CAPITULO XX

Lunes, 31 marzo 2008, 14:07 | Categoría : Información

UN JUEGO DE NAIPES, UNA BURLA, UNA LIMOSNA.

Estando en Granada el Marqués de Tarifa, D. Pedro Enríquez, disfrutando de la tarde granadina con sus amigos, en una partida de cartas, llama a la puerta Juan de Dios para pedir limosna.

El criado abre sabiendo que su señor juega a las cartas y anuncia la visita y el motivo: Juan de Dios ha venido a pedir limosna. La situación es embarazosa; unos nobles se juegan el dinero y el limosnero viene a pedírselo; miradas, alguna frase molesta, tal vez despectiva para el que espera en el portal, pero como dice el Señor en el Evangelio: ya sea por inoportuno o para que no moleste más… los jugadores conocían a Juan de Dios, el Marqués no. Cogieron de la mesa veinticinco ducados y los entregaron al criado para que los diera al limosnero que se despidió agradecido.

Continúa la partida y el Marqués propone un nuevo juego burlesco para probar al limosnero.

Espera la hora de la noche, se disfraza de mendigo y sale a la búsqueda del que había recibido los ducados; se pone ante él y le dice: “Hermano Juan, yo soy un caballero principal, forastero y pobre; estoy aquí en pleito, y tengo mucha necesidad para poder mantener la honra; estoy informado de vuestra caridad, así que os ruego me socorráis, porque viéndome en esta situación, no quiero cometer un desatino y ofender a Dios”.

El hermano Juan de Dios viendo las maneras de aquel hombre y lo que le había dicho, respondió: “ Doy me a Dios que os daré todo cuanto traigo”. Y echando mano a la bolsa le dio los veinticinco ducados que de él mismo había recibido antes.

Derrotado el Marqués vuelve a casa y expone a sus compañeros de juego la partida ganada por Juan de Dios.

Todos celebraron la caridad del santo que, teniendo tantos pobres a los que asistir, hubiera sido tan pródigo con sólo uno, confiando enteramente en la providencia de Dios.

Al día siguiente, el Marqués mandó a decir a Juan de Dios que no saliese, que tenía que ir a ver el Hospital. Se presentó y comenzó a burlarse de él: “¿Qué os pasó, hermano Juan, que me han dicho que os robaron anoche?” A lo que el bendito Juan de Dios respondió: “Doy me a Dios, que no me robaron”.

Cruzaron entre ellos palabras entre broma y risa, y el Marqués terminó diciéndole: “Para que no podáis negar que os robaron anoche, sabed que yo tengo los veinticinco ducados, pues me los hicieron llegar. Aquí los tenéis, son vuestros, y tomad estos ciento cincuenta escudos de oro que os doy yo de limosnas, y mirad otro día cómo andáis.”

Mandó que le trajeran ciento cincuenta panes, cuatro carneros y ocho gallinas, ración que le dieron a Juan de Dios mientras el Marqués estuvo en Granada.

Se fue el Marqués del Hospital muy conmovido por la cantidad de pobres y enfermos de todas clases que había en el hospital y de la caridad y esmero con que allí los trataban.

Por Juan José Hernández Torres | Comentarios desactivados

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