CAPITULO XXVI

DAR AQUÍ O DAR ALLÁ, TODO ES DAR (1547-1548)

Las limosnas de Granada escasean, ha sableado y estrujado a todas las familias pudientes. Es necesario salir de la ciudad en busca de otra gente generosa que le ayude en su ingente obra de caridad. El hospital come mucho y, aunque Jesucristo lo prevea todo, es necesario poner los medios para no ponerlo en un aprieto. Como dice Castro: por dejarlos descansar algunos días.

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CAPITULO XXV

EL HOSPITAL DE GOMELES (1547)

El hospital de Lucena es insuficiente. Era tanta la gente que acudía a la fama de Juan de Dios y a su mucha caridad, que no cabían en la casa que tenía y así acordaron gentes principales y devotas de la ciudad, de comprarle una casa que fuese capaz para todos. Y así la compraron en la calle de los Gomeles; la cual había sido un monasterio de monjas.

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CAPITULO XXIV

EL HERMANO JUAN DE DIOS. (1546-1547)

Hasta ahora hemos venido llamando a nuestro personaje Juan, Juan Ciudad, Juan de Dios. El suceso ocurrió para ratificar para siempre el nombre de Juan de Dios. El sentir popular ya le llamaba así, era lógico, una persona que continuamente tenía el nombre de Dios en su boca y que todo lo hacía por Dios y además llamándose Juan, que la gente le llamara Juan el de Dios o Juan de Dios. Era un apodo popular.

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CAPITULO XXII

LO QUE CASTRO NO CONTÓ (1546) DOS TRUANES Y UN SANTO.

Antón Martín, tiene buena fama en Granada, es un chulo de burdel, oriundo de Mira, un pueblo de Cuenca. Cuando tuve la oportunidad de ir a predicar a este pueblo, alrededor del año 1988, pude comprobar que allí también era famoso pero ya por su santidad; hablaban de él con verdadero orgullo y no es para menos; fue el que continuó la obra de San Juan de Dios, el que se encargó del hospital, recibió de manos de nuestro fundador el testamento de las deudas y de los pobres, fue el fundador del antiguo Hospital de Madrid de la Plaza de Amor de Dios, donde está la estación de metro que lleva su nombre: Antón Martín.

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CAPITULO XXIII

LA PACIENCIA TODO LO ALCANZA

Como dijera la Santa andariega, “quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta.” Lo dijo de otra manera nuestro santo: “Todo ha de ser por Dios sufrido”.

Y pruebas de paciencia dio en sus muchos trabajos, no quejándose por nada, sabiendo que todo le venía de Dios y haciéndolo todo por Él, que le había amado antes. Su única gloria estaba en la Cruz de Jesucristo estando dispuesto a cualquier cosa con tal de no defraudar al que había puesto por él el amor al más alto precio: La Cruz.

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CAPITULO XXI

LA CARIDAD DE JUAN DE DIOS

Castro nos cuenta en el libro de su vida, el cual vamos siguiendo, una serie de hechos escuetos, dice él que por razón de brevedad “Y de estas obras se podían referir muchas que por razón de brevedad se dejan. Sólo diré que quien entrara en su hospital, bien manifiestamente viera la gran caridad de este hombre”.

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CAPITULO XX

UN JUEGO DE NAIPES, UNA BURLA, UNA LIMOSNA.

Estando en Granada el Marqués de Tarifa, D. Pedro Enríquez, disfrutando de la tarde granadina con sus amigos, en una partida de cartas, llama a la puerta Juan de Dios para pedir limosna.

El criado abre sabiendo que su señor juega a las cartas y anuncia la visita y el motivo: Juan de Dios ha venido a pedir limosna. La situación es embarazosa; unos nobles se juegan el dinero y el limosnero viene a pedírselo; miradas, alguna frase molesta, tal vez despectiva para el que espera en el portal, pero como dice el Señor en el Evangelio: ya sea por inoportuno o para que no moleste más… los jugadores conocían a Juan de Dios, el Marqués no. Cogieron de la mesa veinticinco ducados y los entregaron al criado para que los diera al limosnero que se despidió agradecido.

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CAPITULO XIX

LA PASIÓN POR EL HOMBRE CURA EL PECADO

La vivencia teologal del misterio de la Cruz, abarca todos los campos de la vida teologal y de la santidad, y las varias formas de su vivencia no son más que ramificaciones. Se vive en la comunión con Dios, en el trabajo por anunciar el Reino de Dios, en la existencia humana que caracteriza la vida de gracia.

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CAPITULO XVIII

EL PRECIO DEL PECADO, LA BENDITA PASIÓN

La muerte de Jesús, su pasión, siempre se ha interpretado en la Iglesia, desde los tiempos más tempranos, como salvadora y expiatoria, “por nosotros y por muchos”. Vista a la luz del “canto del siervo”, “no tenía atractivo ni belleza…, despreciado y abandonado de los hombres, varón de dolores… Mas ciertamente, llevó nuestra enfermedad y cargó con nuestros dolores… Fue traspasado por nuestros pecados, molido por nuestras maldades, cargó el castigo sobre Él para nuestra paz, habiendo sido nosotros curados por sus heridas… ofreció su vida como sacrificio por el pecado; verá descendencia que vivirá largamente. Leer más

CAPITULO XVII

UNA CAPACHA Y DOS OLLAS ATADAS A UN CORDEL. “LA BENDITA LIMOSNA”

Dejen que les cuente una anécdota personal que no tiene que ver estrictamente con la vida del Santo: Tengo en mi despacho una pequeña caja roja, a la que le tengo verdadero respeto. En ella deposito las limosnas que me da la gente y que utilizo para pagarle a los pobres la luz, el agua, el alquiler de la casa e incluso la matrícula de algún curso o el desplazamiento de quien lo necesita y no tiene. Pues bien, me da miedo sacar dinero de ella para dar alguna de estas limosnas y, ¿saben por qué? porque cuando doy limosna, no han pasado veinticuatro horas en las que alguien me trae justo, el doble de lo que he dado.

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