EL PRÓXIMO DÍA 26 DE JULIO EL GRAN MAESTRE CONSTITUIRÁ LA TERCIA DE BADAJOZ

El próximo día 26 de los corrientes el Gran Maestre constituirá la Tercia de los Caballeros y Damas de la Orden del Santo Sepulcro y Basílica de San Juan de Dios en Badajoz, que ya vienen reuniéndose con periodicidad en la ciudad extremeña.

Dentro de poco habrá más información sobre la constitución de esta primera Tercia, en este blog y en la web de la Orden.

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Por otro parte informar que gran número de distintas Corporaciones de Caballeros y Damas de toda España se desplazarán en Peregrinación el próximo año 2010 a la localidad de Caravaca de la Cruz (Murcia) por ser Año Santo.

(También será Año Santo Jacobeo en Santiago de Compostela)

Será el Segundo Año Santo “in perpetuum” de la Santa Cruz de Caravaca, cuya santa tradición tiene base en un hecho religioso, cuya trascendencia se remonta a más de setecientos sesenta y cinco años en la Historia de España, de la Región de Murcia y de Caravaca de la Cruz: la presencia de la Stma. y Vera Cruz en estas tierras desde el siglo XIII, cuyo origen oriental es harto comprobado, y en la que la tradición religiosa y la fe cristiana considera depositada una astilla del “Lignum Crucis” en que murió Jesucristo guardada por los caballeros Templarios y tras su desaparición por la Orden de Caballería de Santiago.

Este hecho ha supuesto el desarrollo, a lo largo de siete siglos, de un culto enraizado en el seno de la fe cristiana y admitido por la Iglesia Católica, hasta el punto de asignársele por el Vaticano (siglo XVIII) el culto de “Latría”, equivalente al tributado al Santísimo Sacramento.

Esta realidad trascendió los estrictos límites geográficos locales, comarcales, regionales e incluso nacionales, convirtiéndose Caravaca de la Cruz en un punto neurálgico y de referencia religiosa, teniendo su máximo apogeo en los siglos XVI, XVII y XVIII. Épocas en las que primó el auténtico carácter religioso de la Stma. y Vera Cruz, frente a otros atribuidos con posterioridad.

La fe generada en torno a la Santa Reliquia propició, fundamentalmente en los siglos referidos (y aún con anterioridad), verdaderas corrientes de peregrinación hacia su Castillo-Santuario desde los más diversos puntos de la geografía española, hasta tal punto que ya en pleno siglo XVI se hallaba establecido un hospital en la localidad (el del Buen Suceso), con el fin fundamental de atender a los referidos peregrinos.

A modo de muestra del valor de las referidas peregrinaciones nos pueden servir los jubileos decretados en distintos años de los siglos XVI y XVII, con motivo de las diferentes festividades de la Cruz (mayo, julio y septiembre) o la solicitud concreta que dirigía la Cofradía de la Vera Cruz en 1663 al Papa Alejandro VII, para que se pudiera admitir en la misma cofrades de cualquier lugar de España, y en la que hace referencia a los peregrinos “…que frecuentemente concurren de toda la cristiandad a adorar a esta Santa Reliquia”.

Tras un paréntesis en el tiempo en la celebración de Años Jubilares en torno a la Sagrada Reliquia, aunque no en su devoción, Su Santidad Juan Pablo II tuvo a bien conceder nuevo Año Jubilar a Caravaca de la Cruz en 1981, al conmemorarse el 750 aniversario de la aparición de la Stma. y Vera Cruz en Caravaca.

Gracia que fue nuevamente concedida a Caravaca y su Vera Cruz en 1996 por petición de la Real e Ilustre Cofradía de la Stma. y Vera Cruz. Año Santo o Año Jubilar que se celebró del 1 de enero de 1996 al 1 de enero de 1997.

Pero la noticia más grande para la ciudad y los devotos de la Vera Cruz estaba por llegar. En febrero de 1998 se comunicaba oficialmente por parte del Vaticano a la Real e Ilustre Cofradía de la Stma. y Vera Cruz la concesión In Perpetuum en torno a la Stma. y Vera Cruz de Caravaca a celebrar cada siete años, siendo el primero el 2003.

EN EL DIARIO LA RAZÓN REPORTAJE SOBRE LAS ÓRDENES ECUESTRES VATICANAS

Fuente: Diario La Razón, web del diario La Razón.

Desde la Edad Media los Pontífices han distinguido a los Defensores de la Fe.

