:
Al virtuoso caballero Gutiérrez Lasso de la Vega.

MOTIVACIÓN:
Darle cuenta de sus muchas deudas.
Aconsejarle sobre el estado que deben tomar sus hijos.

CONTENIDO:
Gratitud y delicadeza del santo comunicando su llegada y los bienes que porta.
Declara la insuficiencia de las limosnas en tantas necesidades.
Recomienda le envíe todos los enfermos que hubiere.
Manifiesta lo agobiante de sus ocupaciones.
Recomendaciones y saludos.

CARTA 2ª A GUTIÉRREZ LASSO

En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María.

Sea Dios preferido a todas las cosas del mundo.
Amén Jesús.

Dios os salve, hermano mío en Jesucristo Gutierre Lasso, a vos y a vuestra familia y a cuantos Dios quisiere y tuviere por bien. Amén Jesús.

La presente es para comunicaros cómo llegué a muy bien, a Dios gracias, y traje más de cincuenta ducados. Con lo que tenéis ahí y con lo que yo he traído, pienso que sumarán unos cien ducados. Una vez aquí, me he empeñado en treinta ducados o más, pues todo resulta insuficiente, ya que tengo más de ciento cincuenta personas que mantener, y a todos los mantiene Dios cada día. Por tanto, si con esos veinticinco ducados que allá tenéis, podéis adquirir alguna cosa más, todo es menester.
Mas si no puediere ser, no os preocupési demasiado.
Enviad cuantos pobres llagados hubiere por ahí.
Mandad pronto los veinticinco ducados, pues esos y muchos más debo que están esperando mis acreedores. Sirva de seña, que os lo di en un talegoncillo de lienzo una noche en que ambos paseábamos en vuestra huerta de los naranjos. Yo espero en nuestro Señor Jesucristo, que algún día os pasearéis en el huerto celestial.

El arriero tenía mucha prisa, y por eso no pude escribir largo; además es tanto el trabajo que tengo que no me queda tiempo ni para rezar un Credo despacio.

Por amor de nuestro Señor Jesucristo, enviad al punto los dineros, porque me están urgiendo por ellos.

Por amor de nuestro Señor Jesucristo, saludad y encomendadme a la muy noble, virtuosa y generosa esclava de nuestro Señor Jesucristo, vuestra esposa, la que tanto desea servir a nuestro Señor Jesucristo y a nuestra Señora la Inmaculada Virgen María, y por amor de Dios serviros a vos, su esposo Gutierre Lasso, esclavo de nuestro Señor Jesucristo y deseoso de servirle. Amén Jesús.

También daréis mis saludos a vuestro hijo, el arcediano que estuvo conmigo pidiendo la bendita limosna, el cual es el menor esclavo de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María deseoso de servir y agradar siempre a nuestro Señor Jesucristo y a su bendita Madre Nuestra Señora, la Virgen María.

Decidle que me escriba pronto, con la ayuda de Dios. También vos, buen caballero y buen hermano mío en Jesucristo, escribidme. Dad saludos a vuestros hijos e hijas y a todos cuantos quisiéreis.

En Málaga hablaréis por mí y daréis saludos al Obispo y a todos los demás que vos quisiéreis y viéreis, pues estoy obligado a pedir por todos.

En vuestro hijo, el buen caballero, que me parece es el mayor, hágase como Dios quisiere, y que nuestro Señor Jesucristo dirija sus cosas, obras y hechos.

Paréceme a mí, que si Dios quisiere será mejor casarlo tan pronto como pudiéreis, si él desea casarse. Aunque os digo, lo más presto, no os habéis de inquietar, pues la inquietud que habéis de tomar ha de ser en rogar a Dios que le de buena esposa, porque él es muy joven por ahora. Quiera nuestro Señor Jesucristo que en el saber sea viejo.
Cada uno debe tomar el estado que Dios le diere.
Los padres y las madres no deben tomar ahora tantos trabajos y congojas, a no ser para pedir a Dios que les dé estado de gracia a todos y a todas, como Dios quisiere.

Uno se casará y el otro cantará Misa, y en esto que digo yo no sé nada y es Dios quien sabe todo.

