CAPITULO X
CONSEJOS DEL P. JUAN DE ÁVILA
Juan de Ávila aceptó de buena gana a Juan de Dios como hijo espiritual, viendo las buenas intenciones que tenía, cómo se había arrepentido de sus pecados y daba gracias al Señor por él.
La misión del P. Ávila consistirá en asistir a la acción que Dios está realizando en este hombre y alentarle a seguir por ese camino que Dios le está trazando, probablemente no está muy de acuerdo en la forma externa en que Juan lo está realizando, pero el maestro de espíritus sabe que la virtud está en la humillación interior que, aquel hombre que tiene delante, no sabe de medias tintas ni de que se puede humillar sin necesidad de hacerlo tan público y a la manera que lo viene haciendo, pero como su labor es secundar la acción de Dios, según la manera de ser de cada persona, se limita a observar tendiéndole una mano de apoyo, que ya se iría depurando su espíritu con el tiempo si realmente estaba decidido a emprender el camino de Dios.

