Cartas de San Juan de Dios

CARTA 3ª A LA DUQUESA DE SESSA.

DESTINATARIO:
Dª María de los Cobos y Mendoza, Duquesa de Sessa.

MOTIVACIÓN:
Agradecimiento y despedida de los Duques, previendo no poder hacerlo en persona por su grave enfermedad.

CONTENIDO:
-Motivo de estarles agradecido: Sus limosnas.
-Bendición para los buenos Duques:
– Jesucristo les recompense en el cielo.
– Dios les bendiga y a su generación.
– La bendición del Padre, el amor del Hijo y la gracia del Espíritu Santo, siempre con ellos.
– Recomendación para Angulo que queda en la miseria.
– Les deja sus armas o testamento espiritual.
– Recuerden la Sangre de Jesucristo y su Sacratísima Pasión.
– Virtudes teologales.
– Virtudes cardinales.
– La Cruz, necesaria en cualquier estado para el que quisiera salvarse.
– Cosas que debemos a Dios: Amor, servicio, reverencia.
– Distribución del día en: oración, trabajo y mantenimiento corporal.
– Acordarse: de la hora de la muerte, del infierno y de la gloria.
– Esfuerzo para no sucumbir ante el mundo, demonio y carne.

CARTA 3ª A LA DUQUESA DE SESA

Sea entregada esta carta a la humilde y generosa doña María de los Cobos y Mendoza, esposa del noble y virtuoso señor don Gonzalo Fernández de Córdoba, Duque de Sesa, hermanos míos en Nuestro Señor Jesucristo.

En el nombre de Nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María.

Sea Dios preferido a todas las cosas del mundo. Amén Jesús.

Dios os salve, hermana mía en Jesucristo, la buena Duquesa de Sesa, y a todos los que con vos están y cuantos Dios quiera y mande. Amén, Jesús.

El gran amor que siempre os he tenido, tanto a vos como a vuestro humilde esposo el buen Duque, me obliga a no olvidaros, por lo mucho que os debo y obligado que os estoy por haberme ayudado y socorrido siempre con vuestra bendita limosna y caridad, en mis trabajos y necesidades, para sustentar y vestir a los pobres de esta Santa Casa de Dios y de otras muchas además de ésta. Muy bien lo habéis hecho siempre como buenos defensores y caballeros de Jesucristo.

Todo esto me obliga a escribiros esta carta, buena Duquesa, porque no sé si podré veros y hablaros más veces; en mi lugar, sea Jesucristo quien os vea y hable con vos.

Es tan grande el dolor que me causa mi enfermedad, que no puedo hablar, y no sé si podré terminar de escribiros esta carta.

Mucho desearía veros, por tanto, rogad a Jesucristo, siempre que en ello sea El servido, para que me dé salud que El sabe necesito para salvarme y hacer penitencia de mis pecados. Si dándome la salud es El servido, luego en poniéndome bueno, quiero ir a visitaros y llevaros las niñas que me habéis pedido.

Hermana mía en Jesucristo, había pensado estar ahí la Pascua de Navidad, mas Jesucristo lo ordenó mucho mejor de lo que yo merecía.

¡Oh buena Duquesa! Jesucristo os pague en el Cielo la limosna y santa caridad que siempre me hicisteis y os traiga con bien al buen Duque, vuestro muy generoso y humilde marido, y os dé hijos de bendición, que yo espero en Jesucristo, que así lo hará. Y acordaos bien de lo que os dije un día en Cabra (Córdoba): “Tened esperanza en Jesucristo sólo, que de Él seréis consolada aunque al presente paséis trabajos, porque al fin todos ellos han de ser para mayor consolación y gloria vuestra si por Jesucristo los padecéis”.

¡Oh buenos Duques! De Dios seáis benditos y toda vuestra generación. Como no puedo veros, desde aquí os bendigo, aunque indigno pecador:

Dios que os hizo y os crió, os dé también la gracia con que os salvéis. Amén Jesús:

La bendición de Dios Padre, el amor del Hijo y la gracia del Espíritu Santo sea siempre con vosotros, con todos y conmigo. Amén, Jesús.

De Jesucristo seáis consolados y socorridos, pues por Jesucristo me ayudasteis y socorristeis, hermana mía en Jesucristo, la buena y humilde Duquesa.

Si Jesucristo es servido llevándome de esta vida presente, aquí dejo ordenado que cuando venga mi compañero Angulo, que ha ido a la Corte, y al cual os encomiendo, porque él y su mujer quedan muy pobres, os lleve mis armas, que consisten en tres letras de hilo de oro, las cuales están en raso colorado. Las tengo guardadas desde que entré en batalla con el mundo. Guardadlas muy bien con esta cruz, para darlas al buen Duque cuando Dios le traiga con bien.

Están en raso colorado para que tengáis siempre en vuestra memoria la preciosa sangre que nuestro Señor Jesucristo derramó por todo el género humano, y su Sacratísima Pasión, porque no hay más alta conteplación que en la Pasión de Jesucristo, y cualquiera que sea devoto de ella no se perderá con la ayuda de Jesucristo.

Tres son las letras porque tres son las virtudes que nos encaminan al Cielo: la primera es la fe, por la que creemos todo lo que cree y tiene la Santa Madre Iglesia, guardando sus mandamientos y poniéndolos por obra; la segunda es la caridad, teniendo caridad primero de nuestras almas, limpiándolas con la confesión y penitencia, después caridad con nuestros prójimos y hermanos, queriendo para ellos lo que queremos para nosotros; la tercera es la esperanza en sólo Jesucristo, pues por los trabajos y enfermedades que por Él pasáramos en esta vida miserable, nos dará la gloria eterna por los méritos de su Sagrada Pasión y su gran misericordia.

Son de oro las letras, porque así como el oro es tan preciado metal y para ser preciado ha de resplandecer y tener el color que exige, lo cual requiere primero ser apartado de la tierra e inmundicia en que se da y después purgado por el fuego para quedar limpio y apurado, así también conviene que el alma, que es joya tan preciada, sea apartada de los deleites y carnalidades de la tierra, y de esta manera quede sola con Jesucristo, para ser después purgada en el fuego de la caridad con trabajos, ayunos y disciplinas y áspera penitencia, y así sea preciada de Jesucristo y resplandezca delante del acatamiento divino.

El paño tiene también cuatro esquinas que representan las cuatro virtudes que acompañan a las tres que hemos dicho primero, y son éstas: Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza.

La Prudencia nos muestra cuán prudentes y sabios nos hemos de mostrar en todas las cosas que hagamos o pensemos, tomando consejo de los más viejos y que saben más.

La Justicia quiere decir que seamos justos, dando a cada uno lo que es suyo; a Dios lo que es de Dios y al mundo lo que es del mundo.

La Templanza nos enseña que templadamente y con regla: comamos, bebamos, nos vistamos y todas las demás cosas que son menester para servicio de los cuerpos humanos.

La Fortaleza nos dice que seamos fuertes y constantes en el servicio de Dios, mostrando alegre el rostro en los trabajos, fatigas y enfermedades, así como en la prosperidad y consuelo, dando gracias a Jesucristo por lo uno y por lo otro.

Tiene el paño por el reverso una cruz a manera de aspa; todo el que desea salvarse ha de llevarla conforme Dios quiera y con la gracia que El le dé, si bien todos persiguen un mismo fin, cada uno va por el camino que Dios le traza; así, unos son frailes, otros clérigos, otros ermitaños y otros son casados, de tal manera que en cualquier estado se puede uno salvar si quiere.

Todo esto, buena Duquesa, lo sabéis vos mucho mejor que yo, y, por lo tanto, huelgo de hablar a quien me entiende.

Tres cosas debemos a Dios: amor, servicio y reverencia.

Amor porque como a Padre Celestial hemos de amarle sobre todas las cosas del mundo.

Servicio, sirviéndole como a Señor, por sola bondad y no por el interés de la gracia que ha de dar a los que le sirvieron.

Reverencia como a Creador, no trayendo a la boca su Santo nombre, no siendo para darle gracias y bendecir su Santo Nombre.

En tres cosas, buena Duquesa, habéis de emplear el tiempo de cada día: en oración, en el trabajo y en el mantenimiento para el cuerpo.

En oración, dando gracias a Jesucristo, luego que os levantéis por la mañana, por los bienes y mercedes que siempre os hace, por haberos criado a su imagen y semejanza y porque nos dio la gracia de ser cristianos; pidiendo después misericordia a Jesucristo para que nos perdone y rogando, en fin, a Dios por todo el mundo.

En el trabajo, trabajando corporalmente, ocupándonos en algún ejercicio que sea virtuoso, para que merezcamos lo que comemos, a ejemplo de Jesucristo, que trabajó hasta la muerte, y porque no hay cosa que engendre más pecados que la ociosidad.

En mantenimiento para nuestro cuerpo, porque así como un arriero cura y mantiene un animal para servirse de él, así conviene que le demos a nuestro cuerpo lo que necesita y de esta manera tengamos fuerzas para servir a Jesucristo.

Hermana mía muy amada y muy querida, por amor a Jesucristo os ruego que tengáis tres cosas en la memoria, que son: la hora de la muerte, de la cual ninguno puede escaparse; las penas del infierno; la gloria y bienaventuranza del Paraíso.

En la primera, pensad cómo la muerte consume y acaba todo lo que este miserable mundo nos da, y no nos deja llevar con nosotros sino un pedazo de lienzo roto y mal cosido.