Quiera nuestro Señor Jesucristo dar cumplimiento a vuestros deseos y como nuestro Señor Jesucristo sea más servido. Nuestro Señor Jesucristo sabe mejor lo que ha de hacer con vuestros hijos e hijas, y todo lo que nuestro Señor Jesucristo hiciere, lo habéis de dar por hecho y lo habéis de tomar por bueno.

Confesemos los pecados y hagamos penitencia de ellos, porque los bienes que los hombres hacen no son suyos, sino de Dios. A Dios la gloria, honra y alabanza, pues todo es suyo. Amén Jesús.

Quiera nuestro Señor Jesucristo que lo que vos hiciéreis y vuestros hijos e hijas, todo sea para servicio de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Virgen María. Que nuestro Señor Jesucristo no permita que hagáis cosa que a El no sea agradable.

Vuestro menor hermano Juan de Dios, si Dios quisiere muriendo, mas empero callando y en Dios esperando, el que desea la salvación de todos como la suya misma. Amén Jesús.

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Cartas de San Juan de Dios

Lunes, 14 noviembre 2011, 2:58 | Categoría : Información

CARTA 1ª A LA DUQUESA DE SESA.

Destinatario:
Dª María de Mendoza, Duquesa de Sesa.

Motivación:
Agradecer su generosidad y suplicarle nuevas limosnas para sus actuales necesidades.

Contenido:
Se empeña en tres ducados por asistir a los pobres en Alcaudete.

Los ángeles tienen asentada su limosna en el libro de la vida. Anillo. Alba y candeleros.

El buen Duque regresará con salud de alma y cuerpo.

Recomienda a la Duquesa:
Permanecer en oración.
Acudir a la Pasión de Cristo en sus desconsuelos.

Suplica de su generosidad, por medio de Angulo:
Ayuda para arreglar la casa.
Ayuda para socorrer a unas pobres doncellas en Córdoba.

Con humilde saludo recuerda a todos los servidores de su casa.

CARTA 1ª A LA DUQUESA DE SESA.

Esta carta sea dada a la muy noble y virtuosa señora doña María de Mendoza, Duquesa de Sesa, esposa del generoso señor don Gonzalo Fernández de Córdoba, virtuoso y buen caballero de nuestro Señor Jesucristo, deseosa de servirle. Amén Jesús. Sea dada en su propia mano en Cabra (Córdoba), o donde estuviere. Amén Jesús.

En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María.

Sea Dios preferido a todas las cosas del mundo. Amén Jesús.

Dios os salve, hermana muy amada en Jesucristo, la buena Duquesa de Sesa, a vos y a todos los de vuestra compañía y a cuantos Dios quisiere y mandare. Amén Jesús.

La presente será, virtuosa Duquesa, para haceros saber como tan pronto me separé de vos, vine a Alcaudete (Jaén) para ver a doña Francisca, y de allí me dirigí a Alcalá la Real (Jaén), donde estuve muy enfermo cuatro días.

Me empeñé en tres ducados para socorrer a ciertos pobres muy necesitados, porque hallé todos los principales de Alcalá muy revueltos contra el Corregidor. Una vez curado salí para Granada, sin pedir en Alcalá. ¡Dios sabe la necesidad con que me esperaban los pobres!

Hermana mía en Jesucristo, la buena Duquesa, la limosna que me hicisteis y los ángeles la tienen asentada en el libro de la vida. El anillo está bien empleado, que dos pobres llagados hice vestir y compré una manta con lo que me dieron por él. Esta limosna está delante de Jesucristo rogando por vos. El alba y los candeleros puse luego sobre el altar en vuestro nombre, para que alcancéis parte en todas las misas y oraciones que aquí se dijeren. Quiera nuestro Señor daros por ello el galardón en el cielo.
Dios os pague el buen recibimiento que me hicisteis vos y todos los de vuestra casa. Dios reciba vuestra alma en el cielo y la de todos cuantos hay en esa casa.

Mucho tengo que agradecer a todos los señores de Andalucía y Castilla, pero mucho más al buen Duque de Sesa y a todas sus cosas; mucha es y muy grande la caridad que de su casa he recibido y de todas sus cosas. Dios se lo pague cuantas veces me ha sacado de apuros y desempeñado.
Quiera nuestro Señor Jesucristo traerle con bien y le dé hijos de bendición.

