Sigmunt Zimoswky, presidente del Consejo Pontificio para la Salud, ha presidido el 28 de septiembre la inauguración del Congreso de la Asociación de la Orden de San Juan de Dios para la Investigación, manifestando la compabilidad de Fe y Ciencia.
El Congreso, que se celebra en Brescia, al norte de Italia, reúnen a cerca de 300 agentes de las estructuras sanitarias asociados a la Orden Hospitaliaria de San Juan de Dios provenientes de Italia y diversos países de Europa, con el fin de reflexionar sobre el tema “Ciencia y Fe, Opción de Vida”.
Naturalmente – subrayó el prelado, según indicó Radio Vaticana – “en el transcurso del tiempo las relaciones entre ciencia y fe no siempre han sido muy armónicas”. Dijo que a pesar de ello, éstas son “hermanas”, en cuanto a que “tienen origen en el Padre Celeste, aunque están dotadas, cada una de su propia originalidad, de su propia misión y método”.
De otro lado, fe y ciencia pueden ser amigas porque la primera “si se entiende y se vive rectamente, no disuelve la sed de conocimiento del mundo, sino que la aumenta y lleva a mirar con ojos perennemente sedientos de luz las maravillas en las que muchas ciencias se comprometen a descubrir en el transcurso del tiempo”.
Y todavía, ciencia y fe “pueden y deben convertirse en aliadas” porque están “al servicio del hombre, de la verdad, de la vida, una con la otra”.
Aseguró también que ciencia y fe deben hacer entender que el éxito profesional no es sinónimo de que la persona sea “prisionera del propio egoísmo, sino aquella que cultiva el sentido de la propia dignidad, de la propia trascendencia”.
La ciencia y la fe están al servicio de la vida porque “están llamadas a anunciar y a cultivar el Evangelio de la vida y tutelar la grandeza y la preciosidad de la vida humana, rechazando cualquier amenaza y violencia en su contra, profesando el valor inviolable de cada persona, denunciando cada cultura de muerte”.
Por ello, el prelado insistió en que ciencia y fe son “ayuda una con la otra” porque la primera “invita al creyente a cultivar la inteligencia”, mientras que la segunda invita al científico “a no desalentarse por las fallas, a permanecer siempre a la medida del hombre, a mirar más allá, a Dios, esperanza que no se oculta”.
Dijo que todo esto encuentra su aplicación en el cuidado a los enfermos, porque ciencia y fe “solo unidas levantan al hombre” son como “dos binarios diversos e inconfundibles”, que llevan juntos “hacia el futuro del bien y de la solidaridad”.
Firma: Redacción.
Francisco Benítez-Aguilar (Adra)
DEUS CHARITAS EST.
00CityDesign2019CityDesign20192010-09-29 05:27:512019-05-06 07:32:31Sigmunt Zimoswky, presidente del Consejo Pontificio para la Salud, ha presidido el 28 de septiembre la inauguración del Congreso de la Asociación de la Orden de San Juan de Dios para la Investigación, manifestando la compabilidad de Fe y Ciencia
Por orden del Gran Maestre, el Preceptor procede a informar de la Próxima y Solemne Ceremonia de Investiduras de Caballeros, Damas y Grados Menores de la Orden.
Granada, 19 de Septiembre de 2010
Me complace comunicarles que estamos preparando el proceso de preparación para las Solemnes Investiduras de la Orden del Santo Sepulcro y Basílica de San Juan de Dios, segundas del año y cercanas a la Festividad del Arcángel San Rafael, como son preceptivas.
• La Solemne Vela del Santo Sepulcro será (Dm) la noche del viernes día 5 de Noviembre, a las 21,30 horas. Esta Solemne Ceremonia es preceptiva para los Caballeros, Damas y Grados Menores que se han de Investir al día siguiente. (Ceremonia privada: No asisten invitados, ni familiares) Deben asistir todos los Caballeros y Damas investidos. Se entrará por el Hospital San Rafael para acceder a la Sacristía de la Basílica de San Juan de Dios. (Traje oscuro, capa, muceta, venera y guantes blancos)
• Las Investiduras tendrán lugar (Dm) el sábado 6 de Noviembre a las 20.30 horas. Los Miembros de la Orden deberán estar media hora antes, es decir, a las 20,00 horas en la Sacristía de la Basílica, para poder comenzar la Solemne Ceremonia con puntualidad. (Traje oscuro, capa, muceta, venera y guantes blancos)
• Las Tarjetas de Invitación son imprescindibles para la entrada al acto, que se realizará por la puerta del jardín de la Basílica. Los invitados y familiares podrán entrar a la Basílica a partir de 20,00 horas. Se ruega puntualidad.
• La Orden organizará una invitación posterior, en el Hospital San Rafael. Estas Invitaciones también se pueden retirar en Secretaría. Confirmando la asistencia al Preceptor.
Felipe Pascual Torres, Yfo. PRECEPTOR preceptor.sjd@gmail.com
DEUS CHARITAS EST
00CityDesign2019CityDesign20192010-09-23 20:55:562019-05-06 07:32:31Próxima y Solemne Ceremonia de Investiduras de la Orden del Santo Sepulcro y Basílica de San Juan de Dios, el sábado 6 de Noviembre (Dm), segundas del año y cercanas a la Festividad del Arcángel San Rafael, como son preceptivas
El martes 21 de septiembre recordamos el día en que San Juan de Dios fue Beatificado en 1630.
Fiestas y Panegíricos en Madrid en Honor de San Juan de Dios con motivo de su Canonización el 15 de julio de 1691 Celebradas en Madrid, duraron diecinueve días, desde el 20 de mayo al 19 de junio de 1691, con la asistencia de la Familia Real y, en el primero de esos días del propio Monarca, Carlos II. Los cultos tuvieron lugar en el Convento Hospital de Nuestra Señora del Amor de Dios y Venerable Antón Martín. En la magna procesión, desde la calle de Atocha hasta la plaza Mayor, se adornaron todas las casas a uno y otro lado del recorrido con reposteros y telas en los balcones y se instalaron multitud de altares por parte de todas las iglesias y órdenes religiosas de la Corte, que se sumaron a la celebración. Todas sacaron sus imágenes más valiosas para mostrarlas en esos altares e incluso algunos fieles instalaron los suyos. Uno de éstos llegó a reproducir en madera de cedro, a escala, la ciudad de Sanlúcar de Barrameda, en infinidad de piezas de esa madera. La magna procesión contó con imágenes de santos venerados en todas las iglesias y conventos, sus cruces y estandartes, asistiendo los niños de los Colegios de la Doctrina y los Desamparados. Antes de la procesión, el Rey, Carlos II, junto a su esposa y la Reina Madre, salieron del recreo del Buen Retiro y recorrieron la calle de Atocha para detenerse en los altares hasta llegar a la Real Panadería, donde desde su gran plaza gozaron de la procesión. Clarines, trompetas, campanas anunciaron la llegada del Rey, y aunque el tiempo anunciaba que iba a inundar la tierra, no llovió por fortuna para toda la decoración del recorrido y para el esplendor de la fiesta
Francisco Benitez-Aguilar, desde Adra
DEUS CHARITAS EST *********************************************
Fuente: InfoCatólica, 19-9-2010
Beato John Henry Newman, ¡ruega por nosotros!
“Acogiendo el deseo de nuestro hermano Bernard Longley, Arzobispo de Birmingham, así como de otros muchos hermanos en el episcopado y de numerosos fieles, después de haber escuchado el parecer de la Congregación para las Causas de los Santos, con nuestra autoridad apostólica concedemos que el Venerable Siervo de Dios Cardenal John Henry Newman, sacerdote de la Congregación del Oratorio, de ahora en adelante sea llamado Beato y se pueda celebrar su fiesta en los lugares y según las reglas establecidas por el derecho, cada año, el 9 de octubre. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.”