Órdenes Ecuestres y de Caballeros: El Premio del Papa a los laicos más fieles.

La Iglesia reconoce desde el siglo XIV con las distintas Órdenes Ecuestres la labor de los laicos a favor de la Fe.

24 Junio 09 – Roma – Darío Menor

El último español en recibir una de estas distinciones ha sido Francisco Vázquez, embajador de España cerca de la Santa Sede, a quien el pasado 20 de abril le fue impuesta la Gran Cruz y la Banda de Caballero de la Orden Piana. No es ésta la primera en la jerarquía vaticana, ya que ese honor recae en la Suprema Orden de Cristo. Reservada a los reyes y jefes de Estado católicos, fue creada por el soberano portugués Dionisio I en 1319 para acoger a los supervivientes de la defenestrada Orden del Temple. El Papa Juan XXII la aprobó el 14 de marzo de aquel año con una carta apostólica, el primer documento que se conserva donde se hace mención a estas condecoraciones.

Obediencia al Papa
Los caballeros de la Suprema Orden de Cristo, que sólo contempla una clase de miembros, deben obediencia al Pontífice y al soberano de Portugal. Le sigue en la jerarquía la Orden de la Espuela de Oro o Milicia Áurica, cuya fecha de fundación se pierde en la historia y que renació con la restauración general de estas condecoraciones caballerescas decretada por el Papa san Pío X en 1905.
La tercera en lustre es la Orden Piana, creada en marzo de 1559 por el Papa Pío IV. Pío IX en 1847 y Pío XII en 1939 y 1957 la reformaron, estando hoy dedicada a premiar a los soberanos, jefes de Estado y de Gobierno y representantes del cuerpo diplomático por su labor en la Iglesia. Es costumbre que reciban este galardón los embajadores ante la Santa Sede cuando pasan unos años en este cargo. A Vázquez se le ha impuesto la máxima distinción: la Gran Cruz y la Banda de Caballero. Le siguen en importancia estas condecoraciones por separado y el título de comendador con o sin placa.
La Orden Piana precede a la de San Gregorio Magno, instituida en 1831 por el Papa Gregorio XVI en memoria de aquel Pontífice y santo. Cuenta con cuatro grados distintos para sus caballeros y damas, equiparables a los de la Orden Piana. La última en importancia de estas cofradías es la Orden de San Silvestre, tomada de la Milicia Áurica en 1841 por Gregorio XVI. Además de estas órdenes, los papas también pueden reconocer el trabajo de los laicos a favor de la Iglesia con otros dos galardones: la Cruz «Pro Ecclesia et Pontífice» y la Medalla «Benemerenti».

La Orden del Santo Sepulcro
Hay dos hermandades ecuestres distintas a las cinco anteriores: la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén y la de los Caballeros Teutónicos. Ambas gozan de la protección de la Santa Sede. La primera nació en el siglo XI con el inicio de las cruzadas, cuando fueron investidos caballeros para defender el cristianismo en Tierra Santa. Está dirigida por un gran maestre y tiene una sede en Roma y otra en Jerusalén. La Orden de Santa María Teutónica nació al mismo tiempo que la del Santo Sepulcro y se dedica hoy a las obras de caridad.
El cardenal Andrea Cordero, uno de los mayores expertos en heráldica y creador del escudo de Benedicto XVI, subraya que el ingreso en estas segundas órdenes se obtiene con el compromiso de un «empeño futuro», mientras que las primeras agradecen «méritos del pasado». «No se puede decir que exista primacía de unas sobre otras; se trata de cosas diferentes», explica.

Casi mil años de Malta
El embajador de España cerca de la Santa Sede es también el representante de nuestro país ante la Soberana Orden Militar de Malta. Esta hermandad goza de un estatuto especial, ya que el derecho internacional la reconoce como independiente. Nació en 1048 como Orden de San Juan de Jerusalén para atender a los peregrinos que llegaban a Tierra Santa. Con el fin de los estados cristianos en Oriente Medio se estableció en Chipre y Rodas hasta que el emperador Carlos V le cedió la isla de Malta. Actualmente cuenta con dos territorios en Roma: un palacio en la céntrica Vía Condotti y una villa en la colina del Aventino. La asistencia médica y humanitaria es hoy la principal actividad de la Orden de Malta, cuyo príncipe y gran maestre es el británico fray Matthew Festing.