Lo segundo, pensad cómo por tan leves deleites y pasatiempos que presto se pasan, hemos de ir a pagarlos, si morimos en pecado mortal, al fuego del infierno, que siempre dura.

En tercer lugar, considerad la gloria y bienaventuranza que Jesucristo tiene guardada para los que le sirven, las cuales nunca ojo vió, ni oído oyó, ni corazón alguno pudo pensar.

Así, pues, hermana mía en Jesucristo, esforcémonos todos por amor de Jesucristo, y no nos dejemos vencer de nuestros enemigos : el mundo, el diablo y la carne.

Sobre todo, hermana mía, tened siempre caridad, que es la madre de todas las virtudes.

Hermana mía, mucho me atormenta el dolor y no me deja escribir; quiero descansar un poco, ya que os quiero escribir largamente porque no sé si nos veremos más.

Jesucristo sea con vos y con toda vuestra compañía, etc.

Cartas de San Juan de Dios

CARTA 2ª A LA DUQUESA DE SESA

Destinatario:
Dª María de los Cobos y Mendoza, Duquesa de Sesa.

Motivación:
Pedir ayuda a la virtuosa Duquesa con la que pueda pagar sus deudas y asistir a los pobres.

Contenido:
Trabajos y angustias que le causan las necesidades de los pobres.

Exalta las virtudes de una joven muerta en olor de santidad.

Exhortación a la paciencia contemplando a Cristo Crucificado.

Para vencer al mundo, demonio y carne:
Confianza en Cristo.
Desprecio propio.
Caridad con el prójimo.
Sacramento de la penitencia.

Vida de trabajo a imitación de Nuestra Señora, la Virgen María.

Intención de visitar varios puntos de Andalucía para conseguir limosnas para la renovación del hospital.

Petición a la Duquesa, señoras y doncellas de algunas cosas de su uso personal para empeñarlo en favor de los pobres.

CARTA 2ª A LA DUQUESA DE SESA

En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María.

Sea Dios preferido a todas las cosas del mundo. Amén Jesús.

Hermana mía muy amada en Jesucristo, muy noble, virtuosa, generosa y humilde Duquesa de Sesa, Dios os salve y guarde a vos y a todos cuantos El quisiere y fuere servido. Amén Jesús.

Esta es para haceros saber cómo estoy, y daros parte de todos mis trabajos, necesidades y angustias, que son cada día mayores, pero sobre todo ahora. Cada día aumentan sobre manera las deudas y los pobres, los cuales muchos vienen desnudos, descalzos, llagados y llenos de miserias, lo cual hace necesario uno o dos hombres para su limpieza y aseo, trabajo que durará todo el invierno hasta el próximo mes de mayo. Así que, hermana mía en Jesucristo, mis trabajos crecen cada día mucho más.

Nuestro Señor Jesucristo quiso llevarse para sí a su muy querida y amada doña Francisca, hija de don Bernardino, sobrino del Marqués de Mondéjar; la cual mientras vivió acá en la tierra, con la ayuda de nuestro Señor Jesucristo, siempre hizo mucho bien a los pobres, de modo que a todas las personas que por amor de Dios le pedían, nunca le faltaba la bendita limosna que darles; de esta forma nadie marchaba desconsolado de su posada.
Por otra parte, esta bienaventurada doncella decía tan buenas palabras y daba tan buen ejemplo y buena doctrina, es decir, eran tantas las cosas que hacía, que para escribirlas era preciso un gran libro. No obstante, algún día escribiré más ampliamente las cosas de esta bienaventurada doncella doña Francisca, que nuestro Señor la quiso llevar ahora para sí, donde está viva y sana, con mucho placer y descanso, según creemos por lo que hemos visto todos los que la conocíamos. Mirando el amor de Dios, sus buenas obras y la gracia de Jesucristo que obraba en ella, a todos hacía bien, tanto con el consejo como con la limosna, ya que para todo y para todos le daba gracia Jesucristo.

Por tanto, según nuestro parecer, y por lo que acá en la tierra la vimos hacer todos los que la conocíamos, no podemos sino juzgar que está ahora descansando con nuestro Señor Jesucristo y con todos los ángeles de la corte del cielo. Mucho han sentido su muerte todos los que la conocían, así pobres como ricos; y con mucha más razón lo había yo de sentir que ningún otro, por el consuelo y buen consejo que siempre me daba; que por más desconsolado que a su casa iba, no salía sin consolación y buen ejemplo; y pues nuestro Señor fué servido de llevarnos tanto bien, bendito sea El por siempre, pues mejor sabe El lo que hace y nosotros necesitamos, que nosotros podemos pensarlo.

Hermana mía muy amada en Cristo Jesús. Os he querido dar cuenta de mis trabajos, angustias y necesidades porque se que os doléis de mí, como yo haría de vuestras cosas. Mucho os debo, buena Duquesa, y nunca olvidaré el buen tratamiento que me hicisteis; más de lo que yo merecía; nuestro Señor Jesucristo os lo pague en el cielo y os traiga con bien al buen Duque de Sesa, vuestro muy humilde marido, y os dé hijos de bendición, con que le sirváis y améis sobre todas las cosas del mundo. Confía sólo en Jesucristo que vendrá muy pronto y con salud del cuerpo y del alma, y no estéis apasionada ni desconsolada, que de aquí en adelante os sentiréis más alegre que hasta aquí habéis estado; y hallaréis que es verdad lo que os dije, confiando sólo en Jesucristo; Dios ante todas las cosas del mundo, pues yo no sé nada, Jesucristo lo sabe todo, y con su ayuda habéis de ser consolada muy pronto con la vista de vuestro humilde marido, al cual yo tanto quiero y amo y tanto me debo a él y a todas sus cosas, por cuantas veces me ha sacado del apuro, me ha desempeñado y me ha consolado con su bendita limosna, la cual tienen los ángeles consignada en el Cielo en el libro de la vida, donde tiene acumulado un gran tesoro para cuando vayáis allá, buena Duquesa de modo que gocéis de él para siempre vos y vuestro humilde marido, el buen Duque de Sesa.

Quiera nuestro Señor Jesucristo traerosle pronto ante vuestros ojos y os dé hijos de bendición, para que deis gracias, como siempre se las dais a nuestro Señor Jesucristo por todo lo que El hace y nos da, pues si algunas veces nos da trabajos y angustias, es para nuestro provecho y para que merezcamos más.

No hallo mejor remedio ni consuelo para cuando me encuentro apasionado que el mirar y contemplar a Jesucristo crucificado; y pensar en su Pasión santísima, con los trabajos y angustias que padeció en esta vida; y todo por nosotros, pecadores, malos, ingratos y desconocidos; y mirando al Cordero sin mancilla padecer tantos trabajos sin merecerlo. ¿Por qué queremos y buscamos descanso y placer en la tierra donde tantos males y penas dieron a Jesucristo, que nos crió y nos redimió? ¿Qué esperamos nosotros tener?

Y así, si bien lo miramos, buena Duquesa, esta vida no es otra cosa sino una guerra continua, sufrida mientras estamos en este destierro y valle de lágrimas, combatidos siempre de tres enemigos mortales, que son: el mundo, el diablo y la carne. El mundo nos llama con vicios y riquezas, prometiéndonos larga vida, diciendo: anda, que joven eres; date a buen placer, que a la vejez te enmendarás. El diablo, echándonos siempre lazos, redes en que caigamos y tropecemos y no hagamos bien ni caridad; metiéndonos en cuidados de los bienes temporales para que no nos acordemos de Dios ni de poner el cuidado que habíamos de tener en nuestra alma en limpiarla y vestirla de buenas obras. Así, salidos de un cuidado nos encontramos metidos en otro; o, que ahora en acabando este negocio quiero enmendar mi vida y así una y otra vez, nunca acabaos de salir de los embaucamientos del demonio, hasta que viene la hora de la muerte y resulta falso todo lo que el mundo y el diablo prometen. Y si tal cual nos hallará el Señor, tal nos juzgará, bueno será enmendarnos con el tiempo, y no hacer como aquellos que dicen mañana, más mañana, y así nunca comienzan. El otro enemigo, el mayor, que como ladrón de casa y doméstico, bajo buenas palabras y buen parecer, procura siempre perdernos, es la carne o nuestro cuerpo, que no quiere sino buen comer, buen beber, buen vestir y dormir, poco trabajo, lujuriar y vanagloriarse.

Para estos tres enemigos precisamos mucho el favor, ayuda y gracia de Jesucristo; despreciarnos a nosotros mismos del todo, por el todo, que es Jesucristo, confiando sólo en El, confesando la verdad y todos los pecados al pie del confesor, cumpliendo la penitencia que nos mandare, y proponiendo nunca más pecar por sólo Jesucristo; y si pecáremos, confesar a menudo. De esta manera podremos vencer a estos enemigos que he dicho, no confiando en sí mismo porque caeríamos mil veces al día en pecado, sino confiando sólo en Jesucristo; y por sólo su amor y bondad, no murmurar ni hacer mal ni daño al prójimo, sino querer para el prójimo aquello que querríamos que nos hiciesen a nosotros; desear que todos se salven y amar y servir a sólo Jesucristo por ser El quien es. Y no por temor del infierno. Y en cuanto sea posible que el confesor sea bueno, docto y de buena fama y vida. Todo esto, hermana mía en Jesucristo, lo sabéis vos mejor que yo, y cuando vos quisierais enviarme algún buen consejo, lo recibiré de muy buen agrado, como de hermana mía en Jesucristo.