(Fórmula de beatificación pronunciada por el Santo Padre Benedicto XVI)
***
Homilía del Papa Benedicto XVI en la Santa Misa de Beatificación del Cardenal John Henry Newman
Queridos hermanos y hermanas en Cristo
Nos encontramos aquí en Birmingham en un día realmente feliz. En primer lugar, porque es el día del Señor, el Domingo, el día en que el Señor Jesucristo resucitó de entre los muertos y cambió para siempre el curso de la historia humana, ofreciendo nueva vida y esperanza a todos los que viven en la oscuridad y en sombras de muerte. Es la razón por la que los cristianos de todo el mundo se reúnen en este día para alabar y dar gracias a Dios por las maravillas que ha hecho por nosotros. Este domingo en particular representa también un momento significativo en la vida de la nación británica, al ser el día elegido para conmemorar el setenta aniversario de la Batalla de Bretaña. Para mí, que estuve entre quienes vivieron y sufrieron los oscuros días del régimen nazi en Alemania, es profundamente conmovedor estar con vosotros en esta ocasión, y poder recordar a tantos conciudadanos vuestros que sacrificaron sus vidas, resistiendo con tesón a las fuerzas de esta ideología demoníaca. Pienso en particular en la vecina Coventry, que sufrió durísimos bombardeos, con numerosas víctimas en noviembre de 1940. Setenta años después recordamos con vergüenza y horror el espantoso precio de muerte y destrucción que la guerra trae consigo, y renovamos nuestra determinación de trabajar por la paz y la reconciliación, donde quiera que amenace un conflicto. Pero existe otra razón, más alegre, por la cual este día es especial para Gran Bretaña, para el centro de Inglaterra, para Birmingham. Éste es el día en que formalmente el Cardenal John Henry Newman ha sido elevado a los altares y declarado beato.
Agradezco al Arzobispo Bernard Longley su amable acogida al comenzar la Misa en esta mañana. Agradezco a cuantos habéis trabajado tan duramente durante tantos años en la promoción de la causa del Cardenal Newman, incluyendo a los Padres del Oratorio de Birminghan y a los miembros de la Familia Espiritual Das Werk. Y os saludo a todos los que habéis venido desde diversas partes de Gran Bretaña, Irlanda y otros puntos más lejanos; gracias por vuestra presencia en esta celebración, en la que alabamos y damos gloria a Dios por las virtudes heroicas de este santo inglés.
Inglaterra tiene un larga tradición de santos mártires, cuyo valiente testimonio ha sostenido e inspirado a la comunidad católica local durante siglos. Es justo y conveniente reconocer hoy la santidad de un confesor, un hijo de esta nación que, si bien no fue llamado a derramar la sangre por el Señor, jamás se cansó de dar un testimonio elocuente de Él a lo largo de una vida entregada al ministerio sacerdotal, y especialmente a predicar, enseñar y escribir. Es digno de formar parte de la larga hilera de santos y eruditos de estas islas, San Beda, Santa Hilda, San Aelred, el Beato Duns Scoto, por nombrar sólo a algunos. En el Beato John Newman, esta tradición de delicada erudición, profunda sabiduría humana y amor intenso por el Señor ha dado grandes frutos, como signo de la presencia constante del Espíritu Santo en el corazón del Pueblo de Dios, suscitando copiosos dones de santidad.
El lema del Cardenal Newman, cor ad cor loquitur, “el corazón habla al corazón”, nos da la perspectiva de su comprensión de la vida cristiana como una llamada a la santidad, experimentada como el deseo profundo del corazón humano de entrar en comunión íntima con el Corazón de Dios. Nos recuerda que la fidelidad a la oración nos va transformando gradualmente a semejanza de Dios. Como escribió en uno de sus muchos hermosos sermones, «el hábito de oración, la práctica de buscar a Dios y el mundo invisible en cada momento, en cada lugar, en cada emergencia –os digo que la oración tiene lo que se puede llamar un efecto natural en el alma, espiritualizándola y elevándola. Un hombre ya no es lo que era antes; gradualmente… se ve imbuido de una serie de ideas nuevas, y se ve impregnado de principios diferentes» (Sermones Parroquiales y Comunes, IV, 230-231). El Evangelio de hoy afirma que nadie puede servir a dos señores (cf. Lc 16,13), y el Beato John Henry, en sus enseñanzas sobre la oración, aclara cómo el fiel cristiano toma partido por servir a su único y verdadero Maestro, que pide sólo para sí nuestra devoción incondicional (cf. Mt 23,10). Newman nos ayuda a entender en qué consiste esto para nuestra vida cotidiana: nos dice que nuestro divino Maestro nos ha asignado una tarea específica a cada uno de nosotros, un “servicio concreto”, confiado de manera única a cada persona concreta: «Tengo mi misión», escribe, «soy un eslabón en una cadena, un vínculo de unión entre personas. No me ha creado para la nada. Haré el bien, haré su trabajo; seré un ángel de paz, un predicador de la verdad en el lugar que me es propio… si lo hago, me mantendré en sus mandamientos y le serviré a Él en mis quehaceres» (Meditación y Devoción, 301-2).
El servicio concreto al que fue llamado el Beato John Henry incluía la aplicación entusiasta de su inteligencia y su prolífica pluma a muchas de las más urgentes “cuestiones del día”. Sus intuiciones sobre la relación entre fe y razón, sobre el lugar vital de la religión revelada en la sociedad civilizada, y sobre la necesidad de un educación esmerada y amplia fueron de gran importancia, no sólo para la Inglaterra victoriana. Hoy también siguen inspirando e iluminando a muchos en todo el mundo. Me gustaría rendir especial homenaje a su visión de la educación, que ha hecho tanto por formar el ethos que es la fuerza motriz de las escuelas y facultades católicas actuales. Firmemente contrario a cualquier enfoque reductivo o utilitarista, buscó lograr unas condiciones educativas en las que se unificara el esfuerzo intelectual, la disciplina moral y el compromiso religioso. El proyecto de fundar una Universidad Católica en Irlanda le brindó la oportunidad de desarrollar sus ideas al respecto, y la colección de discursos que publicó con el título La Idea de una Universidad sostiene un ideal mediante el cual todos los que están inmersos en la formación académica pueden seguir aprendiendo. Más aún, qué mejor meta pueden fijarse los profesores de religión que la famosa llamada del Beato John Henry por unos laicos inteligentes y bien formados: «Quiero un laicado que no sea arrogante ni imprudente a la hora de hablar, ni alborotador, sino hombres que conozcan bien su religión, que profundicen en ella, que sepan bien dónde están, que sepan qué tienen y qué no tienen, que conozcan su credo a tal punto que puedan dar cuentas de él, que conozcan tan bien la historia que puedan defenderla» (La Posición Actual de los Católicos en Inglaterra, IX, 390). Hoy, cuando el autor de estas palabras ha sido elevado a los altares, pido para que, a través de su intercesión y ejemplo, todos los que trabajan en el campo de la enseñanza y de la catequesis se inspiren con mayor ardor en la visión tan clara que el nos dejó.