EN EL DIARIO ABC DEL LUNES 29-6-2009, FOTO Y RESEÑA, RECORRIENDO EL CAMINO DE SAN JUAN DE DIOS

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La edición nacional del diario ABC, del lunes 29 de junio (Solemnidad de San Pedro y San Pablo y finalización del Año Paulino), ha publicado en su página 56 una fotografía y reseña titulada “Recorriendo el Camino de San Juan de Dios”.

Magnífica actividad que realizaron un numeroso grupo de miembros de la Orden (31) el sábado anterior, y recogida en la web y blog de los Caballeros y Damas del Santo Sepulcro y Basílica de San Juan de Dios.

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LOS CABALLEROS Y DAMAS REALIZARON EL CAMINO DE SAN JUAN DE DIOS EN GRANADA, EL SÁBADO 27 DE JUNIO

A las diez de la mañana del sábado 27 de junio de 2009 partió un grupo de 31 Caballeros, Damas, Decuriones y Escuderos, desde la Residencia de San Rafael de la Orden Hospitalaria, para realizar el Camino de San Juan de Dios en Granada, tal como estaba programado desde el pasado mes de abril.

Fueron encabezados por el Gran Maestre de la Orden del Santo Sepulcro y Basílica de San Juan de Dios, Fray Juan José Hernández, OH, quien guió a los Caminantes en el estupendo recorrido religioso, histórico y cultural entorno a la figura y obra de San Juan de Dios, Padre de la Caridad, de los Enfermos y Necesitados.

Se comenzó visitando con todo detenimiento la Basílica, donde destacó el Retablo con el Sagrario y el Camarín donde reciben fervoroso culto las Sagradas Reliquias. Allí los presentes pudieron Orar unos minutos. Siguiendo después en el contiguo Hospital de San Juan de Dios (que tanta importancia tiene en la Orden Hospitalaria como Casa Madre que es, y que será restaurado -D.m.- en un futuro cercano)

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Continuó el Camino por los lugares significativos de las calles Horno de Marina (Casa de los Vargas o del Muerto), Lucena (primer Hospital que fundó San Juan de Dios), Iglesia Parroquial del Sagrario (lugar de su Conversión tras escuchar la predicación de San Juan de Ávila en la Ermita de San Sebastián) y Plaza de Bibarrambla (centro de la ciudad donde recogió y atendió a tantos enfermos).

Se hizo mención a los acontemientos de la vida de San Juan de Dios en la calle Elvira (lugar donde tuvo su librería al llegar a Granada, hoy en día hay una Capillita dedicada a San Juan de Dios en el sitio), Hospital Real (donde fue tratado, se conserva su Celda, y posteriormente salvó a tantos enfermos en el incendio que lo asoló) y a la Casa de Los Tiros (en cuyo zaguán cobijó a los primeros enfermos y cuyos propietarios le facilitaron la compra del inmueble de la calle Lucena).

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Siguió el Camino llegando a la calle de la Colcha (donde se Conviertieron los dos primeros Hermanos de San Juan de Dios), Cuesta de Gomérez (dónde estuvo el segundo Hospital; y de dónde salió San Juan de Dios para fallecer en la Casa de los Pisa), y finalizó el Camino con una emotiva visita a la Casa de los Pisa (con su gran parte museística, pero sobre todo, con la subida a la Cámara Santa, lugar del fallecimiento y tránsito al Cielo de San Juan de Dios, donde los participantes tuvieron tiempo también para la Oración)

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El día acompañó en la temperatura pues hizo una mañana veraniega muy agradable. Y tras contemplar las vistas de la Alhambra y del bajo Albaicín desde la azotea de la Residencia de Mayores de San Juan de Dios, contigua a la Casa de los Pisa, sobre las 14 horas, los participantes tomaron un refrigerio en Plaza Nueva donde hubo una tertulia en la que, entre los muchos temas, se comentaron agradables acontecimientos y futuros proyectos.

Como, la reciente Boda de dos destacados y queridos Decuriones, Pedro Maldonado y Belén Alemán, que ofició el Gran Maestre en la Basílica de San Juan de Dios, el pasado sábado día 20.

O la celebración de la onomástica del Gran Maestre en la Festividad de San Juan Bautista, el pasado día 24.

Y proyectos, como posibles viajes de los Caballeros y Damas a Cuenca, Badajoz o a Santiago de Compostela, con motivo del Año Jubilar del 2010.