Y, ahora, hermana mía muy amada y querida, quisiera preguntarnos cómo estáis, o cómo os va después que se fueran D. Álvaro y D. Bernardino, vuestros muy nobles, virtuosos y humildes tíos y hermanos míos en Jesucristo, a quienes quiero mucho. Dios les pague la buena acogida que, donde quiera que me hallan, siempre me hacen o me han hecho. Nuestro Señor reciba en el cielo sus almas y los lleve en buen estado a la presencia de vuestra muy humilde, noble, virtuosa y generosa madre, doña María de Mendoza, quien siempre desea agradar y servir a nuestro Señor Jesucristo. Envíame a decir cómo llegaron y cómo les va, así como de las buenas nuevas del buen Duque, vuestro muy humilde marido, que de todo su bien me holgaré mucho, de cómo le va y cómo está y en qué parte. Plazca a nuestro Señor Jesucristo traerle pronto y con salud del cuerpo y del alma a él, a toda su compañía y a todos cuantos Dios quisiere. Amén Jesús.

¡Oh, hermana mía muy amada, buena y humilde Duquesa! Cómo estáis sola y apartada en ese castillo de Baena (Córdoba), rodeada de vuestras muy virtuosas doncellas y muy honradas y honestas señoras, trabajando y tejiendo noche y día por no estar ociosa ni gastar el tiempo en vano; queréis tomar ejemplo de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María, la cual siendo Madre de Dios, Reina de los Ángeles y Señora del mundo, tejía y trabajaba todo el día para su sustento; y de noche y parte del día oraba en su retiro, para darnos a entender que, después del trabajo hemos de dar gracias a nuestro Señor Jesucristo, porque usa con nosotros de tanta misericordia en darnos de comer, beber, vestir y todas las demás cosas sin merecerlo; que si El no lo bendijera ¿qué valdría nuestro trabajo, astucia y diligencia? Así, pues, continuad siempre trabajando e interesándoos en las obras de misericordia; haciendo recitar a todos y a todas la doctrina cristiana, las cuatro oraciones que manda la Santa Madre Iglesia; haciendo enseñar al que no sabe. Continuad pensando siempre en la Pasión de nuestro Señor Jesucristo y en sus llagas preciosas, y decidle que queréis más a El solo que a todas las cosas del mundo, y que queréis y amáis lo que El quiere y ama, y aborrecéis lo que El aborrece, y que por su amor y bondad, no por otro interés, queréis hacer bien y caridad a los pobres y personas necesitadas.

Ahora, pues, hermana mía, perdonadme por lo prolijo que siempre soy en escribir, aunque no os escribo todo lo que yo quisiera, ya que estoy muy apasionado y aún malo de los ojos, y con mucha necesidad, lo cual os haga comprender nuestro Señor Jesucristo. Con esta obra que he comenzado estoy muy preocupado porque estoy renovando todo el hospital y son muchos los pobres, y grande el gasto que aquí se hace, y todo se provee sin renta, aunque Jesucristo lo provee todo, pues yo no hago nada. Querría ir pronto por esa parte de Andalucía hasta Zafra (Badajoz) y Sevilla, mas no puedo hasta acabar esta obra con el fin de que no se pierda. Y, por otra parte, estoy tan empeñado y con tanta necesidad, que no sé qué hacerme. Así, pues, hermana mía muy amada en Jesucristo, allá envío a Angulo para que venda el trigo o lo traiga, según os pareciere mejor; ya que, en fin, tengo gran necesidad de dinero para esta obra, y para pagar algunas deudas que me cuestan los ojos. Como no tengo tampoco con qué pagar a los que lo vengan a traer, siendo mucho el coste, me parece, por tanto, mucho mejor venderlo. Ved vos, hermana mía, lo que os parece y mejor fuere. Angulo lleva la cédula del trigo y mi poder, que hice hacer a un escribano. Por amor de nuestro Señor Jesucristo, que no venga sin algún socorro de una manera o de otra, pues en cuanto vuelva Angulo, nos partiremos para Sevilla y Zafra para ver al Conde de Feria y al Duque de Arcos, ahora que se encuentra allí el maestro Ávila, que ha ido a verlos. Por ventura agradará a nuestro Señor Jesucristo, y me desempeñarán de alguna cosa. Mejor es ir yo mismo que no enviar cartas, porque tienen tantos negocios y pobres a quien dar limosna, que si no está uno delante luego se les pasa de la memoria aquello que les envían a decir, lo cual no me maravilla, porque los señores son muy combatidos de los pobres y les dan mucho fastidio. El maestro Ávila, además, me envía a decir por medio de Angulo que me llegue allá.

Hermana mía en Jesucristo. El os pague en el Cielo la limosna que disteis a Angulo para aquellos pobres y para su camino, que fué de cuatro ducados El ya lo contó todo, y cómo os dolíais de mis trabajos. Perdonadme el no poder pasar por ahí, a causa de unas cartas.

Por tanto, hermana mía muy amada en Jesucristo, ruegoos, por amor de nuestro Señor Jesucristo, que os doláis de mis trabajos, angustias y necesidades, para que Dios tenga misericordia de vos y de todas vuestras cosas y de cuanto Dios quisiere y fuere servido. Amén Jesús.

Hermana mía, buena Duquesa: dad mis saludos a vuestra muy virtuosa ama, que ruegue a Dios por mí, que así haré yo por ella, y a todas las muy humildes y virtuosas señoras y doncellas de vuestra noble casa, que todas rueguen a Dios por mí, porque estoy envuelto en gran guerra y batalla. Asimismo dad mis saludos a mi hermano muy querido mosén Juan; que me escriba cómo está y cómo le va, y a todos los caballeros y criados de vuestra muy noble casa; que todos rueguen a nuestro Señor Jesucristo que me dé gracia y favor para vencer al mundo, al diablo y a la carne; para guardar sus Santos Mandamientos, y me conceda tener y creer todo lo que tiene y cree la Santa Madre Iglesia; confesando con verdad y contrición todos mis pecados; cumplir la penitencia que me fuere mandada hacer por el confesor, y amar y servir a sólo Jesucristo, que así lo haré yo por ellos. A doña Isabel, la música, dadle también mis saludos, decidle que nuestro Señor Jesucristo la conceda crecer en virtudes de bien en mejor.

Allá va Juan de Ávila, que es mi compañero, aunque siempre le llamo yo Angulo, mas su propio nombre es Juan de Ávila.

Hermana mía muy amada, buena Duquesa de Sessa, enviadme otro anillo, o cualquier cosa que sea de vuestro uso, para tener algo que empeñar, que el otro bien empleado está, pues ya lo tenéis en el Cielo. Decidle a la muy humilde ama, a todas las señoras y doncellas, que si tienen alguna cosita de oro y plata que enviar para los pobres y, por consiguiente para el cielo, que me lo envíen para que me acuerde de ellas. Nuestro Señor Jesucristo os salve y guarde, buena Duquesa, tanto a vos como a toda vuestra compañía, y a cuantos Dios quisiere y fuere servido. Amén Jesús. Y sin ello y con ello, quedo en gran obligación de rogar a Dios por todos y por todas las de vuestra noble casa.

Vuestro desobediente y menor hermano Juan de Dios, si Dios quisiere muriendo, mas mientras tanto, callando y en Dios esperando, quien desea la salvación de todos como la suya propia. Amén, Jesús.

Buena Duquesa, muchas veces me acuerdo de los regalos que me haciais en Cabra (Córdoba) y Baena (Córdoba), así como de aquellos pedazos de pan que me entregabais para repartirlos. Dios os dé el Cielo y os haga partícipe de sus bienes. Amén Jesús.

Cartas de San Juan de Dios

Carta 2ª a Gutierre Lasso.

DESTINATARIO:
Al virtuoso caballero Gutiérrez Lasso de la Vega.

MOTIVACIÓN:
Darle cuenta de sus muchas deudas.
Aconsejarle sobre el estado que deben tomar sus hijos.

CONTENIDO:
Gratitud y delicadeza del santo comunicando su llegada y los bienes que porta.
Declara la insuficiencia de las limosnas en tantas necesidades.
Recomienda le envíe todos los enfermos que hubiere.
Manifiesta lo agobiante de sus ocupaciones.
Recomendaciones y saludos.

CARTA 2ª A GUTIÉRREZ LASSO

En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María.

Sea Dios preferido a todas las cosas del mundo.
Amén Jesús.

Dios os salve, hermano mío en Jesucristo Gutierre Lasso, a vos y a vuestra familia y a cuantos Dios quisiere y tuviere por bien. Amén Jesús.

La presente es para comunicaros cómo llegué a muy bien, a Dios gracias, y traje más de cincuenta ducados. Con lo que tenéis ahí y con lo que yo he traído, pienso que sumarán unos cien ducados. Una vez aquí, me he empeñado en treinta ducados o más, pues todo resulta insuficiente, ya que tengo más de ciento cincuenta personas que mantener, y a todos los mantiene Dios cada día. Por tanto, si con esos veinticinco ducados que allá tenéis, podéis adquirir alguna cosa más, todo es menester.
Mas si no puediere ser, no os preocupési demasiado.
Enviad cuantos pobres llagados hubiere por ahí.
Mandad pronto los veinticinco ducados, pues esos y muchos más debo que están esperando mis acreedores. Sirva de seña, que os lo di en un talegoncillo de lienzo una noche en que ambos paseábamos en vuestra huerta de los naranjos. Yo espero en nuestro Señor Jesucristo, que algún día os pasearéis en el huerto celestial.

