Cartas de San Juan de Dios

Lunes, 14 noviembre 2011, 3:01 | Categoría : Información

CARTA A LUIS BAUTISTA

Destinatario:
El joven Luis Bautista.

Motivo:
Aconsejarle respecto a la toma de estado de vida en el servicio de los pobres

Contenido:
Le aconseja la vida de penitencia corporal y sufrir por amor de Dios, a fin de ser fuerte en la guarda de la castidad, para despojarse del amor propio y obedecer con diligencia.
Y en especial, amar a Dios sobre todas las cosas del mundo.

CARTA A LUIS BAUTISTA

En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María.

Sea Dios preferido a todas las cosas del mundo.

Recibí la carta que me escribisteis desde Jaén, de cuyo recibo me alegré muy mucho, aunque disminuyó un poco mi contento el saber el dolor de muelas que habéis padecido, porque todo vuestro mal me hace sufrir y vuestro bien me alegra.

Me decís que no habéis hallado ninguna solución ahí para lo que buscábais y que deseáis ir a Valencia. Vos veréis lo que hacéis. Por la prisa que tengo para que salga esta carta, no me queda tiempo de encomendarlo a Dios, pues es preciso encomendarlo a nuestro Señor Jesucristo con tiempo, para poder daros algún consejo. Pues sé lo flaco que sois muchas veces, en especial lo que respecta al trato con las mujeres, no sé si será bueno el traeros aquí, pues Pedro no se ha ido, ni sé cuando se irá, por más que dice que se quiere ir. Si estuviese seguro que aquí hallariais provecho para vuestra alma y para la de todos, os mandaría venir en seguida, pero me da miedo, no ocurra lo contrario. Por lo cual, creo que será mejor pasar algunos días estrechez hasta que vengáis decidido a sujetaros a trabajos y días de mucho padecer, empleados en hacer todo el bien que se pueda. Mas, por otro lado, me parece que si os habéis de perder, es mejor que no vengáis. Pero en esto, Dios sabe lo mejor y la verdad.

Por eso, me parece que lo más conveniente es que, antes de salir de esa ciudad, lo encomendéis mucho a nuestro Señor Jesucristo, y yo haga aquí lo mismo, pues ambos nos encontramos dudosos de lo que debemos hacer, para que Dios, que es la Sabiduría y el Remedio, nos dé remedio y consejo a todos para distinguir el mal y el bien. Para más seguridad, escribidme a menudo. Mientras, informaros ahí de los peregrinos que pasan de un lado para otro y os dirán cómo está Valencia, pues a mí muchas veces me hacen dudar, como a hombre sin luces. Pero, si después de informaros bien, conocéis que os habéis de perder, lo mejor es que volváis aquí o a Sevilla, donde nuestro Señor más os inclinare. Si vais a Valencia, visitad el cuerpo de San Vicente Ferrer.

Y, pues, me parece que andáis como piedra movediza y como barca sin remo, será conveniente que comencéis a rasgar un poco vuestras carnes y a sufrir un poco, pasando hambre, sed, deshonras, cansancios, angustias, trabajos y sinsabores por amor de Dios, dándole gracias por el bien y por el mal.

Acordáos de nuestro Señor Jesucristo y de su bendita Pasión, que volvió, por el mal que le hacían, bien. Así habéis de hacer vos, hijo mío Bautista, cuando vengáis a la casa de Dios. Que si acá venís, habéis de sufrir todo esto por amor de Dios, y habéis de obedecer mucho, y padecer mucho más de lo que habéis trabajado y desvelaros en curar a los pobres y enfermos, y todo por amor de Dios.

Pensad que ya va siendo hora de que os decidáis a tomar estado. Ya sabéis que aquí tenéis la puerta abierta, y me agradaría veros venir muy mejorado, como a hijo y hermano. Mas acordáos que si venís, habéis de venir de veras y os habéis de guardar mucho de las mujeres, como del diablo, y debéis de ofrecer algún fruto a Dios, abandonando las malas costumbres. Acordáos de San Bartolomé: que lo desollaron y llevó la piel a cuestas. Si venís, ha de ser para trabajar de verdad, no para pasar el tiempo, pues al hijo más querido se le dan mayores trabajos. Todos los días de vuestra vida vivid con Dios; oid misa entera siempre, confesáos a menudo, si es posible, y no durmáis en pecado mortal ninguna noche. Amad a nuestro Señor Jesucristo sobre todas las cosas del mundo, que por mucho que vos le améis, mucho más os ama Él. Tened siempre caridad, que donde no hay caridad no hay Dios, aunque Dios en todo lugar está.

No me critiquéis por esta carta, pues no tengo tiempo para escribiros despacio.

De la venida, haced lo que mejor os parezca. No sé si el Señor será servido que vengáis a esta casa tan pronto como deseamos, o si quiere que sufráis por ahí. Si preferís ahora correr un poco de mundo buscando aventuras, lo mismo que los que marchan a las Indias, haced lo que Dios os inspire y veáis que ha de ser mejor servido. Pero no dejéis de escribirme desde donde estéis.

En cuanto pueda iré a dar vuestros saludos a Lebrija. Vuestra carta ya se la llevé a Bautista a la cárcel, y se alegró mucho con ella. Le dije que contestara en seguida para enviar la carta; ahora iré a ver si ha escrito, para enviarla. Recibid saludos de todos. Ya di los vuestros a chicos y a grandes, y a la Ortiza, y a Miguel. Dice Pedro que si venís, viviréis con él hasta que se vaya. Y si se queda, lo mismo. Por ésta ya no me queda más que deciros, sino que Dios os salve y guarde, y os encamine en su santo servicio, lo mismo que a todos los hombres.

Ceso, y no de rogar por vos y por todos. Como última observación os digo que me ha ido muy bien con el rezo del rosario, y, si Dios quiere, lo rezaré siempre que pueda. Os repito que si veis que en ese viaje os habéis de perder, haced lo que os parezca más conveniente. Antes de salir de esa ciudad, manda decir algunas misas al Espíritu Santo y a los Reyes, si tenéis con qué. Y si no, basta con la buena voluntad. Y si esto no es suficiente, baste la gracia de Dios.

Contadme todo lo que pasa por ahí. Con ésta os envío una carta cerrada, que me pidieron que os la entregara. No la he abierto para seros leal, ni estoy seguro si es para vos o para Bautista el de la cárcel. Si es para el de la cárcel, en cuanto la hayàis leído, me la devolvéis, para dársela. Si Bautista ha escrito su carta, os la mandaré con estas dos. Ahora, quedáos con Dios, y andad con Él.

El hermano menor de todos, Juan de Dios, si Dios quisiere muriendo, mas empero callando y en Dios esperando, esclavo de nuestro Señor Jesucristo, deseoso de servirle. Amén Jesús. Aunque no soy tan buen servidor como otros, pues muchas veces le ofendo y le soy traidor, me pesa muchísimo por ello, aunque mucho más me había de pesar.

Dios me quiera perdonar a mí, y a todo el mundo quiera salvar.

Por Juan José Hernández Torres | Comentarios desactivados

Los comentarios están cerrados