Las siguientes Investiduras de la Orden del Santo Sepulcro y Basílica de San Juan de Dios tendrán lugar (D.m.) el último fin de semana del próximo mes de octubre, cercanas a la Festividad del Arcángel San Rafael, Patrono de la Orden Hospitalaria.

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EL GRAN MAESTRE DE LOS CABALLEROS Y DAMAS DE SAN JUAN DE DIOS EN EL CORPUS CHRISTI DE LA ALHAMBRA

Noticia en el diario IDEAL de Granada (Vocento) sobre la celebración de la Solemnidad del Corpus Christi en el recinto monumental de la Alhambra, con la participación del Gran Maestre de la Orden de Caballeros y Damas de San Juan de Dios y Rector de la Basílica, Fray Juan José Hernández, OH.
La Custodia utilizada en la Procesión fue la de la Orden Hospitalaria.

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EL GRAN MAESTRE, LA PRESIDENTA Y UN CABALLERO PONENTES EN LA JORNADA JURÍDICA SOBRE BIOÉTICA, BIOMEDICINA Y DERECHO

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El próximo lunes 22 de junio de 2009, en el Salón de Actos del Ilustre Colegio de Abogados de Granada tendrá lugar una Jornada Jurídica sobre “Bioética, Biomedicina y Derecho”, en la que intervendrán como ponentes el Gran Maestre de la Orden de los Caballeros y Damas del Santo Sepulcro y Basílica de San Juan de Dios Fray Juan José Hernández Torres de la Orden Hospitalaria, la Sra. Senescal de la Orden y Presidenta de la Asociación Doña María del Carmen Maroto Vela Catedrática y Presidenta de la Real Academia de Medicina de Granada, y su esposo el Caballero Don Gonzalo Piédrola Angulo Catedrático y Presidente del Instituto de de Academias de Andalucía, junto con el Catedrático y Académico Don Andrés Ollero Tassara.

Se adjunta el Programa de la Jornada (Se ve al pulsar Leer el resto de la entrada »)

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DOS REPORTAJES EN LA REVISTA JUAN CIUDAD DE LOS HERMANOS DE SAN JUAN DE DIOS, Nº 533 DE MAYO DE 2009

cena-en-granada-28-03-revista-juan-ciudad-hermanos-de-san-juan-de-dios-betica-mayo-2009-533La Revista “Juan Ciudad”, nº 533 mes de mayo, de los Hermanos de San Juan de Dios en la Provincia Bética, publica un interesante reportaje sobre la “NUEVA WEB DEL ARCHIVO-MUSEO DE LA CASA DE LOS PISA” (“Las colecciones ya están en internet”), además de una página ilustrada dedicada a la Cena Benéfica del pasado 28 de marzo en el Hospital Real de Granada.

El Archivo-Museo San Juan de Dios se universaliza a través de la red. Actividades, noticias, el catálogo de su biblioteca y el cuadro de clasificación del archivo pueden ser consultados de forma rápida y cómoda.

Casa-Museo-Archivo de los Pisa en la calle Convalecencia, junto a Plaza Nueva en Granada.

La Casa de los Pisa fue construida por la familia Pisa, poco tiempo después de la reconquista de Granada por los Reyes Católicos en 1492. Acomodándose en la ciudad, desempeñaron importantes cargos, Caballeros Veinticuatro, Oidores de la Real Chancillería… han pasado a la historia por el gesto de acoger a Juan de Dios en su casa, donde murió el 8 de marzo de 1550.

Desaparecida la familia Pisa a mediados del siglo XIX, el edificio fue adquirido por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en 1927, por considerarse uno de los elementos más entrañables de su patrimonio.

En ella se sitúa el Archivo – Museo San Juan de Dios, centro cultural de la Orden Hospitalaria. Fue creado en enero de 1931 y está gestionado por la Provincia Bética.

Su principal finalidad es garantizar el conocimiento y la conservación del patrimonio cultural de la O.H. generado y transmitido a lo largo de la historia, con la intención de difundir la riqueza que encierra con fines pastorales, científicos y didácticos.

Junto al centro se ubica una Residencia de Mayores que presta asistencia a 85 usuarios, a través de la cual se actualiza la labor hospitalaria de San Juan de Dios, que en la actualidad está en proceso de cierre y reconversión en “Casa de Hermanos de San Juan de Dios Visitantes”, ya que en se hará una nueva, más amplia y mejor acondicionada Residencia de Mayores en terrenos cedidos por el Ayuntamiento de Granada.