El arriero tenía mucha prisa, y por eso no pude escribir largo; además es tanto el trabajo que tengo que no me queda tiempo ni para rezar un Credo despacio.

Por amor de nuestro Señor Jesucristo, enviad al punto los dineros, porque me están urgiendo por ellos.

Por amor de nuestro Señor Jesucristo, saludad y encomendadme a la muy noble, virtuosa y generosa esclava de nuestro Señor Jesucristo, vuestra esposa, la que tanto desea servir a nuestro Señor Jesucristo y a nuestra Señora la Inmaculada Virgen María, y por amor de Dios serviros a vos, su esposo Gutierre Lasso, esclavo de nuestro Señor Jesucristo y deseoso de servirle. Amén Jesús.

También daréis mis saludos a vuestro hijo, el arcediano que estuvo conmigo pidiendo la bendita limosna, el cual es el menor esclavo de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María deseoso de servir y agradar siempre a nuestro Señor Jesucristo y a su bendita Madre Nuestra Señora, la Virgen María.

Decidle que me escriba pronto, con la ayuda de Dios. También vos, buen caballero y buen hermano mío en Jesucristo, escribidme. Dad saludos a vuestros hijos e hijas y a todos cuantos quisiéreis.

En Málaga hablaréis por mí y daréis saludos al Obispo y a todos los demás que vos quisiéreis y viéreis, pues estoy obligado a pedir por todos.

En vuestro hijo, el buen caballero, que me parece es el mayor, hágase como Dios quisiere, y que nuestro Señor Jesucristo dirija sus cosas, obras y hechos.

Paréceme a mí, que si Dios quisiere será mejor casarlo tan pronto como pudiéreis, si él desea casarse. Aunque os digo, lo más presto, no os habéis de inquietar, pues la inquietud que habéis de tomar ha de ser en rogar a Dios que le de buena esposa, porque él es muy joven por ahora. Quiera nuestro Señor Jesucristo que en el saber sea viejo.
Cada uno debe tomar el estado que Dios le diere.
Los padres y las madres no deben tomar ahora tantos trabajos y congojas, a no ser para pedir a Dios que les dé estado de gracia a todos y a todas, como Dios quisiere.

Uno se casará y el otro cantará Misa, y en esto que digo yo no sé nada y es Dios quien sabe todo.

Quiera nuestro Señor Jesucristo dar cumplimiento a vuestros deseos y como nuestro Señor Jesucristo sea más servido. Nuestro Señor Jesucristo sabe mejor lo que ha de hacer con vuestros hijos e hijas, y todo lo que nuestro Señor Jesucristo hiciere, lo habéis de dar por hecho y lo habéis de tomar por bueno.

Confesemos los pecados y hagamos penitencia de ellos, porque los bienes que los hombres hacen no son suyos, sino de Dios. A Dios la gloria, honra y alabanza, pues todo es suyo. Amén Jesús.

Quiera nuestro Señor Jesucristo que lo que vos hiciéreis y vuestros hijos e hijas, todo sea para servicio de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Virgen María. Que nuestro Señor Jesucristo no permita que hagáis cosa que a El no sea agradable.

Vuestro menor hermano Juan de Dios, si Dios quisiere muriendo, mas empero callando y en Dios esperando, el que desea la salvación de todos como la suya misma. Amén Jesús.

Cartas de San Juan de Dios

CARTA 1ª A LA DUQUESA DE SESA.

Destinatario:
Dª María de Mendoza, Duquesa de Sesa.

Motivación:
Agradecer su generosidad y suplicarle nuevas limosnas para sus actuales necesidades.

Contenido:
Se empeña en tres ducados por asistir a los pobres en Alcaudete.

Los ángeles tienen asentada su limosna en el libro de la vida. Anillo. Alba y candeleros.

El buen Duque regresará con salud de alma y cuerpo.

Recomienda a la Duquesa:
Permanecer en oración.
Acudir a la Pasión de Cristo en sus desconsuelos.

Suplica de su generosidad, por medio de Angulo:
Ayuda para arreglar la casa.
Ayuda para socorrer a unas pobres doncellas en Córdoba.

Con humilde saludo recuerda a todos los servidores de su casa.

CARTA 1ª A LA DUQUESA DE SESA.

Esta carta sea dada a la muy noble y virtuosa señora doña María de Mendoza, Duquesa de Sesa, esposa del generoso señor don Gonzalo Fernández de Córdoba, virtuoso y buen caballero de nuestro Señor Jesucristo, deseosa de servirle. Amén Jesús. Sea dada en su propia mano en Cabra (Córdoba), o donde estuviere. Amén Jesús.

En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María.

Sea Dios preferido a todas las cosas del mundo. Amén Jesús.

Dios os salve, hermana muy amada en Jesucristo, la buena Duquesa de Sesa, a vos y a todos los de vuestra compañía y a cuantos Dios quisiere y mandare. Amén Jesús.

La presente será, virtuosa Duquesa, para haceros saber como tan pronto me separé de vos, vine a Alcaudete (Jaén) para ver a doña Francisca, y de allí me dirigí a Alcalá la Real (Jaén), donde estuve muy enfermo cuatro días.

Me empeñé en tres ducados para socorrer a ciertos pobres muy necesitados, porque hallé todos los principales de Alcalá muy revueltos contra el Corregidor. Una vez curado salí para Granada, sin pedir en Alcalá. ¡Dios sabe la necesidad con que me esperaban los pobres!

Hermana mía en Jesucristo, la buena Duquesa, la limosna que me hicisteis y los ángeles la tienen asentada en el libro de la vida. El anillo está bien empleado, que dos pobres llagados hice vestir y compré una manta con lo que me dieron por él. Esta limosna está delante de Jesucristo rogando por vos. El alba y los candeleros puse luego sobre el altar en vuestro nombre, para que alcancéis parte en todas las misas y oraciones que aquí se dijeren. Quiera nuestro Señor daros por ello el galardón en el cielo.
Dios os pague el buen recibimiento que me hicisteis vos y todos los de vuestra casa. Dios reciba vuestra alma en el cielo y la de todos cuantos hay en esa casa.

Mucho tengo que agradecer a todos los señores de Andalucía y Castilla, pero mucho más al buen Duque de Sesa y a todas sus cosas; mucha es y muy grande la caridad que de su casa he recibido y de todas sus cosas. Dios se lo pague cuantas veces me ha sacado de apuros y desempeñado.
Quiera nuestro Señor Jesucristo traerle con bien y le dé hijos de bendición.

Buena Duquesa, lo que me encomendásteis, ya me entendéis, siempre lo he tenido en la memoria. Sea Dios preferido a todas las cosas del mundo, confiando sólo en Jesucristo , que es la perfecta certidumbre.

Digo yo, Juan de Dios, si Dios quisiere, que con la ayuda del Señor el Duque vendrá muy pronto y con salud de alma y cuerpo; cuando llegue, le preguntaréis lo que yo os dije y veréis si es verdad.

Confiad solo en Jesucristo: ¡Maldito el hombre que confía del hombre!, de los hombres has de ser desamparado, que quieras que no, mas de Jesucristo no, que es fiel y durable: todo perece excepto las buenas obras.

Siempre, buena Duquesa, andad a duerme y vela el pie en el estribo, pues estamos si bien lo miramos, en una continua guerra con el mundo, el diablo y la carne, y siempre es necesario que miremos por nosotros; pues no sabemos la hora que llamarán a la puerta de nuestra alma, y cual nos hallaren, tal nos juzgarán.

Cuando os fuéreis a acostar, buena Duquesa, signaros y santiguaros. Reafirmaros en la fe diciendo el Credo, Páter Nóster, Ave María y Salve Regina, que son las cuatro oraciones que manda decir la Santa Madre Iglesia; mandad que las digan todas vuestras doncellas y criadas, yo creo que siempre las mandáis que las digan, pues ya les vi decir la doctrina cristiana cuando estuve allí.

Muy desconsolada estaréis, hermana mía, la buena Duquesa de Sesa, que me han dicho que se marcharon don Álvaro y don Bernardino: Jesucristo vaya con sus almas y los guíe con bien a la presencia de vuestra virtuosa y humilde doña María de Mendoza. No estéis desconsolada, consoláos con sólo Jesucristo. No querráis consuelo en esta vida, sino en el cielo, y si Dios os le quisiera dar aquí, dadle siempre gracias por ello.

Cuando os viéreis apasionada, recurrid a la Pasión del Señor y a sus preciosas llagas y sentiréis gran consolación. Mirad toda su vida, ¿qué fue sino trabajos, para darnos ejemplos? De día predicaba y de noche oraba; pues nosotros, pecadorcitos y gusanitos, ¡para qué queremos descanso ni riqueza, pues aunque tuviéramos todo el mundo por nuestro, no nos haríamos un punto mejores, ni nos contentaríamos con más que tuviésemos! Sólo aquel está contento que, despreciadas todas las cosas, ama a Jesucristo. Dándolo todo por el todo, que es Jesucristo, como vos lo dais y lo queréis dar, buena Duquesa, mostráis que queréis más a Jesucristo que a todo el mundo, confiando siempre en Él y por Él queréis a todos para que se salven.

