CAPITULO XXVIII

Lunes, 7 abril 2008, 14:02 | Categoría : Información

SE DESVENCIJÓ (1550)

Eran tantos los trabajos en los que Juan de Dios se ocupaba para dar remedio a las necesidades de todos, y tantos fríos en salidas a pedir limosnas y socorrer a los pobres de la ciudad, que “se desvencijó”.

Una enfermedad de cansancio, poco dormir y mucho trabajar, pasando hambre y frío, sin descanso alguno; en la que sufría grandes dolores sin darlos a conocer, para no causar pena a sus pobres y a quienes ayudaba, pero estaba flaco, debilitado y sin fuerzas. Su cuerpo estaba acabado pero su amor al prójimo estaba en su máximo esplendor.

Le avisan que el río Genil viene en crecida y arrastra multitud de leña. Sin pensarlo dos veces, ni reparar en su quebrantado estado de salud, se echa a la calle con toda la gente de su Hospital que puede, la leña le vendría muy bien para calentar a sus pobres en aquel crudo invierno de 1550.

Ya en la orilla del Genil, un mozuelo se mete en el río más de la cuenta para sacar las cepas y la leña que el río arrastraba, pero la corriente era más fuerte que sus fuerzas y tiró de él. Juan de Dios lo ve y no puede estarse quieto, si a otros los había salvado del fuego, a éste lo salvaría de las aguas, pero no, ya estaba desvencijado y el frío de las aguas quebrantó completamente su salud, no pudiendo salvar a aquel pobre que se ahogó.

La enfermedad que tenía, mas la tristeza del suceso, y las ropas heladas en su cuerpo, pusieron fin a sus fuerzas y cayó en la enfermedad de la que ya no saldría.

Por Juan José Hernández Torres | Comentarios desactivados

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