FELIZ DÍA DE PENTECOSTÉS

(Día del Apostolado de los Seglares)

“VEN ESPÍRITU SANTO,
LLENA LOS CORAZONES DE TUS FIELES,
Y ENCIENDE EN ELLOS EL FUEGO DEL AMOR”.

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Discurso de Su Santidad El Papa Benedicto XVI en el Santo Sepulcro de Jerusalén, y saludo a los Caballeros y Damas de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro allí presentes

Discurso de Su Santidad El Papa Benedicto XVI en el Santo Sepulcro de Jerusalén.

Aquí Cristo “nos ha enseñado que el mal nunca tiene la última palabra”

JERUSALÉN, viernes, 15 mayo 2009 (ZENIT.org).- Discurso que dirigió Benedicto XVI este viernes al visitar la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén, lugar de la Crucifixión, Sepultura y Resurrección de Cristo.

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Queridos amigos en Cristo:

El himno de alabanza que acabamos de cantar nos une a las filas de los ángeles y a la Iglesia de todo tiempo y lugar –“el glorioso coro de los apóstoles, la multitud admirable de los profetas y el blanco ejército de los mártires”– mientras damos gloria a Dios por la obra de nuestra redención, cumplida en la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Ante este Santo Sepulcro, donde el Señor “ha vencido el aguijón de la muerte abriendo a los creyentes el Reino de los Cielos”, os saludo a todos en el gozo del tiempo pascual. Agradezco al patriarca Fouad Twal y al custodio, padre Pierbattista Pizzaballa, por sus amables palabras de bienvenida. Deseo expresar de igual manera mi aprecio por la acogida que me ha sido reservada por los jerarcas de la Iglesia Ortodoxa Griega y de la Iglesia Armenia Apostólica. Con gratitud tomo acto de la presencia de representantes de las otras comunidades cristianas de Tierra Santa. Saludo al cardenal John Foley, gran maestre de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén y también los caballeros y las damas del Orden aquí presentes, agradeciendo su inagotable entrega para sostener la misión de la Iglesia en estas tierras hechas santas por la presencia terrenal del Señor.

El Evangelio de san Juan nos ha transmitido una sugerente narración de la visita de Pedro y del discípulo amado a la tumba vacía la mañana de Pascua. Hoy, a distancia de casi veinte siglos, el sucesor de Pedro, el obispo de Roma, se encuentra frente a la misma tumba vacía y contempla el misterio de la resurrección. Siguiendo las huellas del apóstol, deseo una vez más proclamar, ante los hombres y mujeres de nuestro tiempo, la sólida fe de la iglesia en que Jesucristo “fue crucificado, murió y fue sepultado”, y que “al tercer día resucitó de entre los muertos”. Elevado a la derecha del Padre, nos ha enviado su Espíritu para el perdón de los pecados. Fuera de Él, a quien Dios ha constituido Señor y Cristo, “no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos” (Hechos 4, 12).

Al encontrarnos en este santo lugar y considerando ese asombroso acontecimiento, ¿cómo podríamos no sentirnos con el “corazón conmovido” (Hechos 2, 37) como los primeros que escucharon la predicación de Pedro en el día de Pentecostés? Aquí Cristo murió y resucitó, para no morir nunca más. Aquí la historia de la humanidad cambió definitivamente. El largo dominio del pecado y de la muerte fue destruido por el triunfo de la obediencia y de la vida; el madero de la cruz revela la verdad sobre el bien y el mal; el juicio de Dios fue pronunciado sobre este mundo y la gracia del Espíritu Santo fue derramada sobre toda la humanidad. Aquí Cristo, el nuevo Adán, nos ha enseñado que el mal nunca tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte, que nuestro futuro y el de la humanidad está en las manos de un Dios providente y fiel.

La tumba vacía nos habla de esperanza, la misma que no defrauda, porque es don del Espíritu Santo, que nos da la vida (cf. Romanos 5, 5). Este es el mensaje que hoy deseo dejaros, al concluir mi peregrinación a Tierra Santa. ¡Que la esperanzase eleve nuevamente, por la gracia de Dios, en el corazón de cada persona que vive en estas tierras! Que pueda arraigarse en vuestros corazones, permanecer en vuestras familias y comunidades e inspirar a cada uno de vosotros un testimonio cada vez más fiel del Príncipe de la Paz. La Iglesia en Tierra Santa, que continuamente ha experimentado el oscuro misterio del Gólgota, no debe nunca dejar de ser un intrépido heraldo del luminoso mensaje de esperanza que proclama esta tumba vacía. El Evangelio nos dice que Dios puede hacer nuevas todas las cosas, que la historia no necesariamente se repite, que las memorias pueden ser purificadas, que los frutos amargos de la recriminación y de la hostilidad pueden ser superados, y que un futuro de justicia, de paz, de prosperidad y de colaboración puede surgir para cada hombre y mujer, para toda la familia humana, y de manera especial para el pueblo que vive en esta tierra, tan querida por el corazón del Salvador.