Aunque la extensa producción literaria sobre su vida y obras ha prestado comprensiblemente mayor atención al legado intelectual de John Henry Newman, en esta ocasión prefiero concluir con una breve reflexión sobre su vida sacerdotal, como pastor de almas. Su visión del ministerio pastoral bajo el prisma de la calidez y la humanidad está expresado de manera maravillosa en otro de sus famosos sermones: «Si vuestros sacerdotes fueran ángeles, hermanos míos, ellos no podrían compartir con vosotros el dolor, sintonizar con vosotros, no podrían haber tenido compasión de vosotros, sentir ternura por vosotros y ser indulgentes con vosotros, como nosotros podemos; ellos no podrían ser ni modelos ni guías, y no te habrían llevado de tu hombre viejo a la vida nueva, como ellos, que vienen de entre nosotros (“Hombres, no ángeles: los Sacerdotes del evangelio”, Discursos a las Congregaciones Mixtas, 3). Él vivió profundamente esta visión tan humana del ministerio sacerdotal en sus desvelos pastoral por el pueblo de Birmingham, durante los años dedicados al Oratorio que él mismo fundó, visitando a los enfermos y a los pobres, consolando al triste, o atendiendo a los encarcelados. No sorprende que a su muerte, tantos miles de personas se agolparan en las calles mientras su cuerpo era trasladado al lugar de su sepultura, a no más de media milla de aquí. Ciento veinte años después, una gran multitud se ha congregado de nuevo para celebrar el solemne reconocimiento eclesial de la excepcional santidad de este padre de almas tan amado. Qué mejor que expresar nuestra alegría de este momento que dirigiéndonos a nuestro Padre del cielo con sincera gratitud, rezando con las mismas palabras que el Beato John Henry Newman puso en labios del coro celestial de los ángeles:
“Sea alabado el Santísimo en el cielo,
sea alabado en el abismo;
en todas sus palabras el más maravilloso,
el más seguro en todos sus caminos”.
(El Sueño de Gerontius)
00CityDesign2019CityDesign20192010-09-19 18:56:342019-05-06 07:32:3121 de Septiembre día en que San Juan de Dios fue Beatificado; 19 de Septiembre Beatificación del Cardenal Newman por el Papa Benedicto XVI en Gran Bretaña
El miembro de la Orden, Don Francisco Benítez-Aguilar, nos envía desde Adra (Almería) las palabras del Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos pronunciadas la mañana del domingo 12 de septiembre de 2010, durante la Homilía de la Misa de Beatificación, en la Base Arérea de Armilla, del Fraile Capuchino fallecido en Granada Fray Leopoldo de Alpandeire, e igualmente las palabras del Arzobispo de Granada al finalizar la Solemne Ceremonia, en ambas se nombra a San Juan de Dios:
Excelencias Reverendísimas, Reverendos Padres Capuchinos, Reverendos Sacerdotes y Reverendas Religiosas, Autoridades civiles y militares, queridos hermanos,
1. La beatificación de Fray Leopoldo es hoy un acontecimiento de gran alegría y de júbilo inmenso para todos, de modo especial para la ciudad de Granada y para los beneméritos Padres Capuchinos, que tantos testimonios de santidad han dado a la Iglesia y al mundo. Fray Leopoldo, que desde el cielo se alegra al vernos aquí reunidos en oración, es otra piedra preciosa que embellece, con el esplendor de su existencia religiosa, la gloriosa Orden de los Capuchinos.
Un agradecimiento especial va dirigido a nuestro Santo Padre, Benedicto XVI, que con la carta Apostólica ha concedido el título de Beato a Fray Leopoldo de Alpandeire, exaltando su vida ejemplar de oración, de humildad y de su cercanía a los pobres y afligidos.
Como Moisés, también Fray Leopoldo, fue durante toda su vida un hombre de oración que suplicaba a Dios alejara los males de su pueblo y derramara sobre él sus bendiciones (Ex 32,7-14). Fray Leopoldo enseñó el camino de la justicia, según las palabras del salmista: “Enseñaré a los rebeldes tus caminos y los pecadores volverán a ti […]. Señor, ábreme los labios y mi boca proclamará tu alabanza” (Sal 51,14.17). Fray Leopoldo fue el padre bueno, que se alegra del arrepentimiento del hijo rebelde y organiza una fiesta cuando regresa a la casa paterna (Lc 15,1-32)-
La liturgia eucarística de hoy subraya así la figura espiritual del Beato Leopoldo. Pero, ¿quién era en realidad Fray Leopoldo? Hemos escuchado la lectura de algunos de sus rasgos biográficos, por lo demás bastante conocidos por todos vosotros.
Permitidme compartir con vosotros algunas impresiones mías sobre esta extraordinaria figura de Hermano Capuchino Limosnero, cuya existencia se desarrolló casi toda en esta ciudad.
2. Si Granada es conocida en todo el mundo por La Alhambra(el castillo rojo), para muchos devotos diseminados por el mundo, Granada es la ciudad de Fray Leopoldo, la ciudad afortunada que ha contemplado el espectáculo glorioso de la santidad del Beato Leopoldo. Por eso, Granada en el 2006 nombró al humilde hermaníco limosnero Hijo adoptivo de la Ciudad.
Sin embargo, cuatro siglos antes, otro gran héroe de la caridad, san Juan de Dios, había recorrido las calles de Granada, realizando milagros y construyendo grandes obras de acogida y de asistencia para los enfermos y los pobres de su tiempo. Como san Juan de Dios, también el Beato Leopoldo recorrió día tras día, durante cincuenta años, las calles de esta maravillosa ciudad, edificando al pueblo de Dios con su caridad y su bondad.
Fray Leopoldo quería santificarse imitando a otros grandes santos capuchinos, laicos y limosneros como él, como el romano san Félix de Cantalicio (1515-1587), el sardo san Ignacio de Láconi (1701-1781), el genovés san Francisco de Camporroso (1804-1866). Se cuenta que en la fiesta de san Félix de Cantalicio, hermano limosnero y primer santo capuchino, Fray Leopoldo preparaba las rosquillas que se bendecían en la misa conventual y luego se regalaban a los bienhechores.[1] Como para san Félix, analfabeto, pero lleno de sabiduría para las cosas espirituales, también para nuestro Beato su libro era Jesucristo Crucificado y las únicas letras que conocía eran seis, cinco rojas y una blanca: las cinco letras rojas eran las llagas del Crucificado, la letra blanca era la Bienaventurada Virgen María.
3. Caridad, humildad y devoción mariana son los rasgos distintivos de su santidad. Todos los testigos afirman que Fray Leopoldo tenía un corazón de oro. Desde su infancia se había mostrado generoso y caritativo. Era habitual en él compartir su merienda con otros pastorcillos más pobres. Un día distribuía a los pobres el dinero, ganado con tanta fatiga en los duros meses de la vendimia de Jerez. Al verlo, el hermano mayor lo reprochó y le quitó de un manotazo el monedero. No pudiendo ya repartir más dinero, el joven Francisco Tomás entregó sus botas al pobre siguiente con el que se encontró[2].
Su vida estuvo tejida de trabajo y de oración. De capuchino, trabajó como hortelano, portero, sacristán, limosnero y, si hacía falta, como enfermero para cuidar a los enfermos y a los ancianos del convento. Pero su verdadero apostolado fue el de limosnero de su convento. Como hermano limosnero, se cargaba con las alforjas a las espaldas, como Jesús con la cruz, y así caminaba pidiendo limosna. Se hacía pobre para mantener a sus hermanos..
Recibía de la gente buena la limosna material, devolviendo a cambio la caridad de su bondad, de su serenidad, de su consejo. Siguiendo el ejemplo de san Francisco, nunca fue un ladrón de limosnas. Pedía y recibía sólo por amor de Dios. Con frecuencia recibía insultos, apedreamientos y una vez estuvo a punto de que lo lincharan. Pero los niños y la gente sencilla lo acogían jubilosos, porque hablaba de la bondad de Jesús y les señalaba el camino del cielo.
Cierto día un grupo de segadores le grito: “Vagabundo, trabaja en lugar de ir por ahí dando vueltas. Ya nos podrías echar una mano”. Fray Leopoldo se acercó y se puso a trabajar con ellos, dejándolos atrás por su habilidad de campesino. Les dijo que había sido un campesino como ellos y que en el convento cuidaba de la huerta: “Hermanos, soy uno más como vosotros”. Esto le permitió que lo mirasen con respeto e, incluso, pudo enseñarles un poco de catecismo[3].
