CAPITULOS XII Y XIII

Martes, 18 marzo 2008, 18:13 | Categoría : Información

SALIDA DEL HOSPITAL REAL (1538-1539)

Habían pasado cuatro meses desde que Juan entrara en el hospital. Era el 16 de mayo de 1538, una fecha célebre para la historia de España y de Granada. La Emperatriz Isabel, esposa de Carlos V había muerto y la traían para ser enterrada en Granada, en la Capilla Real. Junto al féretro y como testigo extraordinario, el Marqués de Lombay y virrey de Cataluña, Francisco de Borja, Notario Mayor del Reino.

Juan de Dios, sentado en la puerta del hospital, pensando en sus quehaceres, ve pasar el cortejo: Nobles, Clérigos y un sin fin de personas que lo acompañan. Juan se entera de lo sucedido y que su Maestro el P. Ávila viene para hacer la oración fúnebre. Encendido de fervor, Juan de Dios va a ver al mayordomo y le pide licencia para salir del hospital pues se sentía curado. El mayordomo le dice que sería mejor que se quedara unos días, hasta que se repusiera, pues estaba flaco y sin fuerzas por los muchos trabajos del hospital, pero Juan ha decidido marcharse y el mayordomo le da una carta en la que certifica su curación, se despide de todos y abandona el hospital.

Granada es un bullir de gente, la Emperatriz ha estado cuatro días expuesta, es la mañana del 19 de mayo, aún resuenan los ecos de la oración fúnebre de Juan de Ávila. Sólo queda la inspección de los restos. El Notario Mayor, Francisco de Borja, los inspecciona y ante la triste visión del cuerpo corrompido, promete no servir sino a un Señor que no se le pueda morir. Comienza aquí la historia de otro Santo: San Francisco de Borja.

Juan de Dios se encuentra brevemente con Juan de Ávila, que le anima a vivir la santidad por medio del sufrimiento y la entrega, pero sin aspavientos espectaculares, le habla de prudencia y serenidad, buscando un carácter equilibrado y le manifiesta el deseo de verle pronto en Baeza, que es su residencia habitual, ya que no se puede detener ahora por continuar sus correrías apostólicas por Andalucía. Se despiden y el corazón de Juan de Dios queda en la más absoluta serenidad y consuelo.

CAPÍTULO XIII

UNA VISITA A GUADALUPE (1539)

Tomó Juan de Dios nueva aventura, pero esta vez de rango espiritual. Va contento con su cédula de “sano” otorgada en el Hospital Real y con los buenos consejos del Maestro Juan de Ávila, al que ha acompañado hasta Baeza o ha ido a visitarle allí, no lo sabemos exactamente, ni tampoco el tiempo que permaneció en esta ciudad, probablemente cinco meses incluida la peregrinación a Guadalupe. En este tiempo asistió a la escuela que el Maestro Ávila acababa de fundar en la localidad. También allí fue objeto de la burla y risotadas de los pequeños estudiantes, pero para Juan todo esto era ganancia.

La intención del maestro Ávila era formar a su nuevo hijo espiritual, de ahí que se quedara en Baeza en el colegio y que posteriormente lo mandara a Guadalupe donde los frailes Jerónimos tenían un importante centro de estudio de la medicina.

Despojado de sí mismo, mal vestido, descalzo y descaperuzado, parte camino de tierras extremeñas, al monasterio de Guadalupe.

La tan repetida escena en la pintura, de la Virgen entregando el niño desnudo, la popular y tradicional frase “Juan aprende en este niño a vestir a los pobres” nos pueden dar a entender, que esta peregrinación es algo más que una romería de tinte espiritual. La pintura nos habla de aprendizaje más que de milagros. Juan aprendió en Guadalupe, no a vestir al Niño Jesús de manos de la Virgen, sino a vestir y cuidar a los pobres de Jesucristo, que son la viva imagen de Jesús en la tierra.

En Guadalupe aprende Juan una auténtica manera de cuidar a los enfermos, basada en la técnica pero con la caridad como telón de fondo. Acabado el aprendizaje que el maestro Ávila le había propuesto, vuelve Juan de Dios a Baeza a recibir nuevas órdenes de su maestro:

“Juan cumple que volváis a Granada donde fuísteis llamado del Señor y puesto que Él sabe vuestra intención y deseo, os encaminará el modo cómo le habéis de servir”

También le sugirió el maestro que buscara confesor en Granada para que le aconsejara en las determinaciones importantes que tendría que tomar y él mismo se ofreció para resolverle por carta cuando creyera necesario su consejo, y así se despidió de su maestro y tomó rumbo a Granada. Era la primavera de 1540.

Por Juan José Hernández Torres | Comentarios desactivados

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