¡Oh, buena Duquesa! Como la casta tortolica estáis sola y apartada en esa villa, fuera de la conversación de la Corte, esperando al buen Duque, vuestro generoso y humilde marido, en continuas oraciones y limosnas, haciendo siempre caridad, porque le alcance parte a vuestro virtuoso marido, el buen Duque de Sesa, y le guarde Cristo el cuerpo de peligro y el alma de pecado. Quiera Dios traerle presto a vuestra presencia y os de hijos de bendición, para que siempre le sirváis, le améis y le ofrezcáis el fruto que os diere para que de ello se sirva.

Mucho os debe el Duque, pues siempre rogáis por él, y tenéis tanto cuidado y trabajo en sustentar la casa. Ahí cumplís las obras de misericordia, dando de comer y de vestir. Unos son viejos y otros son jóvenes, y ¿dónde irán sin vos, esas doncellas y dueñas, las huérfanas y viudas? Todos están obligados a serviros y seros leales, y vos a hacerles el bien, que Dios a todos quiere.

Si mirásemos cuan grande es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer bien mientras pudiésemos, ya que dando nosotros por su amor lo que Él nos da, nos promete el ciento por uno en la bienaventuranza, ¡oh bienaventurado logro y usura!, ¿Quién no da lo que tiene a este bendito mercader, pues hace con nosotros tan buen negocio y nos ruega los brazos abiertos, que nos convirtamos y lloremos nuestros pecados, y hagamos caridad, primero a nuestras almas y después a los prójimos?, porque así como el alma mata el fuego, así la caridad al pecado.

Hermana mía en Jesucristo, habéis de saber que estoy en gran trabajo, como mi compañero Angulo os lo puede decir; estoy renovando toda la casa, que estaba muy perdida y llena de goteras, y con esta obra me hallo en gran necesidad. Por esto, he decidido escribir a Zafra (Badajoz), al Conde de Feria y Duque de Arcos, ya que está allá el Maestro Ávila, que será buen intercesor y me enviarán algún socorro para salir de apuros: pienso que lo harán con ayuda de Jesucristo.

Hermana mía, siempre os causo molestias, mas yo espero en Dios que algún día os será descanso para vuestra alma. Quiero comunicaros que el otro día, cuando estuve en Córdoba, caminando por la ciudad, hallé una casa con gran necesidad, en la que habitaban dos doncellas que tenían al padre y la madre enfermos en la cama, tullidos diez años hacía. Tan pobres y maltratados los vi, que me quebraron el corazón. Estaban desnudos, llenos de miseria, y con unos haces de paja por cama. Socorrílos con lo que pude, porque andaba deprisa negociando con el Maestro Ávila, más no les di como yo quisiera. El Maestro Ávila me mandó salir en seguida, y que me volviese a Granada. Con estas prisas dejé encomendados estos pobres a ciertas personas y pusierónlo en olvido, o porque no quisieron o no pudieron más. Me han escrito una carta que me han hecho quebrar el corazón de lo que me enviaban a decir.

Yo estoy en tanta necesidad, que el día que debo pagar a los que trabajan, se quedan algunos pobres sin comer. Dios lo sabe y os lo manifieste, que no me hallé sino con un real, que di a Angulo para el camino. Buena Duquesa, yo quiero, si Dios fuere servido, que ganéis vos esa limosna que aquéllos perdieron, que son cuatro ducados: los tres para aquéllas pobres que compren dos mantas y dos faldellines, que más vale un alma que todos los tesoros del mundo, y no pequen aquéllas doncellas por tan poca cosa; el otro ducado será para Angulo, mi compañero, con el cual vaya a Zafra y vuelva, que lo estoy esperando hasta que venga con algún socorro. Más obligada sois a vuestros vasallos que no a los extraños, más dar acá o dar allá, todo es ganar: mientras más moros, más ganancia. Si no tuviérais con que poder hacer la limosna volverá Angulo a vender dos cahices de trigo a Alcaudete, y si se la diéreis, ya sabe él lo que debe hacer y donde viven aquéllas pobres.

Hermana mía, daréis gracias y mis saludos al ama vuestra en Valladolid, a todas esas doncellas, a la que canta y a todas las de la casa, también a mosén Juan.

Nuestro Señor Jesucristo os guarde, mi buena Duquesa. Vuestro menor y desobediente hermano, Juan de Dios, si Dios quisiere muriendo, más empero callando y en Dios esperando, el que desea la salvación de todos como la suya misma. Amén Jesús.

Buena Duquesa, si le diéreis esa limosna, dadle una carta de dos renglones para que me la traiga y sepa si la hicisteis, y al trigo su tiempo le vendrá. Despachadlo presto a Angulo, con lo que Dios quisiere y mandare y vos le dieréis. Amén Jesús.

Cartas de San Juan de Dios

CARTA A GUTIERRE LASSO

Destinatario:
Gutierre Lasso de la Vega.

Motivación:
Encargarle de la venta de una heredad cedida al Hospital.

Contenido:
Da una lista detallada de sus necesidades:
Enumera las clases de enfermos atendidos.
Los remedios que son prestados.

Sufrimientos de su corazón y confianza en Dios:
Deudas que oprimen su Hospital.
Jesucristo es el amigo fiel que nunca abandona.

Le aconseja la ayuda mutua de unos para con otros:
Por diversos caminos al mismo fin.
Le suplica una oración para poder cumplir sus obligaciones.

Expresa su agradecimiento por el buen recibimiento de que fue objeto en su casa.
Le encomienda la venta de una renta cedida al Hospital:
Tenía gran necesidad del dinero y el interés era muy pequeño.
Para ayudar al bienhechor por su obra buena.

Le recomienda la caridad para con los necesitados.

Carta 1ª A GUTIERREZ LASSO

Esta carta sea dada al muy noble, virtuoso y generoso Caballero de Nuestro Señor Jesucristo Gutierre Lasso, esclavo de nuestro Señor Jesucristo y deseoso de servirle, amén Jesús.

En el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Inmaculada Virgen María.

Sea Dios preferido a todas las cosas del mundo, amén Jesús.

Dios os salve, hermano mío muy amado y querido en Jesucristo. La presente será para haceros saber como estoy muy preocupado y con mucha necesidad, gracias a nuestro Señor Jesucristo por todo ello; porque habéis de saber, hermano mío muy amado y querido en Cristo Jesús, que son tantos los pobres que vienen aquí, que yo mismo muchas veces me asombro, cómo se pueden sustentar; mas Jesucristo lo prevé todo y los da de comer; ya que solamente de leña son necesarios siete u ocho reales cada día; porque, como la Ciudad es muy grande y muy fría, especialmente ahora en invierno, son muchos los pobres que vienen a esta Casa de Dios; porque entre todos, enfermos y sanos, gente de servicio y peregrinos, hay más de ciento diez. Siendo esta Casa general, se reciben en ella de todas las enfermedades y a toda clase de gentes; hay aquí tullidos, mancos, leprosos, mudos, locos, paralítico, tiñosos y otros muy viejos y muchos niños; y además de éstos, otros muchos peregrinos y viandantes que aquí vienen; les dan fuego, agua, sal y vasijas para guisar la comida; para todo esto no hay renta, más Jesucristo lo prevé todo, porque no hay día que no sean necesarios, para la provisión de la Casa, cuatro ducados y medio, y aun a veces cinco; todo esto para pan, carne, gallinas y leña, sin las medicinas y los vestidos que es otro gasto aparte. El día que no se encuentra tanta limosna, que baste a proveer lo dicho, tómolo fiado y otras veces ayunan.

Por lo cual estoy aquí empeñado y preocupado por sólo Jesucristo, pues debo más de doscientos ducados de camisas, capotes, zapatos, sábanas, mantas y de otras muchas cosas que son necesarias en esta Casa de Dios, y también para la educación de niños que aquí dejan. Por lo cual, hermano mío muy amado y querido en Cristo Jesús, viéndome tan empeñado, que muchas veces no salgo de casa por las deudas que debo; viendo padecer tantos pobres, mis hermanos y prójimos, y con tantas necesidades, tanto del cuerpo como del alma, como no los puedo socorrer estoy muy triste; no obstante confío en Jesucristo, que El me librará de las deudas, pues conoce mi corazón. Y así digo, que ¡maldito el hombre que se fía de los hombres!, sino sólo de Jesucristo; de los hombres has de ser separado, quieras o no, mas Jesucristo es fiel y durable: Jesucristo lo prevé todo, a El sean dadas las gracias por siempre jamás, amén Jesús.

Hermano muy amado y querido en Cristo Jesús, he querido daros cuenta de mis trabajos porque sé que os doléis de ellos, como yo haría de los vuestros; porque sé que queréis bien a Jesucristo y os doléis de sus hijos, los pobres; por ellos os doy cuenta de sus necesidades y mías, pues todos tiramos a un blanco, aunque cada uno va por su camino, como Dios es servido y le dirige; por lo cual es razonable que nos esforcemos los unos a los otros.

Por tanto, hermano mío muy amado en Jesucristo, no dejéis de rogar por mí, que me dé gracia y fuerza para que pueda resistir y vencer al mundo, al diablo y a la carne, y me dé humildad, paciencia y caridad con mis prójimos, me deje confesar todos mis pecados y obedecer a mi confesor, despreciarme a mí mismo y amar solo a Jesucristo ; tener y creer todo como lo tiene y cree la Santa Madre Iglesia, así lo tengo yo y creo verdaderamente; de aquí no salgo, echo mi sello y cierro con mi llave.