Una vez entró en un comercio de Plaza Bib-Rambla. Aquel día el dueño había vendido poco y no sólo no le dio la limosna, sino que lo insultó gravemente. El Siervo de Dios escuchó con paciencia y se alejó. Al día siguiente regresó y le dijo: “Hermano, recemos a la Santísima Virgen tres Ave Marías”. Aquel hombre, conmovido, las rezó y durante un poco de tiempo Fray Leopoldo pasaba por allí para rezar las tres Ave Marías.
Llegó el tiempo triste de la persecución religiosa (1930-1939), que quería acabar con la Iglesia. Conventos quemados, religiosos y monjas expulsados o asesinados. Sin un proceso legal fueron asesinados 13 obispos, más de cuatro mil sacerdotes y religiosos y cerca de trescientas religiosas. Según los historiadores, una hecatombe de estas magnitudes en el breve periodo de pocos meses, no se había conocido ni siquiera durante los tres siglos de las persecuciones romanas y ni en la misma revolución francesa. Los capuchinos españoles asesinados bárbaramente fueron un centenar. Fray Leopoldo sabía los riesgos que corría pidiendo limosna por las calles de Granada. Muchos le ahorraron porque los defendían los pobres, los cuales reconocían “es un pobre como nosotros”. Incluso los más acerbos anticlericales admiraban su mansedumbre, exclamando: “¡Si todos fueran como él!”.
Era caritativo incluso en los juicios sobre los demás excusando y justificando a todos. Decía la verdad, pero con caridad. Un día le preguntaron si consideraba santo a un compañero, que en modo alguno era ejemplar. Fray Leopoldo respondió: “Es santo a su manera”[4].
4. Su caridad venía acompañada de una extraordinaria humildad. Un día nuestro Beato entró en el Café Suizo y se acercó a una mesa. Recibió insultos y golpes. Cayó por tierra. Levantándose, dijo con humildad: “Me habéis golpeado y tirado al suelo; ahora, por favor, dadme la limosna por amor de Dios”[5].
Toda Granada pedía oraciones y consuelo a Fray Leopoldo. La gente piadosa le decían con frecuencia: “Fray Leopoldo, rece por mí, porque Usted es un santo”. Enseguida respondía: “Santo no, no soy un santo. Santo es el hábito que llevo”[6].
Era enemigo de las alabanzas y rechazaba la adulación. La gente no se le acercaba solamente por su caridad, por su fama de milagrero, por sus consejos llenos de sabiduría. Lo buscaba, sobre todo, por su humildad, lo veían como un verdadero amigo de Dios y del prójimo No manchó nunca su corazón con la soberbia. No se subió nunca al pedestal de la gloria. Jamás se jactó nunca de nada. En comunidad buscaba siempre retirarse al rincón más escondido. Cuando celebró los cincuenta años de profesión, el 16 de noviembre de 1950, un periódico de Granada escribió artículos llenos de estima y de alabanza. Fray Leopoldo sufrió mucho por ello: “Qué apuro, nos hacemos religiosos para servir al Señor en el retiro y ahora nos sacan hasta en los periódicos”[7]. No le gustaba ser fotografiado. Lo consentía sólo cuando se lo ordenaba el superior.
La humildad le permitía incluso corregir al prójimo, sobre todo a los que blasfemaban. Un día un trabajador, a penas lo vio, comenzó a blasfemar. Fray Leopoldo se acercó y le dijo: “Si quieres ofender al fraile, hazlo, pero no ofendas al Señor”. El hombre lo escuchó con mucho respeto y se avergonzó de lo que había hecho.[8] Otro día un lechero blasfemaba cerca del Convento de la Encarnación porque se le había derramado la leche de la cántara. Fray Leopoldo se acercó al pobrecillo y le dijo que el nombre de Dios había que invocarlo solamente para alabarlo. El lechero pidió disculpas diciendo que había perdido el jornal de aquel día. El Siervo de Dios lo socorrió con el dinero recibido de la caridad, recomendándole que alabara siempre el nombre del Señor[9].
5. Además del Crucifijo del Cristo del Perdón, tenía gran devoción a la Santísima Virgen con el rezo del Ave María. Las tres Ave María eran su Magnificat. Del corazón de nuestro Beato, esta oración se elevaba como una paloma hacia las blancas cumbres de Sierra Nevada hasta llegar al corazón de la Virgen María. Las tres Ave María tenían siempre la misión de cambiar el agua del dolor y de la tristeza en el vino del consuelo y de la alegría. Ante las miles de preguntas y peticiones de todo tipo, la respuesta de Fray Leopoldo no consistía en muchas palabras o en consideraciones especialmente elevadas, sino que era sencilla y concreta: querido hermano, querida hermana, reza con fe tres Ave Marías a la Divina Pastora. Fray Leopoldo tenía absoluta confianza en la eficacia de esta oración mariana. Cuando entraba en las casas saludaba siempre con el rezo de las tres Ave Marías. Dice un testigo: “Aquellas Ave Marías las rezaba con tanta piedad que me hacía pensar que valían más que los 365 rosarios que yo rezaba en un año”[10].
Un día, en contra de la opinión de los vecinos, entró en una casa de la Calle de la Cruz, donde vivía una mujer casada que llevaba una vida desordenada. Fray Leopoldo entró, visitó las habitaciones y sin saber quién era la mujer, le aconsejó que sirviera y amara mucho al Señor y a la Virgen María. En el momento de la despedida, la señora lo acompañó a la puerta, rogándole que volviera siempre que quisiera por su casa. Desde entonces, la señora cambió de vida. Cuando murió el Siervo de Dios, la mujer pasó toda la noche rezando, sin alejarse de allí. Decía: “Desde que entró el Siervo de Dios, en mi casa reina la paz y la serenidad”[11].
Un hermano, viendo que Fray Leopoldo tenía muchos rosarios ordenados encima de su mesa, le preguntó el por qué. Nuestro Beato respondió que los fieles, cuando compraban los rosarios, deseaban que un fraile los inaugurara rezando. Como en el convento él era el religioso más anciano, los hermanos le llenaban la mesa con todos aquellos rosarios. Fray Leopoldo estaba contento de poder rezar a la Virgen por las intenciones de aquellos piadosos devotos.
Se cuenta aún este hecho. Frente al convento de los capuchinos de Granada se encuentra el monumento más antiguo de España a la Inmaculada, el monumento del Triunfo. Fray Leopoldo un día escuchó que querían quitarlo de allí y llevarlo a otro lugar. Pero él temía que fuera éste el pretexto para dejar a Granada sin la protección de la Virgen. Por esto recurrió a todas las autoridades civiles y por último al alcalde de la ciudad, quien le aseguró que el traslado no se llevaría nunca a cabo. Fray Leopoldo que confiaba sobre todo en Dios y en la Virgen, al salir de su conversación con el alcalde empezó a rezar con gran fe las tres Ave Marías, seguro de que la Virgen habría oído favorablemente su deseo. Hoy, el monumento del Triunfo se encuentra todavía allí, con su bellísima fuente y con sus nuevos y floridos jardines.
6. La caridad de Fray Leopoldo venía acompañada de dones extraordinarios y de muchas otras virtudes. Mientras vivió se le atribuyeron varias curaciones e incluso algunas profecías que más tarde se verificaron. Una de éstas está relacionada con la familia Velasco que, durante la guerra civil, había decidido irse a Madrid, a casa de unos familiares, para huir de la persecución. La noche antes de su partida, con el permiso del guardián, Fray Leopoldo salió del convento y se dirigió hacia la casa de esta familia para aconsejarles de que se quedaran: “No os vayáis, aquí estaréis seguros”. Se quedaron. Después de un tiempo supieron con gran dolor que sus familiares en Madrid habían sido asesinados todos.[12]
Nuestro Beato rezaba mucho. A menudo se pasaba la noche entera, parte en pie y parte de rodillas, adorando al Santísimo Sacramento. A los hermanos más jóvenes les solía decir: “Hermanos, los ojos en el suelo y el corazón al cielo”[13].