Este antiguo Memorial de la Anástasis es un testigo mudo tanto del peso del nuestro pasado –con todas sus faltas, incomprensiones y conflictos–, como de la promesa gloriosa que sigue irradiando desde la tumba vacía de Cristo. Este lugar santo, donde la potencia de Dios se reveló en la debilidad, y los sufrimientos humanos fueron transfigurados por la gloria divina, nos invita a mirar una vez más con los ojos de la fe el rostro del Señor crucificado y resucitado. Al contemplar su carne glorificada, completamente transfigurada por el Espíritu, llegamos a comprender más plenamente que también ahora, mediante el Bautismo, llevamos “siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo” (2 Corintios 4, 10-11). ¡También ahora la gracia de la resurrección está actuando en nosotros! Que la contemplación de este misterio impulse nuestros esfuerzos, como individuos y como miembros de la comunidad eclesial, para crecer en la vida del Espíritu mediante la conversión, la penitencia y la oración. Que nos ayude a superar, con la potencia de ese mismo Espíritu, todo conflicto y tensión nacidos de la carne y remover todo obstáculo, por dentro y por fuera, que se interpone en nuestro testimonio común de Cristo y en el poder de su amor que reconcilia.

Con estas palabras de aliento, queridos amigos, concluyo mi peregrinación a los santos lugares de nuestra redención y renacimiento en Cristo. Rezo para que la Iglesia en Tierra Santa obtenga siempre una mayor fuerza de la contemplación de la tumba vacía del Redentor. En esa tumba está llamada a sepultar todas sus ansiedades y temores para resurgir nuevamente cada día y proseguir su viaje por los caminos de Jerusalén, de Galilea y más allá, proclamando el triunfo del perdón de Cristo y la promesa de una vida nueva. Como cristianos, sabemos que la paz que anhela esta tierra lacerada por los conflictos tiene un nombre: Jesucristo. “Él es nuestra paz” que nos ha reconciliado con Dios en un solo cuerpo mediante la Cruz, poniendo fin a la enemistad (cf. Efesios 2, 14). En sus manos ponemos toda nuestra esperanza en el futuro, como lo hizo Él en la hora de las tinieblas poniendo su espíritu en las manos del Padre.

Permitidme que concluya con unas palabras particulares de aliento a mis hermanos obispos y sacerdotes, así como a los religiosos y a las religiosas que están al servicio de la amada Iglesia en Tierra Santa. Aquí, ante la tumba vacía, el corazón mismo de la Iglesia, os invito a renovar el entusiasmo de vuestra consagración a Cristo y vuestro compromiso en el amoroso servicio a su místico Cuerpo. Tenéis el inmenso privilegio de dar testimonio a Cristo en esta tierra que Él ha santificado mediante su presencia terrena y su ministerio. Con pastoral caridad permitís a vuestros hermanos y hermanas y a todos los habitantes de esta tierra percibir la presencia que sana y el amor reconciliador del resucitado. Jesús nos pide a cada uno de nosotros que seamos testigos de unidad y de paz para todos aquellos que viven en esta Ciudad de la Paz. Como nuevo Adán, Cristo es la fuente de la unidad a la que está llamada toda la familia humana, esa misma unidad de la que la Iglesia es signo y sacramento. Como Cordero de Dios, él es la fuente de la reconciliación, que es al mismo tiempo don de Dios y sagrado deber que se nos ha confiado. Como Príncipe de la paz, Él es el manantial de esa paz que supera cada comprensión, la paz de la nueva Jerusalén. Que Él pueda sosteneros en vuestras pruebas, confortaros en vuestras aflicciones, y confirmaros en vuestros esfuerzos por anunciar y extender su Reino. A todos vosotros y a los que dedicáis vuestro servicio, os imparto cordialmente mi bendición apostólica, como prenda del gozo y de la paz de la Pascua.

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