Hermano mío en Jesucristo, mucho descanso en escribiros, porque me imagino que estoy hablando con vos y os doy cuenta de mis trabajos; pues sé que los sentís como yo lo he visto por vuestras obras, ya que dos veces he estado en esa ciudad me habéis hecho un gran recibimiento y me habéis demostrado gran voluntad. Nuestro Señor Jesucristo os pague en el Cielo la buena obra que por El hicísteis, por los pobres y por mí; Jesucristo os lo pague, amén Jesús.

Hermano mío en Jesucristo, dad mis recuerdos a toda vuestra casa de mi parte, y a vuestros muy amados hijos, especialmente al Maestre-Escuela, mi amado hermano en Jesucristo, y al buen padre y hermano mío en Jesucristo el Obispo; a doña Catalina, mi huéspeda y hermana en Jesucristo, y a todos los demás, a cuantos vos quisiéreis, amén Jesús.

Hermano mío en Jesucristo, os envío ese joven, que la presente lleva, acerca de un muchacho que murió en este Hospital, natural de la ciudad de Málaga, que dejó ciertos bienes a esta Casa sobre una heredad de viña o censo, de lo cual os podrá informar mejor él, porque lo ha negociado desde el principio. Yo quiero que se venda, porque tengo mucha necesidad del dinero, y es poco el tributo para irlo a cobrar cada año; por lo tanto, por amor de nuestro Señor Jesucristo, si supiéreis quién lo quiera comprar, vendedlo, de tal forma, que no pierda el que lo compre, ni los pobres, y sea con toda brevedad; para que el que la presente lleva, se vuelva luego con el dinero, ya que es persona de quien me fío y lleva todo mi poder y las obligaciones que de allá trajo. Perdonadme que os dé tanto trabajo, que algún día os será descanso en el Cielo; por amor de nuestro Señor Jesucristo os encomiendo este negocio, ya que con el dinero que traiga, compraré algunos vestidos a los pobres para que rueguen a Dios por el alma del que los dejó, y para pagar carne y aceite, pues ya no me quieren fiar, porque debo mucho; los mantengo, diciéndoles que pronto me traerán dinero de Málaga.

No quiero pediros ahora limosna, porque sé que hay ahí muchos pobres a quienes hacer bien, sino que pido a nuestro Señor os dé la salvación del alma, que en esta vida llena de miserias el buen vivir es la llave de aquel, que salvarse sabe, pues todo lo demás es nada.

Vuestro desobediente y menor hermano Juan de Dios, si Dios quisiere muriendo, mas empero callando y en Dios esperando; el que desea la salvación de todos como la suya, amén Jesús.
Granada a ocho de Enero de 1550.

Fallecimiento de D. Manuel Alemán Alemán, padre de Doña Belén Alemán Torres, Decurión de nuestra Orden y suegro de D. Pedro José Maldonado Ortega, Caballero Cronista

Ha fallecido don Manuel Alemán Alemán, (D.E.P.), padre de doña Belén Alemán, Decurión, esposa del Caballero don Pedro José Maldonado, Cronista
Por Antonio Manuel Alaminos López | Categoría : Blog, Información, Opinión 
Ha fallecido don Manuel Alemán Alemán, (D.E.P.), padre de doña Belén Alemán, Decurión, tan unida al Centro San Rafael y a la Orden, esposa del Caballero don Pedro José Maldonado, Cronista, y nuera del Caballero Fundador don José Maldonado, Vicesecretario.

El finado se encuentra en la sala nº 10 del Cementerio de San José en Granada.

La hora del sepelio está fijado a las 13 horas del día de mañana, miércoles 9 de noviembre.

Se ruega una oración por el eterno descanso de don Manuel.

Pedro J. Maldonado Ortega Yfo, Caballero Cronista.

DEUS CHARITAS EST

INVESTIDOS TRECE NUEVOS MIEMBROS DE LA ORDEN DEL SANTO SEPULCRO Y BASÍLICA DE SAN JUAN DE DIOS EN LA SOLEMNE CEREMONIA REALIZADA EL SÁBADO 5 DE NOVIEMBRE DE 2011

Investidos trece nuevos miembros de la Orden de Caballeros, Damas, Decuriones y Escuderos de San Juan de De Dios.

En la Basílica de San Juan de Dios han tenido lugar las investiduras de trece nuevos miembros de la Orden del Santo Sepulcro y Basílica de San Juan de Dios, Padre de la Caridad, Copatrono de Granada, Patrono de los Enfermos, Enfermeros, Bomberos, Maestrantes granadinos, Cuerpos de Operaciones Especiales del Ejército y de los Caballeros, Damas, Decuriones y Escuderos de San Juan de Dios.

Dos veces al año se produce esta solemne ceremonia, una tras la festividad de San Juan de Dios en marzo y otra tras la de San Rafael en octubre. Recibieron sus Veneras, Capas y Mucetas de manos de Fray Juan José Hernández Torres, Gran Maestre de la Orden y Rector de la Basílica, los “Caballeros Numerarios” don Jesús López Morcillo, médico traumatólogo y nuevo director médico del Hospital de San Rafael, don Luis Carlos Dávila Ponce de León y Márquez, maestrante de la Real Maestranza de Caballería de Granada y director de banca jubilado, don Luis Carlos Dávila Ponce de León y Moreno, maestrante de la Real Maestranza de Caballería de Granada y director financiero, y don José Carlos Ruiz Cosano, médico pediatra y profesor de medicina de la Universidad de Granada.

Nueve Grados Menores recibieron sus investiduras, en este caso, ascendieron como “Decuriones”, recibiendo su Capa Negra, doña María del Mar Agudo Aponte, farmacéutica, y doña Isabel Fernández Chamorro, enfermera; y como “Escuderos”, que recibieron su Muceta con Escudo, los jóvenes Antonio Escobar Millán, Pablo Gálvez Hernández, María Isabel Morell Estévez, Manuel Estévez Díaz, Pilar Herrera Montilla coordinadora del Área de Voluntariado del Centro San Rafael, Lucía Vélez y Juan López López.

El día anterior, viernes 4, tuvo lugar la íntima y solemnísima ceremonia de Vela del Santo Sepulcro de San Juan de Dios, con Reflexión, Vela del Santo Sepulcro de San Juan de Dios y Adoración del Santísimo Sacramento. Acto preceptivo para los Postulantes-Aspirantes a las Investiduras del día siguiente.

El sábado 5 de noviembre de 2011, comenzó por la mañana con la Asamblea de la Asociación en la que se tomaron importantes acuerdos para el desarrollo y consecución de los fines y actividades de la misma. Por la tarde, en la Basílica se encontraban los familiares, representantes de diversas instituciones y corporaciones, y amigos de los nuevos miembros de la Orden. Entre los numerosos participantes estaban en lugares destacados los Caballeros y Damas Fundadores y miembros de la Junta Directiva, Carmen Maroto, presidenta de la Asociación, y su esposo Gonzalo Piédrola, José Maldonado, Valentín Pedrosa, Felipe Pascual, José Blas Serrano, Miguel Ángel León y Juan Luis Aguilera, que actuó como maestro de ceremonias.

También participaron más Damas y Caballeros, como, María Castellano, Federico Torres, Vicente Crespo, Antonio Arrieta, Salvador Díaz, Pedro José Maldonado, Francisco Rodríguez, Carlos Gracián, Juan Carlos Carrillo, Carlos Herrero, Francisco José Callejón, Federico Baeza, Juan M. Cívico, Manuel Gracián, Sheila María González, José Antonio Luque, Nicolás Roberto Robles y Antonio Alaminos, entre otros.

Y un numeroso grupo de jóvenes, Grados de Decuriones y Escuderos de la Orden, como, Víctor Carmona y Paloma Vázquez, que los coordinaban, Eduardo Agudo, Manuel Arrebola, Carlos Hernández, Rafael Martínez, Antonio Villanueva, Luis Miguel Yeguas, Esperanza Alaminos, Susana Herrero, Manuel Herrero, Pedro Dionisio Moreno, Ángel Oliveras, Alberto Pascual, Pablo Romero, Gerardo Matarán y Adrián Gorbanght, entre otros.

No pudieron asistir, lógicamente, la totalidad de los miembros de la Orden pues ya son cerca de doscientos sesenta personas, en Granada principalmente, pero también distribuidas por muchas ciudades españolas, Europa y América. Esta ha sido la ceremonia de investiduras número 15 desde que se constituyera la Asociación-Orden en octubre de 2005.

Entre los numerosos invitados se encontraban Jerónimo Mota y su esposa Cecilia Donate, Francisco Javier Martínez, Teresa Cabrera, Marta Frías, Susana Fernández, Esperanza Tenorio, María Ruiz, Fátima Ballesteros, y así hasta completar una larga lista de nombres.

Tras la solemne ceremonia se sirvió una cena cóctel en dos salones adyacentes a la Clínica de San Rafael de los Hermanos de San Juan de Dios, en la que se comentaron las numerosas nuevas obras que la Orden de San Juan de Dios está realizando para ampliar la asistencia a tantos ancianos, enfermos, niños con atenciones especializadas y personas necesitadas que acuden al comedor y a los servicios sociales; y de la cena solidaria de San Juan de Dios que se está preparando.

DEUS CHARITAS EST

Crónica de la Solemne Ceremonia de Investidura de Caballeros de 5 de noviembre de 2011

Solemne Ceremonia de Investidura de Caballeros, Escuderos y Decuriones de 5 de Noviembre de 2011

En la tarde del sábado 5 de Noviembre, a las 20:30 horas, en la Basílica de San Juan de Dios de Granada tuvo lugar el Solemne Acto de Investidura de Caballeros de la Orden del Santo Sepulcro y Basílica de San Juan de Dios y la Investidura de Escuderos y Decuriones.