Era alegre, sereno, afable, comprensivo, educado e ingenioso. La buena gente de Granada se le acercaba y con las tijeras, sin que él se diera cuenta, le cortaba un pedacito de la cuerda como reliquia. Al superior que se sorprendía por la continua petición de cuerdas nuevas, Fray Leopoldo le respondió: “Padre, no sé qué pasa con las cuerdas de hoy en día, al segundo lavado encogen”[14]. Fray Leopoldo era una reliquia viva.
Un fraile se preguntaba: “¿Por qué a ti? ¿Por qué todos buscan con gran afán tu sepulcro, tus reliquias y tus estampas? Tú no eres ni alto ni gallardo, no eres robusto ni arrogante, ni rico ni elocuente, ni culto… ¿Por qué?”. Y la respuesta a esta pregunta era: “Tu eres sencillamente un faro de Dios para los hombres”[15].
El Beato Leopoldo era un hombre de Dios, humilde, bueno y caritativo, como el padre misericordioso del hijo pródigo del Evangelio de hoy. La Iglesia, cuando habla de bondad no enseña una idea abstracta del bien, sino que ofrece ejemplos concretos de mujeres y de hombres buenos, en los que se puede contemplar el esplendor de la bondad. Fray Leopoldo era un hombre justo que, irradiando caridad y humildad, hacía posible una convivencia más humana en la Granada de su tiempo. Con su oración rogaba a Dios que visitara a su pueblo, atrayendo de esta manera la abundancia de las gracias celestiales.
Los santos son el valor añadido de nuestra civilización. Nuestro Beato es una señal luminosa de la protección divina sobre la humanidad necesitada de consuelo y de esperanza. Sin los santos una ciudad es como un cielo sin sol y una noche sin estrellas. Los santos oxigenan la atmósfera de nuestra tierra con el perfume de su caridad.
Como los artistas que trabajan el mármol, quitando lo superficial para que emerja la estatua, de igual manera los santos, como los artistas de la belleza de Dios, quitan de su propia humanidad lo que es superficial e inútil, para hacer surgir la esencia y la perfección misma de Dios. Fray Leopoldo era el artista de Dios. Manteniendo la mirada fija en la bondad y en la verdad de Dios, transfiguró su propia humanidad enriqueciéndola de belleza sobrenatural.
En este día de fiesta, rogamos al Beato limosnero, que continúe protegiendo la ciudad de Granada, sus habitantes y a todos los fieles que recurren a su intercesión. Pero sobre todo, imitemos de él la caridad y la bondad, perdonando, edificando y beneficiando a nuestro prójimo. Para los santos no hay buenos ni malos, ni ricos ni pobres, ni de derecha ni de izquierdas. Para ellos todos son hijos de Dios. Los santos no dividen, sino que unen, no juzgan sino que perdonan, no odian sino que aman. Se dice que el Señor había revestido a Granada de tanta belleza que incluso las estrellas del cielo se detienen para admirarla. Hoy las estrellas se han parado para admirar sobre todo la gloria de nuestro Bienaventurado Hermano Limosnero.
+ Angelo Amato, SDB Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos
****************************
Palabras del Arzobispo de Granada pronunciadas en la mañana del domingo 12 de septiembre de 2010, al finalizar la Misa de Beatificación, en la Base Arérea de Armilla, de Fray Leopoldo de Alpandeire:
Dios nos sorprende siempre. En realidad, Dios es siempre la fuente y a la vez, en el fondo, el objeto, de ese asombro que es acaso el primer gesto específicamente humano ante la vida y la realidad. En todo asombro, lo que nos sorprende es la creación de Dios, nos sorprende su elección, nos sorprenden sus obras, nos sorprende su amor sin límites y sin condiciones. Y si no estuviera en nosotros esa ceguera que es fruto del pecado, entonces la lógica misma de ese asombro nos haría vivir establemente en el gozo y en la acción de gracias a Dios, que es en realidad la actitud más racional y más plenamente humana que pueda darse. Es la actitud que la redención de Cristo nos ha vuelto a hacer posible. Es la actitud que marca la vida de un hijo de Dios, de un cristiano.
¡Esa acción de gracias a Dios es tan fácil esta mañana, cuándo se han cumplido los deseos y las súplicas de tantos fieles, que hemos deseado ardientemente ver inscrito a Fray Leopoldo en el número de los Beatos! Antes que nada, Excelencia, le reitero ahora la petición de que haga llegar al Santo Padre, Benedicto XVI, la gratitud por la Beatificación de Fray Leopoldo de Alpandeire, petición que en este momento vuelvo a expresar en nombre de la Iglesia de Granada, en nombre de la Orden Capuchina, y en nombre de tantos miles de sacerdotes, de religiosos y de fieles cristianos laicos devotos del nuevo Beato. Gratitud por la gracia de la Beatificación y gratitud por la gracia que es para todos su abnegado ministerio al servicio de todas las Iglesias. Igualmente agradezco a su Excelencia su presencia entre nosotros: como Delegado de Su Santidad, hace presente entre nosotros al Vicario de Cristo, vínculo para todos de la unidad en la verdad.
La Iglesia de Granada es rica en historia, y también en lo que hace única la historia de la Iglesia, que es la santidad. Aparte de los santos que muy pronto trajeron la fe a estas tierras, y algunos de los cuales sin duda derramaron su sangre por Cristo en los primeros siglos —la tradición recuerda a San Cecilio, primer obispo de Granada, y San Tesifonte, ambos contados entre los varones apostólicos—, está en el siglo quinto San Gregorio de Elvira, que defendió con sus escritos la fe católica frente a la herejía arriana. Y luego están los muchos que más tarde habrían de testimoniar a Cristo con su sangre durante la ocupación musulmana, entre los que se encuentran, reconocidos por la Iglesia, San Rogelio de Parapanda en el siglo nueve, y San Juan de Cetina y San Pedro de Dueñas en el siglo catorce.
Luego, tras la restauración de la Granada cristiana, Granada ha sido testigo de la entrega heroica de una serie de figuras egregias de santidad, reconocidas y queridas en la Iglesia Universal: San Juan de la Cruz, San Juan de Ávila y San Juan de Dios.
Granada se gloría, además, de tener el sepulcro de la sierva de Dios Isabel la Católica, y tiene introducidas varias otras causas de beatificación de siervos de Dios que han vivido en el siglo veinte. Junto a todos ellos, y ahora junto al nuevo Beato Fray Leopoldo de Alpandeire, soy testigo de que existe en esta diócesis un pueblo cristiano conmovedor, que abunda en testimonios de santidad, y que ama tanto o más que a su vida la tradición que ha recibido de sus padres. Esa tradición no es otra que Jesucristo vivo y resucitado, único redentor y única esperanza verdadera de los hombres, y presente en su cuerpo que es la Iglesia. Esa tradición es Jesucristo, y la vida que Jesucristo nos da: una vida que, cuando se vive con verdad, hace posible reconocer la dignidad sagrada de toda persona, de su razón y de su libertad, y hace del amor a todos la regla suprema de la convivencia humana. Todos nosotros, y todo el cuerpo de Cristo, se goza hoy con la inclusión de Fray Leopoldo en el número de los Beatos, precisamente porque en él brilla de una manera particularmente sencilla, y extraordinariamente elocuente precisamente por su sencillez, esa vida nueva que Cristo ha obtenido para todos.
Los hombres buscaban al Beato Fray Leopoldo, ha dicho Su Excelencia en la homilía, porque lo veían “como un verdadero amigo de Dios y del prójimo”. Así era en su vida, y así sigue siendo hoy. Los miles de personas reunidos aquí somos testimonio bastante expresivo de ello. Una amistad que abrazaba a Dios y al prójimo en un solo movimiento, o más exactamente, que, que al acoger sin reservas ese Amor sin límites que Dios es, hacía desbordar a raudales el amor de Dios para todo el que se acercase a él.