Buena Duquesa, lo que me encomendásteis, ya me entendéis, siempre lo he tenido en la memoria. Sea Dios preferido a todas las cosas del mundo, confiando sólo en Jesucristo , que es la perfecta certidumbre.

Digo yo, Juan de Dios, si Dios quisiere, que con la ayuda del Señor el Duque vendrá muy pronto y con salud de alma y cuerpo; cuando llegue, le preguntaréis lo que yo os dije y veréis si es verdad.

Confiad solo en Jesucristo: ¡Maldito el hombre que confía del hombre!, de los hombres has de ser desamparado, que quieras que no, mas de Jesucristo no, que es fiel y durable: todo perece excepto las buenas obras.

Siempre, buena Duquesa, andad a duerme y vela el pie en el estribo, pues estamos si bien lo miramos, en una continua guerra con el mundo, el diablo y la carne, y siempre es necesario que miremos por nosotros; pues no sabemos la hora que llamarán a la puerta de nuestra alma, y cual nos hallaren, tal nos juzgarán.

Cuando os fuéreis a acostar, buena Duquesa, signaros y santiguaros. Reafirmaros en la fe diciendo el Credo, Páter Nóster, Ave María y Salve Regina, que son las cuatro oraciones que manda decir la Santa Madre Iglesia; mandad que las digan todas vuestras doncellas y criadas, yo creo que siempre las mandáis que las digan, pues ya les vi decir la doctrina cristiana cuando estuve allí.

Muy desconsolada estaréis, hermana mía, la buena Duquesa de Sesa, que me han dicho que se marcharon don Álvaro y don Bernardino: Jesucristo vaya con sus almas y los guíe con bien a la presencia de vuestra virtuosa y humilde doña María de Mendoza. No estéis desconsolada, consoláos con sólo Jesucristo. No querráis consuelo en esta vida, sino en el cielo, y si Dios os le quisiera dar aquí, dadle siempre gracias por ello.

Cuando os viéreis apasionada, recurrid a la Pasión del Señor y a sus preciosas llagas y sentiréis gran consolación. Mirad toda su vida, ¿qué fue sino trabajos, para darnos ejemplos? De día predicaba y de noche oraba; pues nosotros, pecadorcitos y gusanitos, ¡para qué queremos descanso ni riqueza, pues aunque tuviéramos todo el mundo por nuestro, no nos haríamos un punto mejores, ni nos contentaríamos con más que tuviésemos! Sólo aquel está contento que, despreciadas todas las cosas, ama a Jesucristo. Dándolo todo por el todo, que es Jesucristo, como vos lo dais y lo queréis dar, buena Duquesa, mostráis que queréis más a Jesucristo que a todo el mundo, confiando siempre en Él y por Él queréis a todos para que se salven.

¡Oh, buena Duquesa! Como la casta tortolica estáis sola y apartada en esa villa, fuera de la conversación de la Corte, esperando al buen Duque, vuestro generoso y humilde marido, en continuas oraciones y limosnas, haciendo siempre caridad, porque le alcance parte a vuestro virtuoso marido, el buen Duque de Sesa, y le guarde Cristo el cuerpo de peligro y el alma de pecado. Quiera Dios traerle presto a vuestra presencia y os de hijos de bendición, para que siempre le sirváis, le améis y le ofrezcáis el fruto que os diere para que de ello se sirva.

Mucho os debe el Duque, pues siempre rogáis por él, y tenéis tanto cuidado y trabajo en sustentar la casa. Ahí cumplís las obras de misericordia, dando de comer y de vestir. Unos son viejos y otros son jóvenes, y ¿dónde irán sin vos, esas doncellas y dueñas, las huérfanas y viudas? Todos están obligados a serviros y seros leales, y vos a hacerles el bien, que Dios a todos quiere.