Los Caballeros, Damas, Decuriones y Escuderos ya investidos se dividieron en dos grupos, cada uno de los cuales estaba integrado por aquellos miembros de la Asociación con número de carné par o impar. Cada grupo se organizó en fila por orden de antigüedad en la Institución. A continuación se agregaron a cada fila los Caballeros, Decuriones y Escuderos Postulantes, y las filas así conformadas se situaron respectivamente al pie de cada una de las dos puertas de salida de la Sacristía a la Basílica.
Se inició la procesión de entrada, precedida por la Cruz, los Ciriales, la Espada del Gran Maestre que es utilizada en el acto de investidura- y la Bandera de la Orden. Todos los Caballeros, Escuderos y Decuriones investidos iban cabeza cubierta con la capucha de sus respectivos indumentos. Cada grupo avanzó por el exterior de la nave central hasta las pilas de agua bendita, bordeó el último banco y después continuó el desfile con paso solemne por el interior de la nave central hasta que los integrantes del cortejo llegaron al final y tomaron asiento. Durante esta solemne procesión, se escuchó el himno de la Orden, “Deus Charitas Est”, como en otras ocasiones precedentes, en la versión ofrecida por el Coro de Cantores de la Basílica de San Juan de Dios grabada en disco compacto. Finalizada la procesión de entrada y llegados la Espada y la Cruz al altar cada uno ocupó su sitio.
Los miembros de la Orden ya investidos se colocaron en los primeros bancos de la iglesia, y en el Crucero de la Basílica, al pie de las gradas del Presbiterio, se situaron los Postulantes: Caballeros, Escuderos y Decuriones.

El Ilmo. Sr. Don Juan Luis Aguilera Castilla, Prefecto de los grados menores de la Orden y Magister Ceremoniarum, comenzó el acto con la presentación del Gran Maestre, el Excmo. Sr. Fray Juan José Hernández Torres. La presentación de los Postulantes fue realizada por el Vicecanciller de la Asociación, el Ilmo. Sr. Don José Maldonado Martínez.

El Gran Maestre comenzó indicándonos que los Caballeros que en este día recibirán la capa, muceta y venera se comprometen a velar por la Basílica de San Juan de Dios y sobre todo a salvaguardar el Santo Sepulcro que guarda los restos de San Juan de Dios, pues ya se ha encontrado en peligro en los siglos pasados: en el siglo XIX, en 1808, durante la Guerra de la Independencia, y en el siglo XX, con motivo de la Contienda Civil de 1936.

Prosiguió explicando que la Basílica es un monumento a la caridad, como el retablo mayor nos indica. Los Caballeros y Damas se comprometen a conservar este monumento, y -por lo tanto- a defender un valor estético concreto. Pero esto significa, simultáneamente, salvaguardar un valor ético, pues la Basílica es como un indicador que dirige nuestra mirada de lo estético a lo ético.
Y recalcó que de nada serviría a los Caballeros y Damas defender este monumento con su vida si al mismo tiempo no encarnan y defienden el valor ético de la caridad. De este modo, al defender un sólo valor, el Caballero se convierte en Educador de la Cultura, y por lo tanto, en un personaje contracultural, pues su modo de vida entra en contradicción con el predominio del absurdo como único valor social.

Fray Juan José Hernández expuso que vivimos en una sociedad donde cada vez priman menos los valores pero ciertamente esta decadencia va llegando a su fin. Habló del siglo XXI como el Siglo de la Espiritualidad, el Siglo del Espíritu. Continuó, exponiendo que la posmodernidad propone que todos los valores son iguales, todos dignos de respeto, lo que conduce en realidad a la propuesta de un único valor: lo absurdo; por ello, la posmodernidad ha dejado la sociedad sin valores. Y se está produciendo ya en el siglo XXI un cambio del pensamiento en la sociedad siguiendo la ley del péndulo. El siglo XXI no puede ser otra cosa que el resurgir del Espíritu.

Seguidamente, el Gran Maestre nos recordó el pasaje del Libro del Éxodo que cuenta la historia de Moisés y la Zarza que ardía sin consumirse. Cuando Moisés se acercó a contemplar aquel espectáculo maravilloso escuchó la voz de Dios ordenándole descalzarse y encomendándole la misión de liberar al pueblo de Israel de las manos opresoras de Faraón. Entonces mostró el paralelismo existente entre este texto y el espectáculo maravilloso que constituye la Basílica de San Juan de Dios para subrayar una vez más que de nada serviría este espléndido monumento si no nos llama a cada uno de nosotros a encarnar con nuestra vida el valor de la caridad.

Después de las palabras del Gran Maestre se presentaron a los principales miembros de la Junta Directiva de la Asociación que estaban allí presentes. Como Senescal, la Excma. Sra. Doña María del Carmen Maroto Vela; como Arcarius el Ilmo. Sr. Don José Blas Serrano García; como Vicesenescal el Ilmo. Sr. D. Valentín Pedrosa Rivas; como Vicecanciller el Ilmo. Sr. D. José Maldonado Martínez; como Mariscal, el Ilmo. Sr. D. Miguel Ángel León Casas; como Preceptor, el Ilmo. Sr. D. Felipe Pascual Torres.

Primero comenzó el acto de investidura de los Escuderos, de acuerdo con el protocolo establecido; fueron investidos:
Dom. Don Manuel Estévez Díaz, Licenciado en Ciencias de la Actividad Física del Deporte, acompañado de su padrino el Ilmo. Sr. D. Pedro José Maldonado Ortega.
Dom. Don Antonio Escobar Millán, Técnico Auxiliar Sanitario, acompañado de su padrino el Ilmo. Sr. D. Felipe Pascual Torres.
Dom. Doña Lucía Vélez González, Enfermera del Centro San Rafael de Granada, acompañada de su padrino el Ilmo. Sr. D. Juan Carlos Carrillo Santos.
Dom. Doña María Isabel Morell Vela, estudiante de farmacia, acompañada de su padrimo el Excmo. Sr. Fray Juan José Hernández Torres.
Dom. Don Pablo Gálvez Hernández, estudiante de Farmacia, acompañado de su padrino, el Ilmo. Sr. Don Gabriel Enrique Callejón Arriola.
Dom. Doña Pilar Herrera Montilla, Diplomada en Magisterio, Licenciada en Pedagogía y Coordinadora del Área de Voluntariado del Centro San Rafael de Granada, acompañada de su padrino, el Excmo. Sr. Fray Juan José Hernández Torres.
Dom. Carlos Juan López López, Traductor e Intérprete, acompañado de su padrino, el Ilmo. Sr. D. Pedro José Maldonado Ortega.
Posteriormente fueron investidos los Decuriones. El Prefecto interpeló a los postulantes si estaban dispuestos a ser Decuriones, profesar obediencia y aceptar el modo de vida de la Orden. Uno de los Decuriones postulantes leyó la profesión de fe en nombre de todos con la mano puesta sobre el Evangelio. Después de una pequeña oración, comenzó la investidura de los Decuriones mediante el rito del espaldarazo, donde se utiliza una espada que toca primero en el hombro derecho del Decurión arrodillado, luego en el hombro izquierdo y finalmente en la cabeza. Los Decuriones investidos fueron:

La Srta. Doña Isabel Fernández Chamorro, Diplomada en Enfermería, acompañada de su padrino, el Ilmo. Sr. Don Juan Carlos Carrillo Santos.

La Srta. María del Mar Agudo Aponte, Licenciada en Farmacia, acompañada de su padrino el Ilmo. Sr. D. Felipe Pascual Torres.

Finalizada la investidura de los grados menores de la orden, comenzó la investidura de los Caballeros. El Gran Maestre interpeló en general a los asistentes a poner alguna objeción a los aspirantes o guardar en adelante silencio. Ya que ninguno de los presentes opuso objeción alguna, se presentó a cada uno de los Caballeros leyendo sus respectivos currículos abreviados. Después de la Profesión de Fe, se realizó el ritual de Investidura y Espaldarazo, donde cada Caballero se postró de rodillas en un reclinatorio frente al Sagrario y manifestó su voluntad de ser nombrado Caballero del Santo Sepulcro y Basílica de San Juan de Dios. Aún de rodillas, se les impuso la Capa, la Muceta y la Venera de la Orden bendecida e, inmediatamente después, recibieron el espaldarazo con el Báculo de San Juan de Dios, recibiendo un golpe a la derecha y otro a la izquierda. Antes de levantarse cada Caballero besó la reliquia del Santo que está en el Báculo, recibió el Título que lo acredita como miembro de la Orden y volvió a su sitio.
En el momento de la Investidura cada Caballero estuvo acompañado por dos padrinos. Los Caballeros y Damas investidos junto con los nombres de sus padrinos fueron:

– Ilmo. Sr. Don Jesús López Morcillo, acompañado por sus padrinos, el Ilmo. Sr. Don José Maldonado Martínez, Caballero Fundador y el Ilmo. Sr. Don Felipe Pascual Torres.

– Ilmo. Sr. D. Carlos Jesús Ruiz Cosano, acompañado por sus padrinos el Ilmo. Sr. Don Federico Torres Casado y el Ilmo. Sr. Don Gonzalo Piédrola Angulo.