Y acaso esa sea la enseñanza más duradera, la más significativa de Fray Leopoldo para nuestro tiempo. Durante varios siglos ya, la cultura de Occidente ha hecho todo lo posible por separar a Dios de su creación. Hasta el punto que muchos han creído que para ensalzar la creación, la libertad, la vida, había que prescindir de Dios. Y otros, como decía el poeta francés Charles Péguy, “se creen que aman a Dios porque no aman a nadie”. Para todos, Dios era como un adversario de la plenitud y de la realización humana, de la razón y de la libertad. Así lo veía Nietzsche, así lo veía Sartre, así lo han visto y lo siguen viendo tantos otros hombres de mundo, directores de cine, literatos, más o menos intelectuales. Es así, sin duda, como nosotros mismos les hemos hecho pensar a muchos de ellos con nuestras actitudes. ¡Cuántos de los ataques a la Iglesia y de las dificultades que la Iglesia ha vivido en los últimos siglos —Fray Leopoldo vivió en medio de uno de lo periodos más virulentos de odio a la Iglesia que ha conocido nuestra historia— nacen de esa división! Como fruto de esa división, no sólo hemos perdido a Dios. Como no podía ser de otro modo, hemos perdido simultáneamente el gusto por la vida y por la libertad auténtica, el aprecio por las personas y las cosas, la capacidad de gozar con sencillez de la criaturas. El olvido de Dios ha producido a la vez el olvido del valor y de la dignidad de la vida, el olvido de la alegría de vivirla, casi podríamos decir, una incapacidad para disfrutarla que hace difícil muchas veces hasta el deseo de transmitirla. De esa enfermedad de nuestro mundo es de la que sólo los santos nos pueden curar. Ella es la que puede ayudarnos a superar la mirada, siempre bondadosa y firme, de Fray Leopoldo.
No quiero dejar de saludar también, y de agradecer la presencia, en este momento, de los dos Cardenales que nos acompañan, Sus Eminencias el Cardenal Carlos Amigo y el Cardenal Antonio Cañizares, mi antecesor en la Archidiócesis de Granada, y por tanto tan especialmente vinculado a ella por eso lazos de afecto tan profundos que crea el ministerio; a los arzobispos y obispos de Andalucía, y de otros lugares de España que, movidos por el amor a Fray Leopoldo, han querido unirse a esta celebración. Muy especialmente dirijo mi saludo afectuoso a tantos fieles de la diócesis de Málaga, y especialmente de Alpandeire, y a los familiares de Fray Leopoldo aquí presentes, todos ellos acompañados por su Obispo, Don Jesús Catalá, y por su Obispo Emérito, Don Antonio Dorado. Vosotros nos habéis dado a Fray Leopoldo, vuestro paisano, que ahora, una vez beatificado, es más de todos, pero precisamente por eso es también más vuestro que nunca.
Una gratitud muy especial se dirige a Orden Capuchina, representada por el Padre Ministro General y por tantos de sus miembros de todas las partes del mundo, así como a las otras ramas de la gran Familia Franciscana. La Orden ha sido ha sido ya durante siglos cuna y crisol para una muchedumbre de Santos, y pedimos al Señor que lo siga siendo en el futuro. Que la figura de Fray Leopoldo, tan cercana en el tiempo a nosotros, y su intercesión, sean un estímulo para un incremento de santidad y de vocaciones en ella, tanto en Granada como en otras partes. Especialmente quiero mencionar al Padre Vicepostulador, el Padre P. Alfonso Ramírez, cuya dedicación ha tenido una parte no pequeña en que la devoción popular hacia Fray Leopoldo sea reconocida por la Iglesia, y en que la memoria de su vida ejemplar no se pierda, y a la comunidad entera capuchina de Granada. También he de dar las gracias a la Iglesia entera de Granada, a sus laicos, consagrados, religiosos y sacerdotes, que desde hace tiempo, meses, llevan preparando con todo cariño, con una generosa dedicación, y con una comunión que es acaso el primer gran fruto de la beatificación de Fray Leopoldo, esta Eucaristía multitudinaria. También a la Comisión para la Beatificación, especialmente a su Presidente, D. Mateo Torres Gómez, y a todos los voluntarios, de muy diversos tipos, los de liturgia y los de orden, los de sanidad y de las demás comisiones, que habéis contribuido de un modo u otro a hacer posible que esta Beatificación se celebre con belleza y dignidad. A todos, también a los que he dejado sin nombrar, gracias, muchas gracias. El Señor os recompensará como sólo Él sabe hacerlo, y Fray Leopoldo también.
Por último, y como ya he dejado escrito en mi carta pastoral con motivo de la Beatificación, que no todos, sin embargo, tendrán la oportunidad de leer, quiero también dar las gracias de todo corazón a las administraciones públicas, que han colaborado tan eficazmente en la preparación de la beatificación, tanto del Gobierno Central, como de la Comunidad Autónoma de Andalucía, como de los Ayuntamientos de Granada, de Armilla, de Alhendín, de Churrriana de la Vega, de los Ogíjares, de Otura y de Las Gabias. Su generosidad grande es expresión del afecto a la figura de Fray Leopoldo más allá de las fronteras visibles de la Iglesia. Agradezco especialmente la presencia de representantes de otras instituciones del Estado, como el Parlamento español, y de la ciudad de Granada, como la Universidad, representada por su Rector Magnífico, D. Francisco Lodeiro.
Mi gratitud se dirige también a las fuerzas diversas de orden público: la Guardia Civil, la Policía Nacional, la Policía Local de Granada y de otras localidades cercanas, así como a la Cruz Roja y a Protección Civil. Sin su colaboración generosa y su profesionalidad, sencillamente la celebración de la Beatificación de Fray Leopoldo no habría sido posible. De forma muy destacada, quiero expresar mi gratitud al Ministerio de Defensa y a su titular, la Ministra Dña. Carmen Chacón Piqueras, que ha permitido que este acto, inevitablemente multitudinario, tenga lugar en la Base Aérea de Armilla, el único lugar de Granada en que hubieran podido reunirse los miles de personas de toda Andalucía y de otros lugares que previsiblemente había que acoger. Muy singularmente doy también las gracias al Arzobispo Castrense, D. Juan del Río Martín, que ha hecho en el Ministerio de Defensa las gestiones oportunas para que la celebración pudiera tener lugar en la Base Aérea; a los mandos de las Fuerzas Aéreas, y especialmente al Coronel de la Base de Armilla, D. Ángel Valcárcel Rodríguez, que ha trabajado desde el pasado mes de diciembre sin descanso y con una profesionalidad admirable, junto con todo el personal de la base, para que esta celebración, con toda su enorme complejidad, esté a punto en todos sus detalles, hasta los más pequeños. Con todos los mandos y con el personal de la Base, la Iglesia en Granada tiene, por todo el trabajo que ha supuesto este gesto, una deuda de gratitud muy grande y especial, que no deberemos nunca olvidar.
A todos los presentes, y a todos los que habéis colaborado en hacer posible esta hermosa Eucaristía, mi gratitud, en nombre de Dios y de Fray Leopoldo. Gracias, gracias, gracias.
+ Francisco Javier Martínez Fernández Arzobispo de Granada
DEUS CHARITAS EST
00CityDesign2019CityDesign20192010-09-14 06:25:402019-05-06 07:32:31Homilía del Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos de la Misa de Beatificación, en la Base Arérea de Armilla, del Fraile Capuchino fallecido en Granada Fray Leopoldo de Alpandeire, e igualmente las palabras del Arzobispo de Granada al finalizar la Solemne Ceremonia, en ambas intervenciones se nombró a San Juan de Dios
Direcciones electrónicas para ver la retransmisión de la Santa Misa y Rito de Beatificación de Fray Leopoldo de Alpandeire, religioso Capuchino, en TVE2 y la Galería de Fotografías del diario IDEAL (Vocdento), domingo 12 de septiembre de 2010 en la Base Aréra de Armilla (Granada).
