CAPITULO VI

Jueves, 13 marzo 2008, 16:30 | Categoría : Información

VENDEDOR DE LIBROS

Cuando tuvo una pequeña fortuna, poca, porque nunca fue rico ni llegaría a serlo, por su propia forma de ser, compró algunas estampas y libros religiosos, para volver a venderlos y poder vivir de esta manera más tranquilo y sosegado. Iba pregonando sus libros a la manera de vendedor ambulante pero como también tenía algunos libros profanos, cuando alguien se acercaba a comprarle, él le insistía en los libros religiosos, en las cartillas de la doctrina cristiana y las estampas, pregonaba y vendía con tanta gracia y soltura que muchos yendo a comprar unos, salían con otros más constructivos y edificantes y de esta manera procuraba el bien espiritual de las gentes y aumentaba sus bienes materiales.

Pero como le pareció mucho trabajo andar siempre con el hatillo a cuestas de lugar en lugar y desde luego en Gibraltar no se podía instalar como vendedor fijo, determinó dejar esa forma de vida y se encaminó hacia Andalucía con la idea de poner una tienda estable en alguna de sus ciudades.

Lo cierto es que el Señor no se deja vencer en generosidad y cuando alguien decide seriamente buscarlo para servirle, Él le va conduciendo por los caminos que considera oportunos, hasta colocarle en el sitio en que pueda dar rienda suelta a sus deseos.

Y Juan era sincero. Buscaba seriamente al Señor, aunque no tenía nada claro, pero como le oiremos más tarde decir en sus cartas: “Confiad siempre en el Señor”. Él tenía la sensación que el Señor le ayudaría y mostraría su voluntad, se iba fraguando en él la confianza, la certeza de que Dios no abandona “Jesucristo es fiel y durable” por eso continúa su búsqueda, espera la señal.

Por Juan José Hernández Torres | Comentarios desactivados

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