– Ilmo. Sr. Don Luis Carlos Dávila Ponce de León y Márquez, acompañado de sus padrinos, el Ilmo Sr. D. Carlos Gracián Alcaide y el Excmo. Sr. Gran Maestre y Caballero Fundador, Fray Juan José Hernández Torres.

– Ilmo. Sr. Don Luis Carlos Dávila Ponce de León Moreno, acompañado por sus padrinos el Ilmo. Sr. Don Carlos Gracián Alcaide y el Ilmo. Sr. Don Luis Carlos Dávila Ponce de León y Márquez.

Una vez terminada la Investidura se inició la procesión al Camarín donde se custodian los restos de San Juan de Dios. Llegados al Camarín y con las puertas del mismo abiertas, todos los Caballeros y Damas, situadas alrededor de la Urna con los restos del Santo, hicieron juramento ante las reliquias de San Juan de Dios. Iniciaron la procesión de vuelta mientras se escuchaba el Te Deum y todos los recién investidos volvieron a la Basílica, recibiendo, al pie de las gradas del presbiterio, el saludo litúrgico de los Caballeros que los habían apadrinado.

El Gran Maestre, con una bendición, concluyó la ceremonia.

Posteriormente, se tomó la ya tradicional fotografía de familia y tuvo lugar una animada copa de vino español a la que asistieron las personas recién investidas y sus familiares, así como los demás miembros de la Asociación.

Por Pedro José Maldonado Ortega. Yfo.
Caballero Cronista.

EN LA NOCHE DEL VIERNES 4 DE NOVIEMBRE, TRECE NUEVOS POSTULANTES-ASPIRANTES A CABALLEROS, DECURIONES Y ESCUDEROS DE LA ORDEN PARTICIPARON EN LA SOLEMNE VELA DEL SANTO SEPULCRO DE SAN JUAN DE DIOS, ACTO PRECEPTIVO PREVIO A LAS INVESTIDURAS DEL SÁBADO

En la Basílica de San Juan de Dios tuvo lugar en la noche del viernes 4 de noviembre de 2011 la Ceremonia de Vela del Santo Sepulcro de San Juan de Dios, solemne acto preceptivo para los Postulantes-Aspirantes a las Investiduras del día siguiente, sábado 5 de noviembre.
La Reflexión, Vela del Santo Sepulcro de San Juan de Dios y Adoración del Santísimo Sacramento fue presidida por Fray Juan José Hernández Torres, OH, Gran Maestre de la Orden y Rector de la Basílica.
Los trece nuevos Postulantes-Aspirantes de la Orden del Santo Sepulcro y Basílica de San Juan de Dios son:
Cuatro Caballeros don Jesús López Morcillo, don Luis Carlos Dávila Ponce de León y Márquez, don Luis Carlos Dávila Ponce de León y Moreno, y don José Carlos Ruiz Cosano.
Dos Decuriones por ascenso, doña María del Mar Agudo Aponte y doña Isabel Fernández Chamorro.
Y siete nuevos Escuderos, don Antonio Escobar Millán, don Pablo Gálvez Hernández, doña María Isabel Morell Estévez, don Manuel Estévez Díaz, doña Pilar Herrera Montilla, doña Lucía Vélez y don Juan López López.

DEUS CHARITAS EST

Crónica de la Solemne Ceremonia de Vela del Santo Sepulcro del día 4 de noviembre de 2011

Crónica de la ceremonia de Vela del Santo Sepulcro el día 4 de Noviembre de 2011.

Viernes, 4 Noviembre 2011, 21:00.-

Vela del Sepulcro de San Juan de Dios
En la noche del 4 de noviembre 2011 los Caballeros que iban a ser investidos, con sus capas pero sin mucetas, congregados junto a los Decuriones y Escuderos postulantes, en la sacristía de la Basílica de San Juan de Dios de Granada hicieron promesa de cumplir fielmente los estatutos de la asociación y guardar silencio en todo aquello que demandare el Gran Maestre. Los acompañaban un conjunto de Caballeros, además de un gran número de Decuriones y Escuderos.

Comenzó así la Solemne Vela del Santo Sepulcro de San Juan de Dios. Esta ceremonia es de carácter más íntimo que la Investidura, por lo que no pueden asistir invitados ni familiares; sólo asisten los postulantes de los distintos grados de la orden y aquellos miembros ya investidos que así lo deseen.
Se inició la entrada en la basílica precedida por la bandera de la Orden y la espada del Gran Maestre, seguida del resto de espadas, cruz, ciriales y Evangelios. Las armas eran portadas por los Decuriones de la Orden, como símbolo de protección del Sepulcro de San Juan de Dios.
Situados cada uno en su sitio en la Basílica comenzaron los ritos iniciáticos de la Vela, seguidos de una homilía que el Gran Maestre y también Rector de la Basílica de San Juan de Dios, dirigió a los allí presentes.
El Gran Maestre inició la homilía indicando el significado del acto de la Vela del Santo Sepulcro: la Vela del Santo Sepulcro es un momento íntimo donde los Caballeros que se van a investir toman conciencia de los fines de nuestra Orden y de la espiritualidad de San Juan De Dios.

Asimismo llamó la atención sobre lo que significa entrar a formar parte de esa Orden: pertenecer a una cultura en la que se defienden unos valores; los valores estéticos de la Basílica, del Camarín y del Sepulcro de San Juan de Dios.

Por eso, a la hora de formar parte de las filas de la Asociación, el Padre nos invitó a reflexionar sobre nuestros valores en el mundo en que vivimos: la característica primordial del mundo actual es la ausencia de valores pues todo es igual a su contrario; por tanto los Caballeros y Damas deben hacer una opción seria por los valores que se asientan en la Palabra de Dios. Cuando hacemos esa opción nos convertimos en educadores de la cultura desde nuestra propia cultura de institución. Y nos convertimos en educadores de valores porque “en un ambiente de confusión, nada se puede dar por seguro”, como decía Bertolt Brecht. Por eso, al profesar los valores de nuestra institución nos hacemos agentes contraculturales, es decir, agentes contra la cultura dominante en nuestro mundo, que es la ausencia de valores. Y cualquier persona que profese un valor en el mundo actual es contracultural. Esto será la base para afirmar un valor estético. Si no tenemos el coraje de ir contracorriente no podemos defender los valores estéticos, pues este valor estético que es la Basílica es un indicador de un valor ético.

Así, el Gran Maestre explicó el sentido estético del gran retablo barroco de la Basílica. En el retablo mayor, las dos estípites centrales forman con él una vela. Un símbolo de luz. En la base de la vela, el Santísimo Sacramento, el Amor. En el centro, en el centro del Camarín, los restos de San Juan de Dios, quien encarnó al Amor. En la llama, la Virgen Inmaculada, quien dio a luz al Amor.

Seguidamente el Padre Juan José nos pidió un sondeo de nuestra escala de valores. De esta forma, concluyó, “no se puede ser caballero si no se vive de valores, si no estamos dispuestos a defenderlos, a ser contraculturales”. Es entonces cuando seremos unos Caballeros defensores de una cultura de valores.

Nos invitó, pues, a la reflexión. A preguntarnos por los valores que rigen nuestra vida. A lo mejor nos hemos dejado llevar por la corriente social y hemos caido en la red de la cultura posmoderna, donde el único valor predominante es el absurdo. Salgamos de nuestro absurdo, en esta vía contracultural, para poder educar la cultura.

Así, dijo, podremos defender la Basílica de San Juan de Dios y ser dignos caballeros de San Juan de Dios.

Una vez terminada la homilía, el Gran Maestre tomó el juramento de silencio previo al acto de la Vela. De esta forma comenzó la procesión al Camarín donde Escuderos, Decuriones y Caballeros -cubierta la cabeza- iban precedidos por Cruz, ciriales y espadas.
En el Camarín -ante los restos de San Juan de Dios- el Gran Maestre procedió a la lectura de un fragmento de una carta del Padre de los Pobres, y comenzó el rito de la Vela e iniciación de los postulantes.
A continuación, Fray Juan José nos recordó que la salvaguarda del Santo Sepulcro es necesaria por si llegara el caso, ya que no sería la primera vez en la historia que los restos de San Juan de Dios han tenido que salir de la Basílica por diversas contiendas y altercados.

Un rato después, comenzó la bajada del Camarín de igual modo a como se había producido su subida y una vez en la Basílica, se celebró la Exposición del Santísimo, seguida de oración silenciosa y privada ante Jesús Sacramentado, mientras los miembros de la Orden estaban allí postrados.

Para finalizar Fray Juan José impartió la bendición a los allí presentes y terminó la ceremonia de Vela del Sepulcro de San Juan de Dios.

Los postulantes que asistieron a la Solemne Ceremonia de Vela del Santo Sepulcro fueron los siguientes:

Caballeros Numerarios
Don Jesús López Morcillo.
Don Luis Carlos Dávila Ponce de León y Márquez.
Don Luis Carlos Dávila Ponce de León Moreno.
Don Carlos Jesús Ruiz Cosano.

Grados Menores: Decuriones y Escuderos:

Decuriones
Doña María del Mar Agudo Aponte (De Ascenso).
Doña Isabel Fernández Chamorro (De Ascenso).

Escuderos
Dom Antonio Escobar Millán.
Dom Pablo Gálvez Hernández.
Dom María Isabel Morell Vela.
Dom Manuel Estévez Díaz.
Dom Pilar Herrera Montilla.
Dom Lucía Vélez González.
Dom Carlos Juan López López.

Por Pedro José Maldonado Ortega, Caballero Cronista. Yfo