CAPITULO XXVIII
SE DESVENCIJÓ (1550)
Eran tantos los trabajos en los que Juan de Dios se ocupaba para dar remedio a las necesidades de todos, y tantos fríos en salidas a pedir limosnas y socorrer a los pobres de la ciudad, que “se desvencijó”.
Una enfermedad de cansancio, poco dormir y mucho trabajar, pasando hambre y frío, sin descanso alguno; en la que sufría grandes dolores sin darlos a conocer, para no causar pena a sus pobres y a quienes ayudaba, pero estaba flaco, debilitado y sin fuerzas. Su cuerpo estaba acabado pero su amor al prójimo estaba en su máximo esplendor.