Si mirásemos cuan grande es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer bien mientras pudiésemos, ya que dando nosotros por su amor lo que Él nos da, nos promete el ciento por uno en la bienaventuranza, ¡oh bienaventurado logro y usura!, ¿Quién no da lo que tiene a este bendito mercader, pues hace con nosotros tan buen negocio y nos ruega los brazos abiertos, que nos convirtamos y lloremos nuestros pecados, y hagamos caridad, primero a nuestras almas y después a los prójimos?, porque así como el alma mata el fuego, así la caridad al pecado.

Hermana mía en Jesucristo, habéis de saber que estoy en gran trabajo, como mi compañero Angulo os lo puede decir; estoy renovando toda la casa, que estaba muy perdida y llena de goteras, y con esta obra me hallo en gran necesidad. Por esto, he decidido escribir a Zafra (Badajoz), al Conde de Feria y Duque de Arcos, ya que está allá el Maestro Ávila, que será buen intercesor y me enviarán algún socorro para salir de apuros: pienso que lo harán con ayuda de Jesucristo.

Hermana mía, siempre os causo molestias, mas yo espero en Dios que algún día os será descanso para vuestra alma. Quiero comunicaros que el otro día, cuando estuve en Córdoba, caminando por la ciudad, hallé una casa con gran necesidad, en la que habitaban dos doncellas que tenían al padre y la madre enfermos en la cama, tullidos diez años hacía. Tan pobres y maltratados los vi, que me quebraron el corazón. Estaban desnudos, llenos de miseria, y con unos haces de paja por cama. Socorrílos con lo que pude, porque andaba deprisa negociando con el Maestro Ávila, más no les di como yo quisiera. El Maestro Ávila me mandó salir en seguida, y que me volviese a Granada. Con estas prisas dejé encomendados estos pobres a ciertas personas y pusierónlo en olvido, o porque no quisieron o no pudieron más. Me han escrito una carta que me han hecho quebrar el corazón de lo que me enviaban a decir.

Yo estoy en tanta necesidad, que el día que debo pagar a los que trabajan, se quedan algunos pobres sin comer. Dios lo sabe y os lo manifieste, que no me hallé sino con un real, que di a Angulo para el camino. Buena Duquesa, yo quiero, si Dios fuere servido, que ganéis vos esa limosna que aquéllos perdieron, que son cuatro ducados: los tres para aquéllas pobres que compren dos mantas y dos faldellines, que más vale un alma que todos los tesoros del mundo, y no pequen aquéllas doncellas por tan poca cosa; el otro ducado será para Angulo, mi compañero, con el cual vaya a Zafra y vuelva, que lo estoy esperando hasta que venga con algún socorro. Más obligada sois a vuestros vasallos que no a los extraños, más dar acá o dar allá, todo es ganar: mientras más moros, más ganancia. Si no tuviérais con que poder hacer la limosna volverá Angulo a vender dos cahices de trigo a Alcaudete, y si se la diéreis, ya sabe él lo que debe hacer y donde viven aquéllas pobres.

Hermana mía, daréis gracias y mis saludos al ama vuestra en Valladolid, a todas esas doncellas, a la que canta y a todas las de la casa, también a mosén Juan.

Nuestro Señor Jesucristo os guarde, mi buena Duquesa. Vuestro menor y desobediente hermano, Juan de Dios, si Dios quisiere muriendo, más empero callando y en Dios esperando, el que desea la salvación de todos como la suya misma. Amén Jesús.

Buena Duquesa, si le diéreis esa limosna, dadle una carta de dos renglones para que me la traiga y sepa si la hicisteis, y al trigo su tiempo le vendrá. Despachadlo presto a Angulo, con lo que Dios quisiere y mandare y vos le dieréis. Amén Jesús.

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Cartas de San Juan de Dios

Lunes, 14 noviembre 2011, 2:54 | Categoría : Información

CARTA A GUTIERRE LASSO

Destinatario:
Gutierre Lasso de la Vega.

Motivación:
Encargarle de la venta de una heredad cedida al Hospital.

Contenido:
Da una lista detallada de sus necesidades:
Enumera las clases de enfermos atendidos.
Los remedios que son prestados.

Sufrimientos de su corazón y confianza en Dios:
Deudas que oprimen su Hospital.
Jesucristo es el amigo fiel que nunca abandona.

