UN JUEGO DE NAIPES, UNA BURLA, UNA LIMOSNA.
Estando en Granada el Marqués de Tarifa, D. Pedro Enríquez, disfrutando de la tarde granadina con sus amigos, en una partida de cartas, llama a la puerta Juan de Dios para pedir limosna.
El criado abre sabiendo que su señor juega a las cartas y anuncia la visita y el motivo: Juan de Dios ha venido a pedir limosna. La situación es embarazosa; unos nobles se juegan el dinero y el limosnero viene a pedírselo; miradas, alguna frase molesta, tal vez despectiva para el que espera en el portal, pero como dice el Señor en el Evangelio: ya sea por inoportuno o para que no moleste más… los jugadores conocían a Juan de Dios, el Marqués no. Cogieron de la mesa veinticinco ducados y los entregaron al criado para que los diera al limosnero que se despidió agradecido.
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