CAPITULO XXI

Lunes, 31 marzo 2008, 14:08 | Categoría : Información

LA CARIDAD DE JUAN DE DIOS

Castro nos cuenta en el libro de su vida, el cual vamos siguiendo, una serie de hechos escuetos, dice él que por razón de brevedad “Y de estas obras se podían referir muchas que por razón de brevedad se dejan. Sólo diré que quien entrara en su hospital, bien manifiestamente viera la gran caridad de este hombre”.

Tenía su biógrafo prisa por terminar su obra, o no quería que se le olvidaran los hechos o tal vez deseaba ardientemente que la vida de Juan de Dios fuera conocida enseguida por todos, y él se apresuraba a escribir, de ahí que lo condensara todo sea como fuere. Pienso que este hombre adoraba a Juan de Dios, sentía por él una admiración extraordinaria, como la podemos sentir los que vivimos en su casa, junto a sus restos o nos acercamos un poco a los datos de su vida.

Nos cuenta en unos cuantos párrafos una serie de acciones de caridad que, realmente dibujan a San Juan de Dios como el hombre más práctico, concreto y realista en lo que a la Caridad se refiere; lo transcribo literalmente porque no tiene desperdicio:

“Sólo diré, que quien entrara en su hospital, bien manifiestamente viera la gran caridad de este hombre. Porque en él viera que se curaban pobres de todo género de enfermedades, hombres y mujeres, sin desechar a nadie, de calenturas, bubas, llagados, tullidos, incurables, heridos, desamparados, niños tiñosos y que hacía criar muchos que le echaban a la puerta, locos y simples, sin los estudiantes que mantenía, y vergonzantes en sus casas, como queda dicho.

Proveyó también una cosa de gran socorro, que fue labrar una cocina para los mendigantes y peregrinos, para que sólo se acogiesen de noche a dormir y se amparasen del frío; tan capaz y de tal suerte labrada, que cabían holgadamente más de doscientos pobres y todos gozaban del calor de la lumbre que estaba en medio y para todos había poyos en que durmiesen, unos en colchones, otros en zarzos de anea y otros en esteras, como tenían la necesidad, como hoy día se hace en su hospital; conque demás de la caridad que les hacía, excusaba muchas ofensas de nuestro Señor, en buscarlos por las plazas, y quitar que no estuviesen juntos hombres con mujeres; y algunos los traía por fuerza allí, y las mujeres ponía por sí, y con esto limpiaba las plazas de esta gente perdida”.

¿Se puede pedir más? ¿Puede haber caridad más concreta que ésta?.

Estamos ante una de las características más sobresalientes de San Juan de Dios, la concreción de su caridad.

Es de notar que su concepto y vivencia personal de la caridad sean captados por la apreciación y el sentimiento popular, despertando en los mismos, atractivo y provecho cristiano y es que el pueblo y él coinciden en la mutua necesidad y deseo de patentizar la acción misericordiosa de Dios con los pobres, desprovista de ambigüedades y similitudes sustitutorias.

No es una caridad teórica, ni un pensamiento de cómo hay que hacer las cosas. Juan de Dios hace. De su interior brota una manera de hacer, como lo haría el mismo Dios, porque su experiencia del amor de Dios, su cercanía con Él le hacen obrar de esta manera que sólo es peculiar en Dios.

Su mente y su corazón habitualmente actuaban elevados hacia Dios y así lo exteriorizaba de manera natural puesto que lo sorprenden hasta cuando va por las calles entregado a sus actos caritativos. Uno de los testigos que le observaba dice que “se le veía que andaba como endiosado”.

Su vivir la presencia de Dios, su unión con Él en los actos y circunstancias de su vida tiene evidentes manifestaciones demostrativas, quedando reflejada incluso en su exterior.

Es a Dios y su acción en directo lo que el pueblo mira, lo que ve en Juan y éste les trae en su nombre, la patente nueva forma de amar, de actuar, de comportarse con el hermano, con el semejante atribulado.

Juan de Dios desempaña, limpia la caridad un poco oxidada por el pasar de los siglos y la presenta en su más cruda realidad, en su esplendor inicial, con la fuerza fundante del mandato de amor de Cristo.

Por Juan José Hernández Torres | Comentarios desactivados

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