Le aconseja la ayuda mutua de unos para con otros:
Por diversos caminos al mismo fin.
Le suplica una oración para poder cumplir sus obligaciones.

Expresa su agradecimiento por el buen recibimiento de que fue objeto en su casa.
Le encomienda la venta de una renta cedida al Hospital:
Tenía gran necesidad del dinero y el interés era muy pequeño.
Para ayudar al bienhechor por su obra buena.

Le recomienda la caridad para con los necesitados.

Carta 1ª A GUTIERREZ LASSO

Esta carta sea dada al muy noble, virtuoso y generoso Caballero de Nuestro Señor Jesucristo Gutierre Lasso, esclavo de nuestro Señor Jesucristo y deseoso de servirle, amén Jesús.

En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María.

Sea Dios preferido a todas las cosas del mundo, amén Jesús.

Dios os salve, hermano mío muy amado y querido en Jesucristo. La presente será para haceros saber como estoy muy preocupado y con mucha necesidad, gracias a nuestro Señor Jesucristo por todo ello; porque habéis de saber, hermano mío muy amado y querido en Cristo Jesús, que son tantos los pobres que vienen aquí, que yo mismo muchas veces me asombro, cómo se pueden sustentar; mas Jesucristo lo prevé todo y los da de comer; ya que solamente de leña son necesarios siete u ocho reales cada día; porque, como la Ciudad es muy grande y muy fría, especialmente ahora en invierno, son muchos los pobres que vienen a esta Casa de Dios; porque entre todos, enfermos y sanos, gente de servicio y peregrinos, hay más de ciento diez. Siendo esta Casa general, se reciben en ella de todas las enfermedades y a toda clase de gentes; hay aquí tullidos, mancos, leprosos, mudos, locos, paralítico, tiñosos y otros muy viejos y muchos niños; y además de éstos, otros muchos peregrinos y viandantes que aquí vienen; les dan fuego, agua, sal y vasijas para guisar la comida; para todo esto no hay renta, más Jesucristo lo prevé todo, porque no hay día que no sean necesarios, para la provisión de la Casa, cuatro ducados y medio, y aun a veces cinco; todo esto para pan, carne, gallinas y leña, sin las medicinas y los vestidos que es otro gasto aparte. El día que no se encuentra tanta limosna, que baste a proveer lo dicho, tómolo fiado y otras veces ayunan.

Por lo cual estoy aquí empeñado y preocupado por sólo Jesucristo, pues debo más de doscientos ducados de camisas, capotes, zapatos, sábanas, mantas y de otras muchas cosas que son necesarias en esta Casa de Dios, y también para la educación de niños que aquí dejan. Por lo cual, hermano mío muy amado y querido en Cristo Jesús, viéndome tan empeñado, que muchas veces no salgo de casa por las deudas que debo; viendo padecer tantos pobres, mis hermanos y prójimos, y con tantas necesidades, tanto del cuerpo como del alma, como no los puedo socorrer estoy muy triste; no obstante confío en Jesucristo, que El me librará de las deudas, pues conoce mi corazón. Y así digo, que ¡maldito el hombre que se fía de los hombres!, sino sólo de Jesucristo; de los hombres has de ser separado, quieras o no, mas Jesucristo es fiel y durable: Jesucristo lo prevé todo, a El sean dadas las gracias por siempre jamás, amén Jesús.

Hermano muy amado y querido en Cristo Jesús, he querido daros cuenta de mis trabajos porque sé que os doléis de ellos, como yo haría de los vuestros; porque sé que queréis bien a Jesucristo y os doléis de sus hijos, los pobres; por ellos os doy cuenta de sus necesidades y mías, pues todos tiramos a un blanco, aunque cada uno va por su camino, como Dios es servido y le dirige; por lo cual es razonable que nos esforcemos los unos a los otros.

Por tanto, hermano mío muy amado en Jesucristo, no dejéis de rogar por mí, que me dé gracia y fuerza para que pueda resistir y vencer al mundo, al diablo y a la carne, y me dé humildad, paciencia y caridad con mis prójimos, me deje confesar todos mis pecados y obedecer a mi confesor, despreciarme a mí mismo y amar solo a Jesucristo ; tener y creer todo como lo tiene y cree la Santa Madre Iglesia, así lo tengo yo y creo verdaderamente; de aquí no salgo, echo mi sello y cierro con mi llave.