(También lo ha retransmitido la TV Canal Sur 2, la TV Local Municipal TG7; y 200 periodistas de numerosos medios estaban acreditados para la ocasión)
San Juan de Dios fue nombrado varias veces durante la celebración por los Oficiantes.
Dirección electrónica para verlo en TVE2: http://www.rtve.es/alacarta/la2/abecedario/D.html#874464
Dirección electrónica para ver la Galería de Imágenes del diario IDEAL de Granada (Vocento): http://www.ideal.es/granada/multimedia/fotos/ultimos/62765-beatificacion-fray-leopoldo-0.html
DEUS CHARITAS EST
00CityDesign2019CityDesign20192010-09-12 22:12:152019-05-06 07:32:31SAN JUAN DE DIOS FUE NOMBRADO VARIAS VECES POR LOS OFICIANTES DURANTE EL RITO Y MISA DE BEATIFICACIÓN DE FRAY LEOPOLDO DE ALPANDEIRE EN LA BASE AÉRA DE ARMILLA EN GRANADA
Los Caballeros y Damas de San Juan de Dios en su visita al municipio de Adra
Diario IDEAL de Granada (Vocento), martes 27-7-2010, página 18 de la edición impresa.
Un nutrido grupo de Caballeros, Damas y Decuriones de la Orden del Santo Sepulcro y Basílica de San Juan de Dios acudieron a la almeriense localidad de Adra, atendiendo la invitación de la Hermandad de la Virgen del Carmen, con motivo de su festividad y del 440 Aniversario del Embarque en Adra de los Hermanos de San Juan de Dios, como enfermeros, para la Batalla de Lepanto.
Francisco Benítez, Pedro Maldonado, Juan Aguilera y Antonio Alaminos
DEUS CHARITAS EST
00CityDesign2019CityDesign20192010-07-27 17:08:442019-05-06 07:32:31FOTO Y RESEÑA EN EL DIARIO IDEAL DE GRANADA SOBRE LA VISITA AL MUNICIPIO ALMERIENSE DE ADRA DE LOS CABALLEROS, DAMAS Y DECURIONES DE SAN JUAN DE DIOS, 27-7-2010, PÁGINA 18
Sr. Director de IDEAL: Un nutrido grupo de miembros de la Orden del Santo Sepulcro y Basílica de San Juan de Dios acudieron desde Granada y diversos puntos de España a la almeriense localidad de Adra, atendiendo la invitación de la Hermandad de la Virgen del Carmen, con motivo de los actos del pasado día 16, festividad de la patrona de Adra y de las gentes del mar. La visita fue anunciada con grandes carteles por las calles de la ciudad. La recepción estuvo magníficamente organizada por Francisco Benítez, miembro de la Orden. La Hermandad de la Virgen del Carmen recibió protocolariamente a los Caballeros, Damas y Decuriones, que se revestieron para la ocasión. La Misa fue presidida por el Gran Maestre de la Orden, Fray Juan José Hernández, OH, acompañado por el Párroco, Manuel Herrerías. El Gran Maestre recordó la importancia de la efeméride que se estaba conmemorando, el “440 aniversario del embarque, en aguas del puerto de Adra, de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios en la flota comandada por Don Luis de Requesens, y de la que era Capitán General Don Juan de Austria, en labores humanitarias, como enfermeros, asistiendo a los heridos de guerra de la batalla naval de Lepanto”. Este embarque se produjo tras haber participado en la “Guerra de las Alpujarras”, en la que también habían curado y asistido a los mutilados y caídos en los aguerridos combates. Por este motivo el Emperador Felipe II llevó a los Hijos de San Juan de Dios al Virreinato de Nápoles, comenzando así la expansión internacional de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Asimismo, en su palabras incidió, “en el carácter de San Juan de Dios como ‘Icono de la Caridad’ y cómo los Hermanos Hospitalarios, con su asistencia a los pobres, a los enfermos y a los necesitados, hacen hoy en día presente el Amor de Dios en el Mundo”. Seguidamente, y para conmemorar ese momento, Fray Juan José Hernández, hizo entrega a los responsables de la Hermandad de la Virgen del Carmen de un lienzo que representa a San Juan de Dios cargando con un pobre enfermo y dio la bendición con el Báculo que porta la Reliquia del Santo. El Hermano Mayor de la Virgen del Carmen, Manuel Olivencia y el Vicehermano Mayor, Juan Fernández, impusieron al Gran Maestre la Medalla de la Hermandad como Miembro de Honor de la misma, entregándole también una Placa Conmemorativa; y recibiendo otro recuerdo de su visita a Adra, una réplica en miniatura de la milenaria “Torre de Fundición”, emblema del municipio, de manos de la Alcaldesa de la Ciudad, María del Carmen Crespo. La ciudad acompañó a su Patrona en el desfile procesional por las calles del municipio, junto a las autoridades de Adra, así como una representación de la Hermandad del Santo Escapulario de San Juan de Dios de Granada. La venerada imagen de la Virgen del Carmen fue subida a bordo de un barco por los miembros de su Hermandad. El báculo que portaba las Reliquias del Santo de la Caridad también fue embarcado y acompañó a la Patrona en la singladura. En mitad del recorrido de la procesión marítima, una ofrenda floral a los marineros caídos en el mar fue depositada por la Alcaldesa y por el Gran Maestre. Se hizo también otra ofrenda de manos del Gran Maestre y del Vicehermano Mayor a la imagen de mármol de la Virgen del Carmen que se encuentra sumergida en la dársena, mientras un magno castillo de fuegos artificiales fue disparado desde el puerto. Los participantes confraternizaron en una “Copa de Vino Español” ofrecida por los miembros de la Hermandad del Carmen a los miembros de la Orden de San Juan de Dios.
Pedro José Maldonado, Juan Luis Aguilera y Antonio Alaminos. Granada
00CityDesign2019CityDesign20192010-07-22 16:16:162019-05-06 07:32:31CABALLEROS Y DAMAS DE SAN JUAN DE DIOS EN ADRA, DIARIO IDEAL, edición de Granada, pág 27, jueves 22-7-2010
La orden de San Juan de Dios volvió a Adra y presidió la procesión de la Virgen del Carmen
Los hospitalarios visitaron la localidad y su gran maestre ofició la misa en honor a los pescadores
19.07.10 LAURA MONTALVO | ADRA.
Los actos religiosos celebrados en Adra con motivo de la festividad del Carmen tuvieron como protagonistas, además de a la virgen, patrona de los pescadores, a los hermanos y hermanas de la orden de San Juan de Dios, los caballeros Hospitalarios. La Hermandad abderitana de la virgen les invitó a presidir la misa y la procesión para conmemorar la incorporación de los enfermeros de San Juan de Dios a la flota que participó en la Guerra de las Alpujarras y ganó en la Batalla de Lepanto, entre 1569 y 1571. La invitación de la hermandad abderitana estuvo motivada por la conmemoración del 440 aniversario de la incorporación de los hermanos de San Juan de Dios en tareas humanitarias, como enfermeros, en la flota comandada por Luís de Requesens, de la que era Capitán General, Don Juan de Austria. Desde ese momento, acontecimiento que tuvo lugar en aguas abderitanas, según los estudios llevados a cabo por el periodista afincado en Adra Paco Benítez-Aguilar, en documentos de la Orden, la participación de la Orden de San Juan de Dios fue en aumento tanto en la Armada como en la creación de hospitales en toda España, Italia y América hispana.