Hermano mío en Jesucristo, mucho descanso en escribiros, porque me imagino que estoy hablando con vos y os doy cuenta de mis trabajos; pues sé que los sentís como yo lo he visto por vuestras obras, ya que dos veces he estado en esa ciudad me habéis hecho un gran recibimiento y me habéis demostrado gran voluntad. Nuestro Señor Jesucristo os pague en el Cielo la buena obra que por El hicísteis, por los pobres y por mí; Jesucristo os lo pague, amén Jesús.

Hermano mío en Jesucristo, dad mis recuerdos a toda vuestra casa de mi parte, y a vuestros muy amados hijos, especialmente al Maestre-Escuela, mi amado hermano en Jesucristo, y al buen padre y hermano mío en Jesucristo el Obispo; a doña Catalina, mi huéspeda y hermana en Jesucristo, y a todos los demás, a cuantos vos quisiéreis, amén Jesús.

Hermano mío en Jesucristo, os envío ese joven, que la presente lleva, acerca de un muchacho que murió en este Hospital, natural de la ciudad de Málaga, que dejó ciertos bienes a esta Casa sobre una heredad de viña o censo, de lo cual os podrá informar mejor él, porque lo ha negociado desde el principio. Yo quiero que se venda, porque tengo mucha necesidad del dinero, y es poco el tributo para irlo a cobrar cada año; por lo tanto, por amor de nuestro Señor Jesucristo, si supiéreis quién lo quiera comprar, vendedlo, de tal forma, que no pierda el que lo compre, ni los pobres, y sea con toda brevedad; para que el que la presente lleva, se vuelva luego con el dinero, ya que es persona de quien me fío y lleva todo mi poder y las obligaciones que de allá trajo. Perdonadme que os dé tanto trabajo, que algún día os será descanso en el Cielo; por amor de nuestro Señor Jesucristo os encomiendo este negocio, ya que con el dinero que traiga, compraré algunos vestidos a los pobres para que rueguen a Dios por el alma del que los dejó, y para pagar carne y aceite, pues ya no me quieren fiar, porque debo mucho; los mantengo, diciéndoles que pronto me traerán dinero de Málaga.

No quiero pediros ahora limosna, porque sé que hay ahí muchos pobres a quienes hacer bien, sino que pido a nuestro Señor os dé la salvación del alma, que en esta vida llena de miserias el buen vivir es la llave de aquel, que salvarse sabe, pues todo lo demás es nada.

Vuestro desobediente y menor hermano Juan de Dios, si Dios quisiere muriendo, mas empero callando y en Dios esperando; el que desea la salvación de todos como la suya, amén Jesús.
Granada a ocho de Enero de 1550.

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Fallecimiento de D. Manuel Alemán Alemán, padre de Doña Belén Alemán Torres, Decurión de nuestra Orden y suegro de D. Pedro José Maldonado Ortega, Caballero Cronista

Miércoles, 9 noviembre 2011, 0:49 | Categoría : Información

Ha fallecido don Manuel Alemán Alemán, (D.E.P.), padre de doña Belén Alemán, Decurión, esposa del Caballero don Pedro José Maldonado, Cronista
Por Antonio Manuel Alaminos López | Categoría : Blog, Información, Opinión 
Ha fallecido don Manuel Alemán Alemán, (D.E.P.), padre de doña Belén Alemán, Decurión, tan unida al Centro San Rafael y a la Orden, esposa del Caballero don Pedro José Maldonado, Cronista, y nuera del Caballero Fundador don José Maldonado, Vicesecretario.

El finado se encuentra en la sala nº 10 del Cementerio de San José en Granada.

La hora del sepelio está fijado a las 13 horas del día de mañana, miércoles 9 de noviembre.

Se ruega una oración por el eterno descanso de don Manuel.

Pedro J. Maldonado Ortega Yfo, Caballero Cronista.

DEUS CHARITAS EST

Por Pedro.Jose.Maldonado | Comentarios desactivados