Historia de una orden
El párroco de Adra, Manuel Herrerías, cedió su sitio en la eucaristía al Gran Maestre de la Orden De Caballeros y Damas del Santo Sepulcro y Basílica de San Juan de Dios, Fray Juan José Hernández, para que fuese él quien oficiase esta importante celebración y en la que durante el sermón explicó a los abderitanos la historia de su orden y su vinculación con Adra, así como habló de la importancia del amor al prójimo y de la figura de su patrón, enterrado en Granada. «Cuando estuvimos durante la guerra de las Alpujarras atendimos a muchos abderitanos heridos, porque esa es nuestra labor, atender a quien lo necesita», destacó. Asimismo la orden regaló al pueblo de Adra un cuadro de San Juan, que se quedará en la parroquia, y la hermandad de la virgen del Carmen entregó al gran maestre su medalla. Para finalizar, fray Juan José bendijo a los presentes con su báculo con la reliquia del Santo (un trozo del brazo), báculo que muchos abderitanos quisieron besar tras la celebración, para lo que hicieron cola en la sacristía.
Homenaje a los barcos
Los caballeros y damas, con capa blanca, y los decuriones, de negro, acompañaron a los abderitanos, ocupando un lugar de honor delante del trono de la virgen en su procesión terrestre y marinera, y participaron de los actos más emotivos: el recuerdo en la fuente del mar a los barcos hundidos como El Colorao, donde la alcaldesa, Carmen Crespo, depositó un ramo de flores, y el recuerdo para los barcos hundidos y la talla de la virgen que reposa en el mar durante la procesión marítima. Previamente asistieron a la interpretación del coro rociero en la Lonja. Hay que destacar que esta ha sido la primera vez, según un miembro de la orden, que los caballeros de San Juan salen a la calle con sus capas de gala, que guardan para sus actos en la basílica. La Hermandad de la virgen del Carmen considera «un hecho histórico» la presencia de los hospitalarios 440 años después en Adra, y quieren agradecer públicamente la colaboración de Paco Benítez para que esto haya sido una realidad. La alcaldesa abderitana comentó al gran maestre que este acto sería el principio de un hermanamiento de Adra con esta orden, y de hecho desde la hermandad de la virgen se va a preparar una peregrinación a la Basílica del Hospital de San Juan de Dios, en Granada, para devolver la visita a esta orden y seguir en contacto con ella, cuyos representantes quedaron encantados con el pueblo de Adra.
00CityDesign2019CityDesign20192010-07-22 16:09:342019-05-06 07:32:31IDEAL DE ALMERÍA LA ORDEN DE SAN JUAN DE DIOS VOLVIÓ A ADRA Y PRESIDIÓ LA PROCESIÓN DE LA VIRGEN DEL CARMEN; Laura Montalvo, Adra (Almería)
El dÃa 16 de julio de 2010, a las siete horas de la tarde, comenzaron en  la localidad almeriense de Adra, al sur de España, los festejos en honor de la Virgen del Carmen, la Patrona de Marineros y Pescadores.
Â
 Un nutrido grupo de Caballeros, Damas y Decuriones acudieron desde localidades de diversas regiones de España a Adra representando a la Orden de Caballeros y Damas del Santo Sepulcro de San Juan de Dios atendiendo la invitación de la Hermandad de la Virgen del Carmen. La visita estaba anunciada con grandes carteles por los balcones, escaparates y calles de Adra y la recepción estuvo magnÃficamente organizada por Dom. Francisco BenÃtez Yfo, Decurión de la Orden.
Â
          Â
La Hermandad de la Virgen del Carmen recibió a los integrantes de la expedición de San Juan de Dios a las puertas de la Iglesia Parroquial. Tras revestirse en la SacristÃa, los Caballeros, Damas y Decuriones iniciaron la procesión de entrada por la puerta principal del Templo.
   Presidida por nuestro Gran Maestre y, acompañado por el párroco, D. Manuel HerrerÃas MartÃnez, comenzó la Santa Misa.
âVinum non habent, quia fecitâ, dice la Virgen MarÃa a Jesús. Y aquà el predicador puso de relieve la necesidad de cambiar nuestro corazón de piedra en corazón de carne, parafraseando al profeta Ezequiel con el evangelista y comparando el vino con el amor. AsÃ, acentuó que la falta de vino es la falta de amor, y las tinajas vacÃas de vino/amor, nuestro corazón.
 Terminada la EucaristÃa, se impuso al Gran Maestre la Medalla de la Hermandad como Miembro de Honor de la misma, entregándosele una Placa Conmemorativa con el siguiente texto:
            Fue el dÃa grande de las fiestas de Adra. Centenares de personas acudieron a los actos festivos y religiosos. La ciudad acompañó a su Patrona en su desfile procesional por las principales calles del municipio en un caluroso ambiente de alegrÃa y emoción.
Â
 Hay que reseñar la presencia en el seno del cortejo de las principales autoridades civiles, militares y religiosas de la Ciudad de Adra, asà como una representación de la Hermandad del Santo Escapulario de San Juan de Dios de Granada.
Â
 En mitad del recorrido, una ofrenda floral a los marineros caÃdos en el mar fue depositada por la Alcaldesa de la localidad, y por el Gran Maestre de la Orden.Â
Los Hospitalarios protagonizarán las fiestas de la Virgen del Carmen La orden volverá a la localidad 440 años después, cuando estuvieron presentes en la Guerra de las Alpujarras y triunfaron en Lepanto 03.07.10 – LAURA MONTALVO | ADRA. / IDEAL- Almería, Poniente La Hermandad de la Virgen del Carmen de Adra ha invitado a la orden de San Juan de Dios, caballeros Hospitalarios, a participar en las actividades que se han organizado con motivo de las fiestas que se celebrarán en la segunda mitad de julio. La orden ha aceptado la invitación y en su web ya anuncian que los caballeros y mamas participantes, que acompañarán a Juan José Hernández Torres, O.H, Gran Maestre, irán con el uniforme a Adra, «población en la que se embarcaron los Hermanos de San Juan de Dios para ir a la Batalla de Lepanto como enfermeros, haciendo honor a su carisma hospitalario». Hernández, oficiará la misa del día de la virgen y participará en la procesión marítimo terrestre que reúne a miles de personas en las calles y el puerto de Adra, en el que se embarca la venerada imagen de la patrona de los marineros y pescadores. El vicehermano mayor de la Hermandad del Carmen, Juan Fernández, ha explicado a este diario que la invitación está motivada por la conmemoración del 440 aniversario de la incorporación de los hermanos de San Juan de Dios a tareas humanitarias, como enfermeros, en la flota comandada por Luis de Requesens, de la que era Capitán General, Don Juan de Austria. Desde ese momento, acontecimiento que tuvo lugar en aguas abderitanas, la participación de la Orden de San Juan de Dios fue en aumento tanto en la Armada como en la creación de hospitales en toda España, Italia y América hispana. Fernández asegura que en la hermandad abderitana «estamos muy emocionados con este acto, sería histórico para nosotros, y tenemos que dar las gracias al promotor de esta idea, Paco Benítez. Será un acto muy grande y emotivo» y la Hermandad de la virgen del Carmen entregará al Gran Maestre la medalla como miembro de honor de este colectivo religioso. Paco Benítez ha explicado que el afecto de San Juan de Dios hacia los benefactores de su obra, los duques de Sessa, el Marqués de Mondéjar y Luis de Requessens propició un hecho histórico para la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, cuyo origen se remonta al siglo XVI, está presente en 51 países de los cinco continentes, y nació en la vecina provincia de Granada. Adra rendirá tributo así a los Hospitalarios, cediéndoles el protagonismo en las fiestas del Carmen, ya que asistirán con su traje y capa de gala a la misa y a la procesión y se embarcarán así como participarán en los actos que tradicionalmente organiza la Hermandad para rendir homenaje a los marineros y a su patrona.
00CityDesign2019CityDesign20192010-07-04 01:59:552019-05-06 08:00:05Los Hospitalarios protagonizarán las fiestas de la Virgen del Carmen / 03.07.10 - Laura Montalvo / Adra / IDEAL- Almería, Poniente